El cabreo
E l comisario me enseña la imagen después de echarle un vistazo; es una fotocomposición de los tres cadáveres y sus respectivos círculos, a su vez marcados en rojo por Olga.
—Usted sabe de sobra que esta puesta en escena no se hace solo por un robo.
—O tal vez sí, Saavedra. —El comisario me mira pidiendo ayuda; más que ayuda me está pidiendo que sea yo el que ejerza mi rango con la subinspectora.
—Olga, el comisario puede llevar razón —digo. Y mis palabras parecen balas que atraviesan el pecho de mi compañera. Sus ojos, mezcla de ira y de decepción, así lo delatan. Como si la hubiera traicionado.
—Hace unos años, no sé cuántos, comisario Alamillos…
—Creo que diecisiete.
—Bien, tuvimos un caso de un tipo que cortaba las cabelleras de sus víctimas, como si fuera un sioux.
Mató a dos hombres, y dejó a otro medio muerto.
Eran corredores de apuestas clandestinas.
Los tipos tenían en sus casas un buen dinero negro.
Lo que pasa es que el desgraciado que los mataba quería que buscáramos alguna clase de maniaco con un modus operandi .
—¿Y cómo sabes que los mató solo por dinero? —incide Olga.
—Porque era más que obvio. Las víctimas eran dos capos del negocio. Todo cuadraba y, al final, el investigado acabó derrumbándose y confesó que no podía solo robarles, que lo hubieran buscado, encontrado y matado. Los psiquiatras coincidieron en que su salud mental era la correcta.
La subinspectora calla. El comisario se vuelve hacia su asiento pero, antes de sentarse, Olga vuelve a la carga:
—Entonces, si estamos buscando a un ladrón, ¿por qué no encarga el trabajo a otro equipo, señor comisario?
Alamillos se da la vuelta, y procura no agriar su gesto.
—Subinspectora, ¿no se está usted excediendo?
—No, señor comisario. Tenemos la investigación en un punto muerto.
No hay más recursos para investigar de forma rápida a todos los que se relacionaban con las tres víctimas.
Los recursos ilimitados en la investigación telefónica no son ilimitados si solo los pueden llevar dos o tres compañeros.
La firma que hemos encontrado en las tres víctimas es una imagen que representa el planeta y que se ha usado en algunas acciones de grupos ecologistas.
La pelota de aire de Gibraltar, los tres elementos que representan las víctimas.
—Olga hace una brevísima pausa para tomar aliento—.
Le estoy exponiendo una teoría que es más que válida, y usted no me hace ni caso.
Tampoco entiendo cómo no se nos asignan más hombres ahora que todo ya ha saltado a la prensa.
—Olga —digo, tratando de detener un enfado in crescendo .
—¿Qué ocurre, Del Olmo? —replica ella.
—Retírate; yo sigo con el comisario.
Olga me vuelve a crucificar con su mirada. Pero se da cuenta de que todos en la sala la observan y saben lo que puede ocurrir si el comisario se siente agraviado. Alamillos es un tipo colaborador pero, cuando los galones pesan, pesan mucho.
—Subinspectora, haga usted caso a su jefe, y déjenos a solas. Y los demás también.
Ella se marcha la primera, y no da un portazo porque Amaya sujeta la puerta. Toribio me mira como ofreciendo su ayuda, pero le sonrío rehusando. Es el último en marcharse y cierra la puerta tras de sí.
El comisario se sienta, resopla, y dejo que pase un minuto para que el ambiente se calme. Me acerco hasta su mesa, dejo la foto encima, y digo:
—Comisario Alamillos. En el poco tiempo que Olga Saavedra lleva en la unidad, rara vez suele equivocarse.
Y, por lo que usted me contó cuando se incorporó y me la presentó, en otras unidades tampoco —me pauso unos segundos—, así que, si tiene las manos atadas con lo de Gibraltar, al menos haga caso a la subinspectora con esto.