El murmullo del árbol (Del Olmo y Saavedra 1) El piso franco
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El piso franco

D amaris Smith abre la puerta del apartamento.

La pareja de Lukas Pulido (su partner, como ella dice) ha confesado en la cubierta de su barco.

Pulido es el testaferro de Porta, Pereira y Roger.

En el apartamento que tienen en la zona de levante del Peñón, guardan el cofre del tesoro, esto es, las llaves de acceso a las cajas de seguridad del banco e infinidad de documentación falsa.

(Amén de algo de dinero en efectivo para emergencias).

Lo que pasa es que, cuando Lee, el inspector calvo de Scotland Yard, abre una caja fuerte gracias a las indicaciones de Damaris, dentro encontramos el vacío más absoluto. Aquí no hay ni pelota de aire.

Ella se lleva las manos a la cara y rompe a llorar de nuevo.

—Se han llevado todo, todo…

Por el lenguaje corporal de Olga, no se la ve muy sorprendida. Yo tampoco lo estoy. Los compañeros de Scotland Yard nos indican que debemos salir para que hagan una inspección ocular para buscar restos orgánicos de nuestro hombre: nuestro particular solitario.

Ya en la calle, McGuinness nos cuenta que Damaris ha confesado muchas cosas interesantes.

—Se reunía con víctimas en barco. Los recogía en Marbella, venían a Gibraltar y después los llevaba. Ella no estaba en reuniones, pero Lukas se lo contaba, sin muchos detalles, dice.

—Claro, eso me suena —dice Olga con retintín .

—Jura que no sabe dónde está su pareja.

No pongo objeciones porque no estoy en mi jurisdicción y no puedo interrogar a la señora Smith como debería, así que me limito a ser pragmático.

—Comisario, necesitamos todas las imágenes de seguridad de la zona.

McGuinnes afirma con desgana.

Nos despedimos de toda la parafernalia de Scotland Yard y nos retiramos a nuestros aposentos.

—¿Qué piensas, subinspectora? ¿Pulido está muerto o ha huido?

—No lo sé, pero sí sé que no vamos a volver a verlo.