El murmullo del árbol (Del Olmo y Saavedra 1) La excavadora
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La excavadora

Cojo el teléfono móvil, y llamo a Olga; tarda más tiempo en contestar de lo que espero, y eso me pone muy nervioso. Esos disparos de escopeta no auguran nada bueno.

—Voy detrás corriendo todo lo que puedo; esa puta máquina es rápida. —Lo coge por fin y suspiro.

—¿Estás bien? Te han disparado, ¿verdad?

—No te preocupes, no me ha dado.

—Llama al comisario y que nos mande a un GOES; con un poco de suerte, el inspector Piña todavía andará por la zona.

—Veo la excavadora a lo lejos; espero alcanzarte lo antes posible.

—Olga, no te la juegues; llama al comisario.

—Lo voy a llamar, Del Olmo, tú tranquilo.

—Contigo siempre lo estoy.

Se produce un silencio en el que escucho la respiración de la subinspectora. Un vaivén de la excavadora indica que ha girado.

—Nos vemos pronto, inspector.

Olga cuelga, y me quedo solo, encima de esa máquina.

Intento echarme mano a mi axila en busca de mi arma, pero recuerdo que casi nunca la llevo encima: está dormidita en el cajón de mi despacho.

Solo encuentro mi linterna y me doy ánimos pensando que con ella quizá podría deslumbrar al que conduzca la excavadora.

Debe de ser uno de los Ortiz-Melgar, pero ¿quién?