El círculo
Por otro lado, hemos averiguado que Matilde tiene estrechos contactos con miembros de la UDEF, y el comisario ha pedido a Asuntos Internos que inicie una investigación.
Los datos que pudo sacar de estos contactos la llevaron, no solo a los Papeles del Atlas, sino también a uno de los paraísos fiscales donde casi nadie mira y que tenemos aquí mismo, delante de nuestras narices, dentro de nuestra querida península ibérica, solo que bajo otra bandera que no es la española.
Y allí se fue, y quizá se haría las fotos con los monos y con las típicas cabinas inglesas rojas un mes antes del primer crimen, cuando ya tenían certezas, gracias a sus investigaciones, de que allí había un tesoro por cada uno de los empresarios fallecidos.
Esto solo son deducciones, deducciones más que probables.
Listín está analizando las posiciones de su teléfono y ha descubierto que estuvo todo un fin de semana en casa sin moverse y siempre encendido, tiempo más que suficiente para hacer esa visita al peñón.
Por desgracia, su teléfono dejó de dar señal en una zona próxima al Manzanares la noche de la visita a mi casa con el mensajito del susurro.
¿Cómo una mujer así, ambiciosa, pero, en principio, inofensiva, consigue algo tan grande? No grande en el sentido positivo; sin embargo, esta matanza y robo quedarán grabados en la memoria colectiva durante muchos años.
—Los ideales, a veces, son más poderosos que el dinero —digo a Olga mientras charlamos en el salón de Matilde.
—¿Tú estás seguro de que no ha pillado nada de las cajas?, ¿que se lo dio todo a los de los elementos, a los extraños del tren? ¿O que, si le sobró, se lo ha dado a asociaciones ecologistas?
—Pues supongo que, para empezar una nueva vida, algo habrá trincado, pero me juego mis aspiraciones a inspector jefe a que no ha sido demasiado.
Olga ríe con la broma, ya que ella sabe que no tengo ningún interés en el puesto.
—Tú que creías conocerla y ahora te encuentras con esto…
—A ver, relaja. Yo sospechaba que tenía relaciones de algo más que de amistad con alguien de la UDEF. No es normal lo del Atlas. Pero una cosa es eso que, por desgracia, se ha hecho toda la vida, y otra cosa es montar lo que ha montado.
—Pues eso; tú mismo me has dado la razón.
Me quedo callado. La verdad es que no sé ni por qué suelto esa tontería que me contradice y da la razón a mi compañera.
Detesto que Matilde me la haya jugado así.
Podría haberlo hecho en otro lugar, y no en Madrid.
Aquí sabía que, casi con total seguridad, yo intervendría en el caso.
Me gustaría hablar con ella para pedirle explicaciones.
Creía conocerla y la consideraba una buena amiga.
Ahora es solo una extraña, pero maldita la melancolía que siento por no poder comentar con ella el final de Extraños en un tren .