En el coche
—S ímbolos de su masculinidad perdida, dice… —comento.
—Tiene su lógica —responde la subinspectora.
—Era obvio que esa marca no era de nacimiento —dice.
—¿Crees que Doña Estirada oculta algo? No es normal su actitud tan hostil —pregunto.
—Le han matado al marido hace menos de tres días; he sido un poco torpe con lo del hijo.
—¿Y lo de que Porta no tomaba Viagra por sus problemas de corazón?
—Ni me lo creo ni me lo dejo de creer. Nos va a mandar hasta los informes médicos. Es un hecho.
—Informes médicos de una clínica privada —marco bien la palabra «privada»—, que él podría haber falseado pasando por caja, cosa fácil para esta gente, y así escaparse del lecho conyugal.
—No tiene sentido; es una nimiedad.
—Una amante tendría un buen móvil.
—Inspector Del Olmo, por la forma en la que liquidaron a los escoltas y al propio Porta, no parece el modus operandi de una mujer.
Callo. Ella es fuerte y hábil. Hay un ring de boxeo en el gimnasio del complejo policial, donde un día le dio un severo correctivo al subinspector Mayo, de la UDYCO, que presumía de haber llegado a subcampeón de Europa junior.
Pero tiene razón en que las mujeres no suelen emplear esa violencia cuando les da por matar.
—En caso de amante despechada, siempre pudo encargarlo a alguien —digo.
—Pudo, pero vayamos a lo fácil, inspector. Bastante tenemos ya con no poder apenas movernos en este caso.
Nuria Soriano es sospechosa, casi la culpable: sospechosa de pedir que la investigación no trascienda a nadie de prensa.
Toda una faena. Puede parecer una tontería, pero en las hemerotecas de los periódicos a veces se encuentran datos que ayudan a resolver casos.
Y sobre todo en las cabezas de algunos buenos periodistas.
Y yo tengo un contacto de esos en el segundo diario de mayor tirada nacional.