VII. Antonio y Andrés. Investigación, octubre de 2015 #3
—Esperar lo necesario. Mantendría con vida al bebé lo que hiciese falta, pero como bien dices, estáis en Asturias, y en otoño más bien pronto que tarde, llovería.
Eso hoy día con un teléfono lo puede saber cualquiera con bastante fiabilidad.
De todos modos, teniendo en cuenta que el bebé tenía solo tres días es probable que la lluvia de esa noche precipitase los acontecimientos.
Estamos convencidos de que se trata de una escenificación que responde a una fantasía.
—Ahora no te sigo —dijo Antonio.
—Veréis, os voy a dar una definición de fantasía con el fin de establecer la base de lo que luego os seguiré contando, porque ya os adelanto que tiene mucha tela.Se define la fantasía como «la facultad humana de poder reproducir, por medio de imágenes mentales, hechos pasados o futuros que se desea o no, que ocurran» .
Era en esto último donde radicaba el quid de la cuestión: todo el mundo tiene fantasías, pero algunas personas tienen cierta dificultad, por razones muy variadas, para separar la fantasía de la realidad.
En algunas ocasiones llegan a sentir una necesidad irreprimible de hacerlas realidad hasta tal punto que se convierten en una obsesión.
Consideraban que el origen de esa fantasía podría ser un sueño: por lo tanto se trataría de una fantasía onírica, aquella que tiene lugar cuando soñamos dormidos, ya que durante el sueño no hay un control voluntario de la capacidad creadora de la mente, que va por libre.
Tenían razones para pensar que el sujeto se obsesionó tanto con ese sueño que quiso escenificarlo en la vida real.
—Espera, espera —interrumpió Antonio—. Lo que nos estás diciendo es que un recién nacido así de vulnerable y expuesto de ese modo… ¿Es una fantasía para alguien?
—Eso es y ese alguien es vuestro sujeto, que ha llevado a cabo una de sus fantasías y que, seguramente, tendrá otras. Como veis entramos en un terreno muy complejo.
»En mi opinión, el sujeto padece de un trastorno parafílico que «se manifiesta por la presencia de frecuentes e intensas conductas o fantasías sexuales de tipo excitatorio que implican objetos inanimados, niños o adultos que no consienten, o persiguen el sufrimiento de la pareja».
—Ya lo vamos entendiendo y oye, ¿podría saberse cuál es ese sueño?¿El que ha llevado al sujeto a hacer esto? —volvió a preguntar Antonio.
—No, a tanto no llegamos. Pero conociendo la naturaleza humana podría ser cualquier disparate, desde luego este sujeto apunta maneras sádicas.
Descartaban la posibilidad de que se tratase de un simple abandono por parte de los padres o de una madre joven asustada, o una mujer con algún tipo de depresión post-parto.
Tenían muy claro que no había sido una mujer.
Podría ser incluso un niño secuestrado al azar, porque estaban convencidos de que el sujeto no tenía ningún lazo con el pequeño. El niño no era suyo.
—Espera, espera —volvió a interrumpir Antonio—. ¿Podría ser que el sujeto comprase al niño, sin más, en un mercado negro?
—¿Tenéis alguna información nueva que no hayáis compartido con nosotros? —preguntó, a su vez, el psicólogo.
—Bueno sí, información general, aunque de momento no la podemos conectar directamente con este caso —aclaró Andrés.
Antonio compartió con el psicólogo lo que habían descubierto sobre la trata de mujeres y niños y cuál podría ser el destino de estos niños.
—Bueno, esa es vuestra parte del trabajo, pero por lo que contáis, dado que no hay ninguna denuncia de desaparición, ni secuestro de un bebé nacido en el sistema sanitario legal, esa parece la posibilidad más factible, sí —declaró el psicólogo.
Dieron las gracias por la colaboración, que resultó de gran ayuda puesto que con esa información habían despejado las dos primeras incógnitas que se planteaban, el cómo y el qué.
El psicólogo, no obstante, insistió en que se trataba de un perfil individual y eran ellos, los policías, los responsables de elaborar una hipótesis sobre lo ocurrido y de localizar al responsable, el quién.
Tras colgar el teléfono con la SAC, Antonio y Andrés, desconcertados, permanecieron un buen rato callados. Lo que habían averiguado a lo largo del día era difícil de asimilar.
—Oye, Antonio, estoy pensando. ¿Y Si fuese un vientre de alquiler? ¿Si el sujeto hubiese contratado a alguna mujer para eso? Tendríamos que valorar otras posibilidades, ¿no crees?
—Podría ser, pero lo veo más complicado, además eso supondría un cabo suelto. No sé… tener a la madre por ahí, libre durante la gestación. Son muchos meses.
»Hombre, además, para el parto, si no hay complicaciones, tampoco es que haga falta un quirófano, ni un equipo de médicos.
Podría ser en cualquier sitio con alguna partera con algo de experiencia, aunque lo de la pinza umbilical parece más profesional.
Yo lo de la madre de alquiler no lo veo, muchos cabos sueltos.
—Sí, tienes razón, serían muchos cabos sueltos. Pues tenemos una hipótesis y nada más. No veo por dónde podríamos seguir.
—Muy cierto, Andrés, no tenemos nada más que una hipótesis.
El resto de la semana no hubo ninguna novedad. Fueron recibiendo las conclusiones de los distintos departamentos y secciones que habían colaborado con la investigación en documentos sellados y enviados por valija interna. Atendieron otros casos y siguieron con el día a día.
La prensa local hizo mención, someramente, del caso del niño con una simple nota informativa. Que no hubiesen trascendido las circunstancias precisas del hallazgo había ayudado mucho a ello.
Al final de la semana, y después de hablar con el comisario, decidieron redactar el informe con todo lo que tenían para archivar el expediente como caso no resuelto.
No tenían ya de dónde tirar, habían agotado todas las líneas de investigación y, si en el futuro aparecía alguna nueva pista, volverían sobre él.
—Andrés, echa un vistazo a este informe a ver si te parece bien o quieres añadir algo más, si no, lo damos por concluido:
El 2 de octubre de 2015, el 112 recibió una llamada en la que se notificaba el hallazgo de un recién nacido abandonado en el paseo del puerto de Cudillero. A la llamada asistimos de forma inmediata solicitando que acudiese también la científica.
Los sanitarios de la UVI móvil fueron los primeros en llegar al escenario atendiendo al niño con urgencia, para luego, después de nuestra llegada y la recogida de pruebas por parte de la policía científica, trasladar al niño al Hospital Universitario.