Orgía de pruebas
D ante Allighieri era un poeta y escritor italiano del siglo XIII.
A él se deben obras tan conocidas como La divina comedia, pero, también el origen de la palabra «dantesco».
Así se define el espectáculo con el que nos encontramos al entrar en la casa.
Los compañeros han montado una rampa de acceso porque hay que evacuar cadáveres, y me viene perfecta para acceder yo también.
Florentino Ortiz Melgar yace en el suelo de su habitación.
Cortes en las muñecas y el gran charco de sangre que hay a su alrededor dan una primera imagen de lo que podría ser un suicidio.
En la cama de matrimonio, hay otros dos cuerpos: un joven de unos veintipocos años y una mujer de unos cincuenta.
Deben de ser su mujer y su hijo. Los dos tienen puñaladas en un número indeterminado, sobre el pecho y sobre el vientre.
El supuesto cuchillo homicida se encuentra a escasos centímetros de la mano de Florentino.
—Correcto, subinspectora —respondo—. Vamos a dejar trabajar a los científicos. Me voy al camuflado a reflexionar, y tú y el equipo os venís conmigo.
Alamillos, que está presente en la escena, protesta. Se queda sin su ansiada detención. La verdad es que apenas lo escucho.
Camino al coche, pienso en las imágenes que vimos en Gibraltar y que nos han traído hasta su casa.
No sé qué hacía Florentino allí, pero quizá su presencia en el peñón es lo que le ha costado la vida.
En la grabación, recogida por las cámaras próximas al apartamento franco, se lo reconoce de forma indudable junto con la persona disfrazada de Lukas Pulido.
Esta puesta en escena tan artificial del cadáver de su mujer y su hijo, y su propio suicidio, no se sostienen.
Una vez fuera, respiro. Decido que, mejor que ir en el camuflado, daremos una vuelta. Olga se queda rezagada conmigo.
—Del Olmo, espera.
Me cuenta algo que le reconcome la cabeza.