El murmullo del árbol (Del Olmo y Saavedra 1) Torre spazio
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Once años atrás.

J osé, el jefe de la seguridad de Porta, siempre cambiaba la ruta de su protegido en las visitas semanales a las oficinas en el Paseo de la Castellana, como si de un amenazado del terrorismo se tratara.

El día en cuestión, La Araña usó una suerte de sentido arácnido propio de Spiderman.

Hizo frenar el coche a Juan, El Gorila. Le pidió que tomara la calle a la derecha.

«No fastidies, José; tardaremos el doble».

José miró a Armando, que confiaba a ciegas en su guardaespaldas.

Armando pidió llamar a la policía, y José, con el debido respeto, solicitó quince minutos para decirles cuatro cositas a los agresores.

Después llamarían a la policía si el señor Porta insistía.

El jefe lo miró, y supo que debía respetar lo que sus escoltas deseaban hacer.

No le puedes quitar a un perro rabioso la comida, aunque tú seas el que se la da: podría acabar mordiéndote a ti mismo.