El murmullo del árbol (Del Olmo y Saavedra 1) Carne asada
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Carne asada

E l crematorio, abandonado hace más de dos años (según nos informan) está en la Carretera de Vicálvaro a Coslada.

Es una nave de unos cinco metros de alto con ventanas en la parte superior, por las que se cuela la escasa luz de las farolas de la calle.

El horno donde está el cadáver parece el trono de una siniestra sala real de un castillo abandonado.

Es una zona de Madrid donde aún queda algo de campo rodeado de nuevos barrios residenciales nacidos de las burbujas inmobiliarias.

El que haya cometido el crimen ha tenido tiempo de recrearse en el dolor de la víctima porque el lugar está aislado.

Hay otros locales industriales cercanos, pero a más de cincuenta metros y tampoco tienen pinta de tener mucho movimiento.

Allí solo, con la linterna, reflexiono sobre la investigación.

Sin la influencia de Olga. Ella suele adelantarse siempre en casi todo, en una marca en la muñeca de la víctima, en los restos de adhesivos en la boca, en la postura en que yace el cadáver en el suelo que puede revelar tantas cosas sobre cómo pasó sus últimos segundos de vida…

El círculo que hay en su frente no es un círculo perfecto, sino que está achatado en la parte superior e inferior.

Miro en el móvil las fotos de la autopsia de Porta, y se confirma la misma forma.

Olga llega de nuevo a mi lado.

—¿Qué te quería la Torres?

—Un consejo barato sobre cómo tratar a los forenses.

—¿Barato?

—Déjalo...

—Está bien —concedo—. Pide al equipo que averigüe el propietario de este crematorio. Habla con los municipales que han encontrado el cuerpo y averigua los datos del vecino que vio el humo de la chimenea. Olga teclea en su móvil mensajes dirigidos al equipo.

Cuando termina le enseño la imagen de mi móvil.

—Muy bien, Del Olmo, muy bien —dice sonriendo.

Su condescendencia no me irrita, sino todo lo contrario: es un halago para mí.

—Los municipales han interrogado a los vecinos más próximos, y nada. Están todos bastante lejos. Uno de ellos es una señora mayor, que fue la que llamó. Dice que desde su casa solo se ve la chimenea. Los «pitufos» también me confirman que la nave más próxima está cerrada.

—Genial —ironizo—. Recuerda a Toribio que hable con el propietario de esto lo antes posible. ¿Alguna cámara cerca?

—Las de la M-40 y quizá alguna de las vías del tren, pero cerca, lo que se dice cerca…

—Me pides a Pleite que vaya gestionando su descarga a Tráfico y a Adif.

Olga vuelve a teclear en el móvil y se dirige de nuevo a mí:

—Entonces, estamos de acuerdo en que es ritual, ¿verdad, inspector?

Asiento.

No tengo ningún problema en darle la razón a la subinspectora. Y estoy seguro de que la va a tener más veces antes de que termine este caso.

—¿Y estamos de acuerdo en qué quiere representar ese círculo?

La miro, y vuelvo a mover la cabeza de arriba abajo.

—¿Y estamos de acuerdo…?

—¡Olga! Es suficiente.