El murmullo del árbol (Del Olmo y Saavedra 1) Los cuatro elementos
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Los cuatro elementos

—L os cuatro putos elementos —protesta Toribio. Olga nos acaba de entregar el expediente que tenía a medias y que termina cuando llegamos a la brigada—. ¿Esto qué es?, ¿una serie del netflis ese?

Porta murió por agua.

Pereira por fuego.

Roger por tierra.

Solo falta el aire.

—Ni serie, ni película, subinspector Toribio; lo único que importa es encontrar a esa cuarta víctima potencial —digo clavando mis ojos en Listín, al que parecen llegarle las ondas que salen de mi cerebro—, ya que no hemos salvado a la tercera.

—Tengo las llamadas de Pereira y de Porta, pero entre ellos no se han llamado.

—¿Y qué hay del teléfono no oficial de Roger? —pregunta Olga.

Hemos encontrado un segundo teléfono escondido en los bajos del coche de Leopoldo, un móvil de los de antes de la generación Smartphone, cuya línea es la que figura en la tarjeta que entregó al metre del Green Brasil.

—Así que un teléfono culebra… —protesta Toribio

—De momento me lo están destripando los compañeros; es un móvil antiguo y no creo que tarden en acceder. La tarjeta SIM es de una empresa extranjera. Respecto del teléfono oficial, hay que esperar un poco a que nos manden los datos las telefónicas españolas.

—Del móvil oficial de Porta y del de Pereira no hemos sacado nada en claro, ¿verdad? —pregunta Olga.

Listín niega con la cabeza.

—Puede que los otros dos también tuvieran teléfonos culebra. ¿Es posible que haya llamadas entre ellos? —pregunto.

—Es posible —concluye Luis—. ¿Has consultado a las familias si sabe de la existencia de segundas líneas?

—No de esa forma; hemos pedido todas las que tengan, pero no teléfonos culebra como parece este de Roger. Ahora mismo Toribio llama y lo pregunta —digo mirando al subinspector, que se dirige a su escritorio.

—Un «culebra»  como los camellos, ¿no? —pregunta Insausti.

—¿Te acuerdas de Heisenberg? —Le devuelvo la pregunta.

—No.

—Ni yo, ¿qué es? —dice Toribio.

Deben de ser los únicos integrantes de toda la comisaría que no han visto Breaking Bad , y no será por las veces que se la hemos recomendado.

—Uno de una serie que fabricaba «eme» y tenía un segundo teléfono para contactar con los dealers y demás chusma, como ha dicho Sergio —aclara Amaya, e Insausti esboza su clásica cara de «Ah».

—Me suena, me suena —miente Toribio.

—¿El  «culebra» de Roger está a su nombre? —pregunta Olga.

—No, estamos pendiente de que nos digan el titular.

No quiero mostrar mi desánimo pero, a pesar de que hemos adelantado mucho con los trámites de su señoría y con la rapidez de las operadoras, este proceso de buscar datos telefónicos va a llevar más tiempo del que me gustaría.

Miro el panel de la oficina conjunta del grupo, donde nos encontramos todos.

En el centro hemos situado a las tres víctimas.

Debajo de Porta están Suchowolski y los Ortiz- Melgar.

A la izquierda, apartado, está Martens, el portugués de los todoterrenos, huido.

A su lado, el hijo menor: Patricio Porta.

Debajo de Pereira está su hermano Atilio y, más abajo, su mujer.

Y la foto de Roger solo la acompaña una fotografía del círculo incompleto: la firma del homicida.

—Jefe, hace diez minutos han llamado de la Comandancia de la Guardia Civil de Badajoz —dice Amaya—. En Portugal han localizado a Martens.