El niño del charco VII. Antonio y Andrés. Investigación, octubre de 2015 #4
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VII. Antonio y Andrés. Investigación, octubre de 2015 #4

Según declaraciones del primer testigo, quien lo recogió, el recién nacido se encontraba desnudo, boca arriba sobre un charco en el asfalto del aparcamiento.

Este primer testigo fue el único que llegó a ver al niño en ese estado ya que él mismo, antes de que los otros testigos pudiesen verlo, lo recogió y lo envolvió con la cazadora que llevaba puesta y que se ha incluido como prueba.

Una vez recogidos los cuatro testimonios, cuyas transcripciones se incluyen en este informe como Anexo I , se ha establecido que la hora del abandono esteraría comprendida entre las 12:00 y las 12:10.

El único dato destacable sería la presencia de un vehículo blanco de tamaño considerable, todoterreno o monovolumen, del que no se conoce ni marca, ni modelo, ni matrícula.

Este abandonó su puesto de vigilancia una vez el niño fue rescatado por el primer testigo.

El informe del hospital, que figura como Anexo II, establece que se trata de un recién nacido de tres días de edad, varón, caucásico, con buena salud.

No presenta patologías, malformaciones, ni infecciones.

Se le detectó en sangre un único fármaco con trazas leves de opiáceos que, muy posiblemente, se le administró para mantenerlo dormido durante unas horas.

Las pruebas recogidas y analizadas por la policía científica indican que el agua del charco era natural de lluvia, igual que la de los otros charcos que había en el aparcamiento, más pequeños que el elegido.

No se hallaron más pruebas, salvo una pinza umbilical de la que tampoco se obtuvo evidencia alguna.

El informe pericial completo de la policía científica figura como Anexo III de este documento.

Se solicitó, asimismo, intervención del REGCESS, con cuyo rastreo de datos se pudo localizar a los recién nacidos dados de alta en los tres días anteriores al hallazgo que cumplían con los requisitos establecidos.

Posteriormente, se solicitó también la intervención de las comisarias responsables de las zonas en las áreas de los hospitales donde habían nacido estos niños.

El resultado en todos los casos fue el mismo: los recién nacidos se encontraban su sus domicilios sanos y salvos.

El nacimiento, por lo tanto, no había tenido lugar en un centro del sistema sanitario nacional, ni público, ni privado.

Esta información se recoge como Anexo IV.

Por último, se pidió intervención a la Sección de Análisis de la Conducta, que tras valorar la información recibida, emitió las siguientes conclusiones: el sospechoso del abandono podría ser un varón de mediana edad, sin consanguineidad con el niño, que trataba de escenificar una posible fantasía onírica.

Podría tratarse, incluso, de un caso de parafilia , aunque se considera la posibilidad, tal y como se desarrollaron los hechos y el escenario elegido por el sujeto, que el propio rescate del niño formase parte de esa fantasía.

Se recoge también en estas conclusiones que el sujeto tendría únicamente interés en el niño como medio para llevarla a cabo, y una vez esta fuese ejecutada, sin conexión emocional alguna se desentendería del él, por lo que se descarta que el niño corra actualmente algún peligro.

El perfil elaborado por la SAC se recoge en el Anexo V .

A la vista de todo lo expuesto anteriormente, se establece como hipótesis más factible que el recién nacido —de origen desconocido y madre biológica sin identificar—, podría ser hijo de una mujer cautiva procedente, posiblemente, de un país del este y víctima de una red de prostitución y trata de mujeres y niños a nivel internacional.

Que esta misma organización criminal proporcionaría la asistencia sanitaria en el nacimiento del pequeño, así como su cuidado, hasta que fue, supuestamente entonces, entregado al sospechoso previa transacción económica.

No hay dato alguno que pueda llevar a esta investigación a la localización y posterior detención del sospechoso. No hay pruebas físicas, ni biológicas que se puedan relacionar, por lo que damos la investigación por concluida. Se archiva el expediente y se deja el caso como no resuelto.

—Me parece bien Antonio, firmamos y listo. No tenemos nada más. Tanto trabajo para nada.

—Para nada no, Andrés. Al menos tenemos claro que a este niño, ni su madre, ni su padre lo van a reclamar nunca, eso seguro.

—En eso llevas razón —asintió Andrés.

Antonio continuó llamando al Hospital Universitario casi a diario para interesarse por la salud del niño y después de unos cuantos días recibió una llamada de la enfermera de guardia, Laura, con la que ya había cogido alguna confianza, que le dijo:

—Se ha recuperado muy rápido y esta última semana ha cogido ya, bastante peso.

Es un niño fuerte y muy tranquilo, un angelito muy agradecido; los días que estuvo aquí fue el juguete de toda la plantilla.

Lo echaremos de menos. Ayer recibió el alta médica y hoy lo han recogido los servicios de protección de la infancia del gobierno del Principado.

Lo entregarán a un centro de acogida donde permanecerá tutelado y protegido a la espera de una familia adoptiva.

»¡Ojalá sea pronto, Antonio! ¡Ese pequeño se merece una oportunidad!

—Eso es lo que todos deseamos. Muchas gracias por avisar, Laura.