V. Antonio. Cudillero, 2 de octubre de 2015 #3
Tampoco se acordaba muy bien de cuántos coches se habían cruzado con él a la ida, ni en un sentido ni en el otro, pero alguno sí.
A la vuelta se cruzó con el coche verde oscuro de Raúl, otro del pueblo aficionado a la pesca y aparejador, que circulaba mucho por esa carretera, ya que llevaba los proyectos de varias obras de la zona.
No recordaba nada más, tampoco había visto el vehículo blanco del arcén.
Los policías le pidieron a Chechu que se retirase hacia fuera de la zona acordonada, ya que no era testigo presencial.
Acto seguido Antonio se acercó en el coche hasta el punto aproximado donde Samuel y José Luis decían haber visto parado el vehículo blanco en al arcén izquierdo.
A través del teléfono Andrés le indicaba a Antonio la posición que recordaban.
Ambos coincidían. Los agentes de la científica tomaron muestras de la hierba del arcén, sobre la que estaba colocado el quitamiedos, que se veía aplastada en el mismo sentido a la dirección del vehículo.
Todo indicaba que ese era el punto exacto donde se había estacionado.
Tomaron también muestras de la tierra y sacaron varias fotografías desde diferentes ángulos.
Comprobaron que desde la ventanilla del conductor —en esa posición aproximada—, se veía la zona donde habían dejado al bebé en el aparcamiento, aunque la distancia era considerable para ver con claridad el charco y lo que pudiese haber dentro.
Si ese, como parecía, era un puesto de vigilancia el ocupante podría haber utilizado algún tipo de teleobjetivo.
Siguieron camino al Mirador donde, en efecto, había un aparcamiento y comprobaron que las vistas eran estupendas, sin embargo, el lugar donde habían abandonado al bebé, no se veía; quedaba oculto por el quitamiedos. Estaba claro que la posición del vehículo blanco era intencionada.
Regresaron de nuevo donde los testigos seguían esperando que les dejasen volver a sus casas.
—Escuchen, por favor —dijo Antonio en general—.
Escuchen. Tengo que pedirles que con este asunto sean todos muy discretos.
No comenten nada con sus familias, ni vecinos.
Nadie más que ustedes y nosotros conoce los detalles y coincidirán conmigo en que dado que la víctima es un recién nacido, muy vulnerable, debemos protegerlo.
A ninguno le gustaría saber que al nacer lo abandonaron de este modo.
Lo que ha ocurrido hoy aquí no es un simple abandono, sino un intento de homicidio, de una crueldad tan extrema como no había visto en todos los años que llevo de profesión y espero no volver a ver nunca.
Elisa expresó sus dudas ya que algunos del pueblo ya los habían visto en la zona acordonada y preguntarían en cuanto tuviesen ocasión. Era imposible ocultarlo.
—Sí, Elisa, pero pueden omitir el resto de detalles. Simplemente tienen que decir, cuando les pregunten, que se trata de un abandono —explicó Antonio.
La prensa todavía no había aparecido por allí, pero estaban seguros de que lo harían tarde o temprano y esas circunstancias tan escabrosas, si salían a la luz, serían carnaza para buitres. Había que evitar los sensacionalismos que a nadie beneficiaban y al niño menos que a nadie.
—Estoy completamente de acuerdo con usted, Antonio —interrumpió Samuel—.
La investigación puede seguir su curso mucho mejor si no tienen encima a la prensa y además, está el niño…
Sin quererlo nos hemos visto implicados en este asunto y seguramente ninguno de nosotros podrá olvidarlo nunca; pero el niño ha esquivado el final que le habían preparado y ahora ese pequeño tiene una oportunidad de sobrevivir.
Si llega a tener una buena vida, no le hará ningún bien, el día de mañana, conocer este pasado.
Su madre lo abandonó después de nacer y no solo lo quería muerto, sino que sufriese para morir.
¿No les parece inhumano? —concluyó Samuel con cierta emoción.
—Madre mía, ¡qué horror! Tienen ustedes razón, cuanto menos se sepa mejor. Pobre criatura… —afirmó convencida Elisa.
José Luis estuvo también de acuerdo, a Maruja solo le diría que se encontraron con un niño abandonado y que ya estaba a salvo en el hospital. Lo mejor sería que los tres le diesen la misma versión.
Los agentes se despidieron, dando por finalizada la recogida de testimonios. Samuel les rogó que lo acercasen hasta la plaza para recoger su moto e irse a casa. No tenía ya, ganas de más paseo.
Los otros tres testigos se fueron con Chechu, que había vuelto en coche y los estaba esperando fuera de la zona acordonada. Eran las tres y media.
Samuel pasó por el bar de Paco para disculparse.
—Tranquilo, Samuel. Nos enteramos de lo sucedido antes de poner el arroz.
—Gracias Paco. A ver si vuelvo otro día con más suerte —se despidió Samuel.
Antonio y Andrés regresaron a la comisaría: querían ordenar los datos de los testimonios y hacer un informe preliminar para poner en situación a su jefe. Necesitarían su ayuda para empezar con la investigación: el primer paso era localizar a los padres.