El murmullo del árbol (Del Olmo y Saavedra 1) Ecologistas
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La tercera pata del banco, Roger, también aparece en escena en algo mucho más conocido: un hotel ilegal en primera línea de playa.

No seríamos justos si estableciéramos una relación causa-efecto en la que los tres empresarios deberían morir por, supuestamente, siempre supuestamente, tener algo de responsabilidad en los desastres ecológicos mencionados.

Pero que tres empresarios que se reúnen, digamos que en secreto, con cierta frecuencia, y que tienen estos negocios, quizá dudosos, apunta a que, en efecto, alguien piensa que merecían esas terribles muertes.

Y, como las otras líneas de investigación están en una calle sin salida, tenemos que tirarnos a la piscina en esta.

—¿Tan radical como para cargarse a nuestro trío? —apunta Amaya.

—No lo sé; por eso me voy a reunir con él, para tantearlo.

—Le estoy diciendo a la subinspectora que no vaya sola, que vaya con alguien de apoyo, pero está empeñada en que no —aclaro.

—Olga, hazle caso al inspector que de otra cosa no, pero de situaciones peligrosas sabe un rato —dice Insausti, no sé si en tono de humor o en tono serio.

Olga suspira.

—Vamos a un bar de tapas. No creo que se lleve una mascarilla de ozono para envenenarme…

—Si Del Olmo cree que es mejor que no vayas sola, yo lo apoyo —insiste Sergio, mirándome.

—Gracias, oficial —respondo—. Olga, si lo dice Insausti, hay que hacerlo. Ya sabes que él es el guardaespaldas del grupo .

—Vaya tela —se queja la subinspectora—; está bien. Supongo que le puedo hacer pasar como un camarada más que se quiere unir a la lucha.

—Pero una cosa —digo mirando a Sergio—: te vas a hacer pasar por gay.

—¿Y eso por qué? —pregunta el oficial.

—Porque sospecho que la subinspectora quiere usar sus armas de mujer con el tal Benito. ¿No es así, Saavedra?

Olga baja los hombros y murmura algo muy parecido a «Jodido machista».

Sí, por desgracia hay que seguir usando técnicas machistas como la de mujer policía buenorra que intenta seducir al sospechoso.

—Si el tipo te percibe como una amenaza, se va a cerrar más en banda, ¿verdad, subinspectora?

—Lo que tú digas, Del Olmo, lo que tú digas.

—¿Pero y qué tengo que hacer? ¿Me tengo que vestir de alguna forma?

Algunos del grupo sonríen. Yo entre ellos.

—No, hombre, joder, ¿en qué siglo vives? No tienes que pintarte los labios ni llevar el brazo levantado como el del chiste. Los gays son como tú y como yo…

—Sobre todo como tú —replica el oficial, y esta vez la carcajada es mayor.

—Touché, Sergio querido, touché.