El murmullo del árbol (Del Olmo y Saavedra 1) El reconocimiento
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El reconocimiento

L as cámaras de vigilancia del parking del apartamento de Lukas Pulido son clave.

Y tenemos suerte, mucha suerte, ya que guardan imágenes con más de dos semanas de antigüedad.

McGuinnes sigue poniendo de su parte y, en un par de horas, las tenemos disponibles.

Mucho metraje, pero muy importante. Quizá lo más importante que hayamos visto hasta ahora.

Nos llevamos los vídeos en un par de discos duros y, en el apartamento que Alamillos ha tenido a bien alquilar, nos ponemos «todo Dios» a visionar.

Tenemos tres ordenadores portátiles y dos tablets.

Listín hace un apaño para que cada uno vea una parte del metraje en un dispositivo.

Yo lo superviso todo con la esperanza de encontrar algo por aquello de que cuatro ojos ven más que uno.

El primero en levantar la mano es Toribio, que consigue que todos peguen un brinco de sus asientos. Arremolinados en su portátil, señala la imagen de una figura masculina que, casi sin lugar a dudas, es Lukas Pulido.

—Mismas gafas, mismo pelo, mismo bigote —dice.

—Sí, ¿de cuándo es esto?

—Martes 11 de marzo.

Proseguimos con el visionado, y el tipo pasa unas dos horas en el piso. Al cabo de ese tiempo, sale por el parking. Entendemos que lo hace para evitar las cámaras de la entrada, que cuentan con más luz: sería más fácil identificar rasgos faciales.

No tenemos más imágenes en esa fecha, y me dan ganas de reventar el portátil .

Pasan las horas, y no encontramos nada interesante. Hacemos una pausa para comer, y algunos salen a la calle a estirar las piernas. Yo aprovecho, y reviso el vídeo del tal Pulido.

—Ese no es el tipo del banco —asegura Olga.

—Se parece, pero no lo es, no. Ese es Lukas Pulido en carne y seso —afirmo.

Cualquiera que haya trabajado en homicidios sabe mucho de fisonomía humana; en concreto, las formas de andar son muy características y diferentes de una persona a otra.

Toribio, Luis e Insausti suben, y proseguimos con el visionado.

No encontramos nada reseñable hasta casi la medianoche; Olga levanta la mano. Repetimos el proceso de arremolinarnos todos sobre el portátil de la subinspectora.

—Este tío.

Señala una figura humana en la pantalla; un hombre cualquiera con una ropa deportiva cualquiera, al que no se le ve bien el rostro.

—¿Qué tiene de especial? —pregunta Luis.

—Mira.

La subinspectora avanza en el vídeo hasta tres horas más tarde. Señala otra figura masculina en la pantalla. Me da un vuelco el corazón.

—¡No me jodas!

—¿Qué pasa, Del Olmo? —Se asusta Toribio.

La subinspectora vuelve al vídeo del anodino tipo que indicó al principio.

—Fijaos bien.

El anodino tipo de la primera imagen no parece el mismo que el segundo. Pero, para el ojo entrenado, sí que lo son.

—Joder, sí… —se emociona Insausti.

—¿Y a quién se parece así con esas gafas? —pregunto.

Todos responden el mismo nombre.