EL CUERPO
Marta mantiene la mirada fija en el cadáver de Carlos en el armario.
—Tengo miedo.
Daniel habla desde el umbral de la habitación, sin atreverse a entrar.
El rostro de Marta se transfigura: de un rictus de dolor y sorpresa a una sonrisa.
—No te preocupes —le susurra con cariño mientras le tiende la mano—. Yo te protegeré.
Los dos recorren el pasillo cogidos de la mano. El niño se deja llevar. Marta no pierde la sonrisa.