El murmullo del árbol (Del Olmo y Saavedra 1) La investigación periodística
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La investigación periodística

—A este ritmo no vas a ganar para pagarme favores, Del Olmo —dice Matilde mientras mueve un abanico con brío.

—Se los cargas aquí a la subinspectora que le queda mucha más carrera en el cuerpo que a mí.

Matilde sonríe, y Olga también. Estamos desayunando en una cafetería del barrio de las letras, próximo al congreso.

Los tres devoramos sendos cruasanes que hacen de forma casera y un café de Colombia que también importan ellos mismos.

Invita la Maturana, por lo que lo saboreo más, ya que no corre por parte del contribuyente.

Doy un rodeo en mis explicaciones para no mostrar mis cartas a la primera.

Ella ya no trabaja en sucesos, sino en política y, en los últimos años, con la corrupción que asola a muchos de nuestros partidos políticos, los medios de comunicación no reparan en gastos a la hora de investigarlos.

Por ello estamos seguros de que conoce a los empresarios, y es posible que alguna de sus investigaciones los tenga en órbita.

Y es posible que toque algún nombre del que podamos tirar.

Le garantizo que será la primera en recibir toda la información posible en cuanto autoricen a comunicarlo a la prensa.

—Esto ya no se sostiene, Matilde; dentro de poco alguien hablará, y te prometo que, si eso pasa, te daré todo lo que pueda. Serás la primera…

—La segunda porque, si alguien habla con otro medio y lo difunde… —protesta—. Pero dime, ¿exactamente qué me ofreces ?

—Matilde, no te vamos a decir nada claro, de momento —digo con los ojos de Olga clavados en mi sien—. Pero hay tres crímenes, los tres relacionados

—¿Tres? Uno es…

Asiento.

—No puedo darte mucho más. Tan solo espero que baste para contar con tu ayuda.

—¿Alguien se ha cargado a Armando Porta y hay otros dos fiambres que tienen relación? ¿Me estás hablando de un asesino en serie?

—Matilde, no podemos darte más datos —interviene Olga—, y tú eres demasiado lista para dejar escapar esto, aunque ya no estés en sucesos.

Matilde arruga el gesto, se mesa el pelo. Abre la boca un par de veces y al final se decide.

—Le sigo viendo pegas.

—¿Cuáles?

—Lo que acaba de decir aquí, doña cerebrito: que yo ya no estoy en la sección de sucesos, no sé si esa información me sirve.

Tanto la subinspectora como yo callamos. Tenemos que darle algo más a Matilde. Ella nos lo está pidiendo a gritos entre líneas, pero no quiere mostrar sus cartas. Sabe que maneja la situación.

—Armando Porta fue asesinado de forma violenta —repito, esta vez con un aire más categórico.

La cara de Matilde no muestra asombro.

—Armando Porta, Fortunato Pereira y Leopoldo Roger —añade Olga, a la que no he autorizado a dar los otros nombres.

—¿Pereira y Roger? —dice Matilde—. Al tal Pereira lo conozco de los muebles. El «Ikea español» lo llaman. ¿Y Roger?

—No importa, otro ricachón. Los tres se reunían; tienen vínculos empresariales de algún tipo —sentencio.

Matilde se lleva las manos a la cara, entusiasmada por lo que está escuchando.

—Si nos ayudas, tendrás línea directa con el inspector Del Olmo para que te cuente todo lo que pueda. Lo que pueda —promete Olga.

—Entonces, es cierto: hay un asesino en serie que se carga a esta gente.

—Es el caso del siglo, Matilde —afirmo.

Ella suelta una carcajada. Es un tanto frívolo que se alegre de que una muerte haya sido violenta, pero, con lo poco de periodista que me queda, la entiendo. La búsqueda de la noticia es siempre lo primero.

—Esto es tan confidencial que si me fuera de la lengua ahora mismo, sería todo un problema para vosotros, ¿no?

—Nosotros no hemos dicho nada, Matilde.

—Ya, claro, Del Olmo, va.

Me encojo de hombros antes de decir:

—¿Nos puedes ayudar o no? Si es que no, debemos marcharnos. Tenemos muchísimo trabajo…

—Lo que te voy a contar yo ahora también me podría costar, no solo mi carrera, sino mi vida.

—Matilde, no te pongas dramática.

Ella para de sonreír de forma tan abrupta que tenemos que tomarla en serio.

—Hay una investigación muy grande en marcha. Pero muy grande.

Me froto las manos, nervioso. Olga saca el móvil y Matilde, con un gesto, le pide que lo guarde.

—¿Esa investigación tan grande estaría relacionada con los nombres que te he dado?

—Puede ser. La verdad es que es muy probable —responde y se acerca a mi oreja—. Del Olmo, esto que vamos a hacer tiene que quedar más oculto en tu memoria que lo que pasó en el viaje de fin de carrera en Ibiza.

Abro los ojos de tal forma que mi cara provoca una sonrisa en mi compañera.

Matilde tiene una bomba; de lo contrario no recurriría a esa situación vivida en el pasado. Así que las cosas están empatadas en lo que a información que no podemos revelar el uno al otro se refiere.

Y no sé si eso me gusta. Todo dependerá de a dónde nos lleve.