BLOQUE 2
La primera versión intermedia apareció dos días después.
No era una genealogía formal.
Formaba parte de un expediente de rentas y se limitaba a describir ciertos parentescos necesarios para administrar obligaciones económicas. Precisamente por eso nunca había sido catalogada como árbol familiar.
La fecha era fundamental.
Posterior a la muerte de Fernando.
Anterior a la gran genealogía vinculada con la continuidad de Diego.
Fernando todavía figuraba allí.
Pero ya no de la misma manera.
Adrián leyó la frase:
“Fernando de Valderrama, difunto, de cuya línea quedaron menores.”
No nombraba a Inés.
Tampoco identificaba a Alfonso ni a Beatriz.
Pero reconocía que existía descendencia.
Cuando Clara llegó, Adrián le entregó la reproducción.
—Esto es mejor que otra ausencia.
Clara leyó.
—“De cuya línea quedaron menores.”
—Sí.
—Entonces todavía sabían que Fernando había dejado hijos.
—Exactamente.
La reducción no parecía haberse producido de una vez.
En la fuente temprana aparecían Fernando, Inés, Alfonso y Beatriz.
En aquella relación posterior, Fernando seguía presente, aunque su descendencia había quedado convertida en una referencia genérica.
La siguiente etapa podía consistir en una genealogía donde Fernando apareciera ya sin hijos individualizados.
Y después podía llegar la desaparición completa.
No era un salto.
Era un proceso.
Adrián evitó presentarlo como prueba de intención.
Las genealogías podían responder a finalidades distintas. Un documento destinado a administrar un patronato no tenía por qué reproducir con el mismo detalle una rama sin funciones dentro de esa institución. Una relación breve podía reducir información sin intentar negar su existencia.
Por eso necesitaban fuentes producidas fuera de aquella lógica.
Testamentos.
Protocolos notariales.
Pleitos.
Inventarios.
Documentos donde las personas aparecieran porque realizaban actos concretos y no porque alguien estuviera construyendo una representación familiar.
Clara preguntó por Alfonso.
Había pagos a su tutor durante la minoría.
Más tarde aparecía una reclamación de rentas presentada a su nombre.
Alfonso, por tanto, había alcanzado la edad adulta.
Además, otras referencias permitían saber que tuvo una hija llamada Leonor.
La rama continuaba.
Esa continuidad volvía más significativa su desaparición posterior.
La contradicción dejaba de existir únicamente entre la piedra y los documentos.
Empezaba a surgir dentro de los propios archivos.
Una rama activa en actos patrimoniales.
Una genealogía posterior donde esa misma línea se volvía prescindible.
Elena Salcedo apareció aquella tarde con un sobre.
—Vengo por otra cosa.
Clara la miró.
—Eso nunca anuncia nada tranquilo.
Elena dejó las hojas sobre la mesa.
Los técnicos habían recuperado más información del portátil de Pablo Mena.
Entre los restos de sus archivos aparecía una carpeta titulada:
“Versiones familia.”
Pablo había comparado genealogías mucho antes de morir.
Había cuatro referencias principales.
Adrián reconoció la fuente temprana y la gran genealogía posterior.
Las otras dos le resultaban desconocidas.
Una se encontraba en Burgos.
La otra correspondía a un archivo privado digitalizado solo parcialmente.
La Colección Velasco.
Clara miró a Adrián.
Él siguió leyendo.
Debajo de una captura Pablo había escrito:
“No falta solo F. Falta toda la descendencia.”
En otra nota aparecía:
“Comparar versión de casa con protocolo notarial.”
Adrián volvió sobre la frase.
—¿Qué protocolo?
Elena no tenía todavía una signatura completa.
Pero Pablo había entendido el mismo problema.
Una genealogía podía ofrecer una representación familiar.
Un protocolo notarial registraba actos jurídicos concretos.
Si ambas fuentes describían de manera distinta la misma sucesión, en algún punto la transmisión documental había cambiado.
—¿Llorca pudo ver estas notas? —preguntó Adrián.
—Es posible que parte estuviera en la carpeta gris.
—¿Velasco?
—No lo sabemos.
La precisión seguía siendo necesaria.
La colección de Velasco conservaba una de las versiones, pero la copia utilizada por Pablo procedía de un respaldo antiguo, no de una entrega reciente.
Elena ya había solicitado acceso a la reproducción completa.
Julián Velasco afirmaba que colaboraría.
Pablo había dejado otra frase:
“La desaparición empieza antes de la genealogía final.”
Eso significaba que él también había localizado una etapa intermedia.
Y que había comprendido la reducción como un proceso.
Elena preguntó si esa progresión demostraba intención.
Adrián negó.
Una decisión podía concentrarse en una primera copia.
Después otras personas podían reproducirla sin conocer el motivo.
Una selección consciente, repetida durante generaciones, podía acabar convirtiéndose en tradición.
Elena asintió.
—Como una información equivocada que termina pareciendo segura porque nadie vuelve a la fuente.
—Exactamente.
Ahí estaba el objetivo.
Encontrar la primera reducción.
Y, si los documentos lo permitían, establecer quién la había producido y para qué.