El murmullo del árbol (Del Olmo y Saavedra 1) Meditaciones
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Meditaciones

T oribio casi se estampa con un coche al entrar a una gasolinera.

Ha parado a por un café y sospecho que andaba medio dormido.

Le pido que me compre un Red Bull. No tolero el café; me dilata el cardias y me provoca un reflujo terrible.

La taurina tampoco debería tomarla, pero por alguna extraña razón no me hace tanto daño.

Lo malo es que estoy desarrollando tolerancia, y ya no me provoca el mismo efecto que al principio.

El cardiólogo ya me lo avisó: no es una bebida recomendable desde el punto de vista cardiológico.

«Ya, doctor, ¿y qué tomo?». El médico me recomienda que duerma más pero, por más que insisto, no comprende la naturaleza de mi trabajo.

¿Por qué voy al cardiólogo? Por un pequeño agujero que tengo entre las dos aurículas del corazón: una CIA, como si de la agencia de inteligencia americana se tratase.

Comunicación interauricular. Un problema más de salud que añadir a mi cuerpo serrano, pero un problema menor que tengo desde nacimiento y que no me impidió entrar en la Policía.

Solo me causa más fatiga de lo normal en ejercicios anaeróbicos.

Y yo nunca he sido fan de levantar pesas.

Cuando vuelven, Olga toma el volante. Sospecho que necesita relajarse y meditar.

Dice que medita cuando conduce. No en plan budista, sino que consigue concentrarse tanto en la carretera que su cerebro se pone a pensar en paralelo, y la ayuda a ordenar su mente.

Y estoy seguro de que sus pensamientos sobre el caso coparán su meditación.