V. Antonio. Cudillero, 2 de octubre de 2015 #2
—Pues miren. Yo suelo salir sobre las diez o diez y pico todos los días.
Si está el mar y el tiempo para ello, vengo a pescar.
Traigo en este carrito todos los aparejos y las cañas porque el tramo desde mi casa hasta el dique es largo y así vengo caminando y hago un poco de ejercicio, que me viene muy bien para la circulación.
Si no fuese por este carrito para traerlo todo —miren, tengo hasta un taburete plegable aquí metido— tendría que venir en coche.
José Luis continuó hablando. Era una habitual de la zona.
Si no estaba el mar para pescar daba igual un paseo por el dique y algún día subía hasta el Mirador.
A la vuelta, alrededor de la una, se acercaba al pueblo y paraba en el bar de Paco a tomar un vino con los compadres.
Quiso entrar en detalles que nadie le había pedido así que, tuvieron que interrumpirlo:
—Perdone, José Luis, pero nos interesa el día de hoy, lo que recuerda.
—¡Ay, sí! Que me disperso. Hoy, como todos los días, vine con el carrito y llegué a las once, minuto arriba minuto abajo.
Preparé la caña y los aparejos y como el mar está bastante revuelto enseguida picó una maragota, pero era muy pequeña y la devolví al agua.
Al rato llegó Chechu, pero se marchó enseguida porque tenía que ir al Centro de Salud a por recetas y al momento picó un sargo, bastante curioso. Lo llevo aquí. ¿Quieren verlo?
Antonio no quería presionar al testigo, por si al hacerlo se le olvidase algún detalle de lo que había visto, pero se estaba impacientado.
Exhalando de forma sonora, dio muestras de su contrariedad.
Cuando cruzó la mirada con Andrés notó en su compañero la misma impaciencia. Estaban pensando lo mismo.
—No, José Luis, no hace falta, continúe, por favor. Cíñase a los hechos de hoy. No nos interesan otras cuestiones— dijo Andrés con firmeza.
—Ya, bueno. Pues sobre las doce y poco empecé a recoger.
Al momento de arrancar a caminar, después de doblar la esquina del dique, ya pude ver al chaval este que estaba dando voces.
Yo, de mano, pensé que era un chalado, hasta que me acerqué y Elisa —que, precisamente es una vecina muy amiga de mi mujer, Maruja— me contó lo del bebé y que ya habían llamado ellos al 112.
El testigo se hacía la misma pregunta: «¿Quién habría hecho algo así?
». Él era padre de dos hijos y ya tenía una nieta.
Cuando vio al niño se acordó de ella al nacer, porque era así de pequeña, y se le revolvió el alma.
Solo se tranquilizó un poco cuando llegó la ambulancia y atendieron a la criatura.
Los sanitarios que examinaron al pequeño le explicaron que estaba bien, aunque con hipotermia.
—Si no llega a ser por este chaval, ¿cuánto podría aguantar ahí metido en el agua? Muy poco pienso yo, ¿no?
—Me imagino que no mucho, pero eso lo sabrán mejor los sanitarios.
Siguieron con la tanda de preguntas, las mismas que habían hecho a los otros testigos. José Luis no había visto a nadie, ni por el paseo, ni en el dique.
Por semana en el puerto hay muy poco movimiento, pero el fin de semana era otra cosa: se llena de gente y en verano se pone impracticable. No hay ni donde sentarse a tomar algo y para comer, sin reserva, imposible. El paseo y el dique hasta arriba de paseantes y de aficionados a la pesca.
—Y después a la vuelta, ¿vio algo o a alguien más?—le preguntó Antonio.
—Sí, cuando estaba el chaval dando voces, por encima, en la carretera, había un coche blanco parado en la cuneta. Que ahora que lo pienso, estaba en sentido contrario. ¿Para qué pararía ahí? Si hay un aparcamiento un poco más arriba, en el Mirador. Luego al acercarme el coche arrancó y se fue.
—¿José Luis y ese coche blanco estaba ya ahí parado cuándo pasó usted primero hacía el dique?
—No me parece. No lo puedo jurar, pero no creo. Ya le digo que era raro que estuviese parado en la cuneta en sentido contrario, a no ser que fuese por avería, aunque si fuese por eso no cruzaría la carretera para dejarlo al otro lado, ¿no?
—No, no creo. ¿Puede decirnos algo más? ¿Marca o modelo? ¿Si había uno o varios ocupantes?
—¡No, qué va! De lejos no veo nada bien. Estoy pendiente de que me llamen del oculista, para revisión. Me van a poner gafas para todo, hasta ahora fui librando, pero… Ahora que lo dice, el coche era bastante grande, no parecía un coche pequeño, por lo menos era alto.
—¿Podría ser un todoterreno o un monovolumen?
—Sí, podría ser monovolumen.
Le pidieron, a continuación, el teléfono del amigo al que había mencionado. José Luis se ofreció a llamarlo directamente y así lo hizo. Le preguntó si podría acercarse hasta el dique.
Al cabo de un momento apareció Chechu, que aunque estaba muy intrigado con lo ocurrido y con la llamada de José Luis, se mostró muy colaborador.
Ese día no contaba ir a pescar, porque tenía cita en el centro de salud a las doce y media, para recoger las recetas que tenía solicitadas, pero como José Luis le mandó un mensaje diciéndole que iba hasta el dique a dar un tiento, decidió salir primero de casa y acercarse hasta allí por dar un paseo y ver a su amigo.
Llegó a las once y pico, después de la maragota pequeña.
Se marchó sobre las once y media, antes del sargo.
Lo sabía porque miró la hora calculando para llegar con tiempo al centro de salud —José Luis le había enviado una foto del pez según lo había sacado del agua—.
No había visto a nadie por el paseo, ni ningún coche parado en el aparcamiento.