Los primeros investigados
—V aya huevos tienes, inspector —dice Toribio.
—Bah, no son tan grandes. ¿No te acuerdas del día que…?
—No me des por culo, Del Olmo.
—Ya me gustaría, ya —contesto.
El subinspector me llama pesao y Amaya sonríe. Olga hace el amago.
Me he tragado yo solo el final de la reprimenda del comisario porque los ha mandado a todos, no a tomar por culo, como le hubiera gustado, a trabajar.
La bronca ha sido más suave porque, aunque está feo que yo lo diga, se le han bajado un poco los humos con mi observación sobre cómo dirigir una investigación en función de la casuística del caso.
Ahora estamos todos en mi despacho decidiendo cuáles serán las siguientes pesquisas.
Amaya y Sergio están tan cerca que sus pies se están rozando.
Insausti es lo que podría llamarse el matón del equipo.
Ponle a cualquier bigardo de discoteca que te lo tumba con un puño bien dado en la costilla flotante, o poniendo sus manazas en los ojos mientras les hace un Osotogari en menos de un segundo.
Valor le sobra para eso. Además, es un tío muy seguro de su físico.
Morenazo de pelo corto y arreglado, barba perfectamente recortada por barbero, ojos claros, mandíbula delineada y sonrisa profiden .
Irresistible para mujeres y para hombres.
Pero el intelecto no es lo suyo, ni tampoco la gallardía.
Nieto de un Guardia Civil de los de la época dura de Intxaurrondo.
Si no hubiera aprobado las oposiciones a la policía, estaría en el paro, bien porque no valdría para ningún puesto, bien porque hubiera acabado a hostias con cualquier jefe que le quisiera poner las pilas.
Aquí, en la policía, puede gozar de esos momentos de violencia necesaria, y bienvenida en ocasiones, y someterse a una disciplina que entiende y asume.
Solís se parece más a Insausti de lo que le gustaría.
Yo estoy convencido de que han compartido cama y fluidos fuera de comisaría.
Muchas noches de «troncha» juntos, vigilando durante horas a tipos que no salen del puticlub que regentan o del taller clandestino que rigen con mano dura.
Esas noches de invierno, cuando hay que ahorrar en calefacción porque gasta gasoil, deben de haber sido testigos de más de un encuentro amoroso.
Mientras no interrumpa con sus labores de vigilancia, por mí no hay problema.
Es más, me alegro. Porque son tan parecidos que estoy convencido de que en el futuro acabarán juntos.
Cuando superen la mitad de su treintena y se den cuenta de que más vale estar mal acompañados que solos.
Con sus palabras, Amaya se gana una mirada tierna de Insausti y ella le corresponde con una tibia sonrisa.
—Julio, entrevistaste a Martín Porta como te pedí, ¿verdad? —pregunto a Pleite
—Sí, inspector. Estaba demasiado fuera de sí para sacarle algo decente. En teoría tiene coartada…
—¿En teoría? —interrumpe Olga.
—La tiene, solo que es su familia quien la corrobora. Habría que rastrearle el móvil —concluye Pleite.
—Bien, ¿dónde está Listín ? —pregunto.
—Con los de la BIT —responde Toribio usando el acrónimo de la Brigada de Investigación Tecnológica.
Luis a veces pasa tiempo con ellos, colaborando y aprendiendo como todo ratón de biblioteca (o de ordenador en este caso) que se precie.
—Me lo llamas ahora mismo, que aquí hace falta. Si te pone pegas, le dices que le requiero todas sus horas reglamentarias en su puesto.
Mientras Toribio llama a Listín , Olga pregunta :
—¿Cuándo vamos a ver a Suchowolski y a los Ortiz-Melgar?
—Mañana, mejor. ¿Dónde viven?
—No están cerca; Suchowolski vive en la sierra de Gredos. Es casi Ávila ya.
—¿Y los otros?
—Cerca de Villaconejos.
—¿Dónde los melones? —pregunta Toribio.
—Ni idea, ¿por qué? —responde Olga.
—Sí, Lucas, sí, donde los melones —contesto yo —. Iremos por la mañana a Gredos y por la tarde a Villaconejos.
Pleite se ofrece como voluntario para acompañarnos pero no tengo claro que sea el ideal para la tarea.
No es que Julio sea tímido: es que, por no hablar, parece hasta maleducado.
La primera vez que lo conocí, me estrechó la mano, y me miró casi con miedo, como si un tío como yo pudiera dar miedo a alguien como él, un hombretón de estilo mastodonte que colabora con Insausti cuando hay que imponer.
Al contrario de este, no es demasiado agraciado: ojos achinados, pelo lacio mal peinado y una nariz gorda y pequeña.
Pero, también, al contrario de Insausti, es bastante perspicaz.
Hace dos años, en un caso que se nos enrevesó más de la cuenta, fue el único que se dio cuenta de que una huella de la que todos creímos (hasta la Científica) que era del posible culpable, era, en realidad, la huella de un simio que pertenecía a ese posible culpable.
Y, gracias al simio, conseguimos atraparlo.
Pleite es biólogo y podría ascender, si quisiera, a inspector en poco tiempo.
Pero, por alguna extraña razón, no quiere.
Entró a la básica como Olga. Yo creo que le cuesta asumir puestos de responsabilidad.
—Luego os paso quién se viene y quién se queda.
—Jefe —dice Toribio con el teléfono en la mano—. Listín dice que esta noche nos pasa un informe, que están probando un nuevo programa de rastreo de BTS, lo de los teléfonos, y que quizá nos pueda servir. Que no nos asfixiemos, que volverá pronto.
—Bien, mañana los que os quedáis aquí podéis hacer una cosa, y es coger la lista original de la UDEF y repasarla otra vez. Repasad todos los nombres; si lo consideráis absolutamente necesario, se podría hacer alguna llamada.
Todos emiten un suave sí, que no identifico si es un «Sí lo que tú digas» o un «Sí, a la orden». No me gusta ninguna de las opciones, pero trato de que no me irrite su actitud. Olga pide al equipo que nos dejen a solas y obedecen al instante. Cuando nos quedamos solos no se anda con rodeos.
—Suchowolski no quiso asesinar a Porta.