El murmullo del árbol (Del Olmo y Saavedra 1) Dinero
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L lego tardísimo a casa, pero la noche en mi cama es reparadora.

Mis hijos duermen, pero mi señora esposa me espera y nos regalamos un buen orgasmo mutuo.

Gracias a ello duermo como un bendito. Estamos en una gran racha amorosa, y me pregunto si tiene que ver con el estrés que me provoca el caso.

Sería paradójico que el estrés laboral fuera proporcional a mi libido y a la de mi mujer.

La mañana siguiente en la brigada es bien distinta. El comisario Alamillos nos vuelve a reunir exigiendo resultados. El día anterior me dio largas cuando lo llamé para solicitarle la ayuda con el tema de las imágenes de Gibraltar.

—No os podéis imaginar lo que estoy teniendo que lidiar con los directores y con prensa.

—Me hago cargo, comisario. Estamos dando todo lo que tenemos —respondo—. ¿Ha podido hablar con Interpol?

—¿Y qué es lo que tienen, inspector? ¿Han practicado ya alguna detención?

Suspiro, y Olga procede a explicar la situación.

—Señor Comisario, del viaje a Gibraltar sacamos lo que Del Olmo le ha contado.

—Lo sé, subinspectora; estoy en ello.

A mí no me responde, pero al menos a ella le asegura estar «en ello».

—Los informantes del subinspector Toribio no han aportado demasiada luz, señor comisario —digo—. Listín sigue trabajando, gracias por el apoyo.

Las gracias no son sinceras, y eso se nota.

De los refuerzos que le pedimos, solo hemos conseguido que dos nuevas incorporaciones al departamento de Delitos Informáticos apoyen a Listín con el cribado de datos de los más de quinientos números de teléfono que investigamos.

También tenemos más de doscientas horas de metraje de las cámaras de seguridad cercanas al restaurante Green Brasil (y cuando los astros se alineen y nos lleguen las de Gibraltar, esto se multiplicará exponencialmente).

De momento solo hemos podido localizar en estas a los tres fallecidos.

—Quiero pedirle más agentes para nuestro equipo. Me gustaría interrogar a más personas del entorno de los tres empresarios. Y cuando lleguen las imágenes de Gibraltar…

—¿Algo más, subinspectora? —Alamillos me interrumpe y me ignora al mismo tiempo.

—La teoría de los cuatro elementos, señor. Desde el primer momento pensamos que el autor o autores de estas ejecuciones podrían tener un motivo personal, bien sea el robo, bien sea una venganza…

—Queda claro que el robo ha sido un gran motivo, subinspectora —Alamillos la interrumpe.

—Sí, señor Comisario, pero eso puede ser una maniobra de despiste o quizá una forma de cobrarse algo.

—Saavedra, ¿qué me quiere decir?

—Que el móvil de los asesinatos puede estar relacionado con causas ecologistas.

—¡¿Cómo?!

Olga entrega un informe más al comisario.

En dicho informe, expone la teoría que acaba de comentarle.

Además de la firma del asesino, ha incluido su lectura de los Papeles del Atlas.

Dos de los tres empresarios asesinados tenían varios proyectos en común: una empresa mastodóntica de gestión de residuos, una urbanización gigantesca, una carretera de peaje y un hotel en primera línea de playa.

Todos estos proyectos se asentaban sobre tres desastres ecológicos recientes: un incendio en la sierra malagueña, el deterioro de La Manga del Mar Menor, la creación de una playa artificial mediante explosiones controladas.

—¿Me está diciendo, subinspectora, que los mataron porque los hacen responsables de estas barbaridades?

—Quizá incluso de algo más.

—¿De qué?, ¿del cambio climático?

—No exactamente, Comisario. Pero sí veo que haya un tipo de móvil ecologista detrás.

—¿Y el dinero robado en Gibraltar?

—Aún no sabemos lo que han robado. Lo mismo, solo había datos.

—Subinspectora, no me tome por tonto. A lo largo de mi carrera he visto cosas raras, pero tres cajas de seguridad sin dinero…Tres, subinspectora.

—Está bien, señor comisario, le compro el argumento. Han robado dinero de las tres víctimas. Vale, los han matado para robarlos. Pero… —Olga hace una pausa, y busca algo en el informe que lleva en la mano—, no solo para robarlos.

Le entrega una foto.