El niño tras la puerta LA LLAMADA
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LA LLAMADA

Parece que el momento se congela. Marta observa la puerta entreabierta. Durante unos segundos no sucede nada. Luego una mano de niño asoma por la abertura. Solo la mano, con un objeto.

—Aquí tienes tu regalo —le habla desde detrás de la puerta, sin querer entrar: no desea asustarla.

En la mano del niño se encuentra el cargador del móvil que lleva buscando toda la noche.

—Ven, cógelo.

Pero ella continúa en su sitio, sin moverse. Daniel insiste, siempre detrás de la puerta.

—Toma, es el cargador que buscabas… Cógelo.

Marta se levanta, muy poco a poco, y avanza cautelosamente, a la espera del siguiente movimiento de Daniel. Está a solo unos centímetros de su mano, pero no se atreve a cogerlo. Daniel sigue ofreciendo su regalo.

—Toma.

Marta duda. Contiene la respiración y evita hacer cualquier ruido.

La mano extendida de Daniel sostiene el cargador ante sus ojos.

Está tan cerca y puede ser suyo. Marta lanza el brazo y le arrebata el cargador al niño, mientras retrocede al instante, esperando que, ahora sí, la puerta se abra y reciba un castigo.

Pero eso no parece que vaya a pasar de momento.

Daniel sigue hablando desde detrás de la puerta.

—Tu teléfono está sobre el sofá. Me apartaré para que lo cojas también.

Durante un momento no se escucha nada más. Luego, la puerta del baño se abre sola. No hay nadie. Ni rastro del niño. Marta, con cierta cautela, camina hacia el pasillo. Asoma la cabeza. Desde esa posición ve su teléfono en el lugar donde le ha dicho Daniel: sobre el sofá. Empieza a correr.

Llega hasta el sofá, saltando el cadáver de Félix, que se encuentra tirado en el suelo del pasillo.

Coge el teléfono y lo conecta con el cargador.

Luego, enchufa el cargador a la red eléctrica.

De rodillas, con ansiedad, pulsa el botón para encenderlo.

El teléfono le requiere un código, pero se halla tan nerviosa que no atina con él.

Por fin, a la tercera logra teclear el código correcto y encender el móvil.

Un tono de bienvenida del teléfono coincide con la voz de Daniel. Está pegado a ella, hablándole al oído.

—Si llamas a Carlos no habrá vuelta atrás…

Marta se levanta con un grito, alejándose para poner la mayor distancia posible entre Daniel y ella, pero el cable del cargador se lo impide. ¿Cómo ha podido acercarse sin que ella se diera cuenta? Empieza a rezar, implorando ayuda al Cielo.

—Padre nuestro que estás en los cielos…

Al mismo tiempo que reza, Marta busca en su agenda telefónica el nombre de Carlos.

—Haces bien en rezar —le dice Daniel, que la observa con lástima.

Marta pulsa en la agenda del teléfono el nombre de Carlos.

Quiere que venga, que la ayude, que la salve de este tormento.

Él seguro que puede explicar lo que ha pasado.

Necesita estar en sus brazos, decirle lo tonta que ha sido y lo mucho que le echa de menos y que…

Suena un teléfono en la casa. Marta se extraña.

¿Quién ha dejado un teléfono en su casa?

—Lo siento mucho —le dice Daniel mientras retrocede un poco para darle espacio.

Sorprendida, Marta camina por el salón, siguiendo el tono de la llamada para encontrar su origen mientras mantiene la distancia con Daniel.

El teléfono no está ahí, se escucha a través del pasillo.

Marta se encamina hacia allí mientras comprueba que está llamando a Carlos.

No puede ser. ¿Se lo ha dejado olvidado en casa? ¿No va a poder venir a rescatarla?

El pasillo le parece eterno mientras lo recorre.

El móvil de Carlos cada vez suena más fuerte: está cerca.

Marta llega a la puerta de su habitación.

Entra. Busca el teléfono por todas partes, pero no lo encuentra.

Sigue sonando. Sin duda está ahí. Finalmente se percata de que la llamada proviene del armario.

Temerosa, se acerca poco a poco. Pone su mano en el pomo.

Aspira con dificultad para conseguir algo de aire. Duda, pero abre la puerta.

En el armario, sin cajones, sin vestir todavía, se halla el cuerpo de Carlos. En su cuello conserva el objeto que le ha estrangulado: el cilicio.

Marta retrocede, angustiada, rota por el dolor.

En ese momento, recuerda.