El mundo entre nosotros Capítulo 48
98%

Capítulo 48

No recordaba cómo había vuelto a casa por la noche.

Sabía, eso seguro, que había estado viendo los fuegos artificiales y que habían durado más de lo que pensaba.

También sabía que diluviaba, pero el viento se había calmado.

Y que confundí un rayo con fuegos artificiales.

Puede que fuera ahí cuando volví a entrar, asustado.

Temeroso de que me cayera uno encima. Sin embargo, no debí de llegar a mi cuarto, porque me desperté esa mañana en el sofá del salón, con la luz del sol entrando por una de las ventanas.

¿Significaba eso que había dejado de llover y que Northwood nos daba una tregua?

Me levanté torpemente y estuve a punto de caerme al tropezar con la tabla de planchar a medio recoger.

Había un plato con restos de galletas sobre la mesa junto a la televisión. ¿Lo habría dejado yo ahí por la noche?

Descorrí las cortinas y fuera estaba saliendo el sol. No había ni una sola nube en el cielo y se podía escuchar a los pájaros cantar entre las ramas de los árboles, anunciando que, por fin, tendríamos un día soleado.

Fui hasta la puerta, la abrí y salí a respirar aire puro. Northwood me recibía con los brazos abiertos. Tras la tormenta, siempre llega la calma. Entonces, se me ocurrió. Si la noche de Guy Fawkes empezaba más o menos cuando tiraban los fuegos artificiales y eso había sido a medianoche… ¿contaba

aún hacer el paseo? ¿Era técnicamente el mismo día?

Podía darme una ducha rápida, vestirme y salir.

Ir a la calle principal, High Street, un poco antes del St. Mary’s.

Podría acercarme a Northbloom para coger el desayuno, pasar por la iglesia, por el club de críquet…

Atravesar Green Lane, andar hasta Tree Trunk Sculptures, de ahí a Hog’s Back Open Space…

y terminar en el punto más alto de Northwood, el mirador de Hog’s Back.

—Joder, qué frío. —Había salido a la calle en calzoncillos y con una camiseta de manga corta.

Menos mal que era demasiado pronto como para que alguien me viera.

Volví a entrar, emocionado con mi nuevo plan.

Al final, iba a pasar por todos los sitios importantes en los que había estado con Tom.

Y, cuando terminara, podría escribir a la banda…

Quizá quedar a comer con ellos o aparecer por sorpresa en el colegio.

Tenía ganas de verlos. Me iba a costar, sí.

Pero era algo que tenía (y que quería) hacer.

Recogí el plato de galletas y la tabla de planchar, y aproveché para limpiar un poco la mesa de la cocina.

Me preparé una taza de café, porque la iba a necesitar, y subí al baño a ducharme.

Aún eran las seis y media de la mañana. Traté de hacer el menor ruido posible para no despertar a ninguna de las dos.

Pero, cuando estaba en el pasillo de la planta de arriba, vi a Debbie saliendo de su cuarto.

— Good morning, Mateo

—saludó entre bostezos.

«¡Qué vergüenza! ¡Que estoy aún en calzoncillos!».

— Good-good morning, Debbie —

tartamudeé.

—Where are you off to so early?

—preguntó, inquisitiva.

—

Eh… to have a shower —

improvisé rápidamente.

—And later?

—Uhm… I’m just going for a walk —

dije, sin darle mucha importancia.

— Perfect. We’re going with you.

—Pasó junto a mí, camino del cuarto de Emma.

—Ah, no, no. No hace falta. Si solo es…

— You’re going to do it, aren’t you? —«

Joder, ¿cómo lo ha sabido?».

—What?

—The walk —

sentenció. Y en ese momento me sentí fatal por haber pensado en hacerlo sin ella. Dios, era una persona horrible—. It’s alright, love. I can tell you need it. But… wouldn’t it be better with your family by your side?

¿Con tu familia?

Yo me limité a asentir, todavía un poco avergonzado. Debbie sonrió con esa calidez que siempre le caracterizaba y me cogió para darme un buen abrazo de buenos días.

— Come on. Put some clothes on. It’s goin to be fun. You’ll see.

Me dio un par de palmadas cariñosas en la cabeza y entró en el cuarto de Emma para despertarla. Pude escuchar a Emma protestando… y un bufido de Terrible. Menuda forma de dar los buenos días tenía ese gato.

— Frickin’ cat!

—maldijo Debbie y, al segundo, Terrible salió a toda velocidad del cuarto. Habría jurado que me miró con cara de «buenos días, me gusta tocar las narices a todo el mundo».

Mientras Debbie luchaba con Emma para que se levantara de la cama y empezara a cambiarse, yo fui a mi cuarto, cogí la ropa que iba a llevar durante el paseo y me metí en la ducha, para espabilarme antes de salir. Y es que, siendo sinceros, olía un poco a perro mojado.

Traté de ir lo más rápido posible, no quería esperar más ni que todo estuviera lleno de gente yendo al colegio o a trabajar.

Sin embargo, cuando ya estaba abajo, dispuesto a salir, Debbie estaba en la cocina, hablando por teléfono, con Emma desayunando tranquilamente un plato de huevos revueltos. «¡Con toda la calma del mundo!».

— I’m ready! —

anuncié al entrar en la cocina. Debbie colgó la llamada de golpe y me miró con la sonrisa más amplia que le había visto desde que llegué.

— Are you hungry, love?

—Not really. I was thinking… we can go to Northbloom…

—Oh, yeah. It’s a good… idea. It’s on our way, yes. But… let me drink some coffee first. Is it alright?

—Yes, yes.

—Me senté en la silla, a la espera de que las dos terminaran de desayunar.

Pero el tiempo iba pasando y ellas seguían allí, con Debbie más pendiente del móvil que de beber rápido su café.

«¿¡Venga, qué haces, Debbie!? ¡Que se nos hace tarde!

». Tampoco sabía por qué tenía tanta prisa, simplemente, sentía que tenía que hacerlo ya…

A pesar de que solo eran las siete. Tenía todo el día.

Pero hacerlo a la hora del amanecer le daba un sentido mágico, si es que eso tenía algo de lógica.

— Do you want some coffee, love?

—No, no. I’m ok. I’m fine.

— Ok. Then… we can go… now —

añadió Debbie al fin, después de verme en tensión porque no nos movíamos.

— Perfect! —

Me levanté de un salto—. Let’s go!

Debbie recogió el plato de una Emma que seguía medio dormida, con los ojos aún sin abrir del todo.

Dejó su taza en el fregadero y salimos de la cocina, en dirección a la puerta de salida.

Cogimos los abrigos y un paraguas por si acaso, porque nunca se sabía en Northwood.

Tras revisar que llevábamos todo, abrí la puerta…

para encontrarme a Antonia a punto de llamar al timbre.

Nos miramos, totalmente descolocados durante unos segundos, hasta que fue ella la que tomó la iniciativa y se me lanzó a los brazos, y estuvo a punto de tirarme al suelo, como siempre que me abrazaba.

Tras ella, estaban sus padres y su perro Rufus bajándose del coche.

—Pero ¿qué…? —logré decir, aún un poco en shock.

— Mateo! I’ve missed you! EVERY DAY!

—sollozó en mi oído, llorando desconsoladamente—. What the hell were you thinking?

Venir a North­wood y no decir nada —me reprendió, dolida.

—Iba a hacerlo. Iba a escribiros hoy. Lo juro —me excusé—. Lle-llegué ayer. ¿Cómo os…?

— Debbie, of course! At least she’s got more common sense than you. —

Me dio un suave puñetazo en el pecho.

— Sorry —

me disculpé.

—It’s ok. So… what’s the plan? —

preguntó, emocionada.

—The plan? —

repetí, confuso.

—Vamos a hacer el paseo, ¿verdad? —Espera, pero ¿cuándo se lo había contado Debbie?

—Sí, pero esto… eh…

— C’mon!

Espabila. ¿Se dice así? —Asentí—. Espero que no te importe que estén mis padres. También quieren… venir. Por Tom.

—Por Tom —susurré—. Claro. Eh, quiero decir, que me parece perfecto. Sí, sí. Que vengan, por supuesto. Yo encantado.

— Ok! So… let’s go?

—Let’s go —

sentencié.

Antonia me cogió del brazo y me agarró con fuerza. Pasé junto a sus padres, dándole la mano a su padre y dos besos a su madre, que le tendióla correa de Rufus a Antonia y nos adelantamos mientras Debbie cerraba la casa.

—¿No tienes colegio hoy? —le pregunté a Antonia, que me miró con una mueca de asco impresionante.

— Screw school! —

bufó—. ¿Cómo se dice en español?

—Uhm, supongo que se diría tipo…, no sé… Que le den al cole.

—¡Que le den al cole! —chilló, y nos echamos a reír. «¡Cuánto la había echado de menos!».

Nuestro primer destino fue llegar a High Street.

Aún era muy temprano, pero ya empezaban a abrir algunas cafeterías y los coches ya iniciaban su trayecto diario a Londres o Watford, como cada mañana.

No tenía muy claro en qué punto había que comenzar el paseo.

Pero Debbie sí sabía dónde: en una esquina

de ladrillos rojos, junto a una farola que llevaba sin funcionar casi veinte años. O eso me contó.

— It’s a Northwood classic —

expuso después de acariciarla con la mano. Al parecer, tocarla era parte de la tradición de la familia Green. Así que todos rodeamos la farola después de hacer lo que mandaba la costumbre y ahí comenzamos el paseo.

Por supuesto, fuimos directos al Northbloom para coger bollos para el camino.

A esas horas ya estaba abierto e incluso había gente trabajando con sus ordenadores en el interior.

Entraron los padres de Antonia para comprar comida para todos, mientras Debbie, Antonia, Emma y yo esperábamos fuera, sujetando a Rufus para que no se escapara, porque no paraba de ladrar hacia todos lados, nervioso.

Lo que no esperaba es que aparecieran Vanessa y su madre al final de la calle, viniendo directas hacia nosotros.

¿Qué hacía Vanessa ahí? ¿Tampoco iba a ir a clases ese día?

Al verme, tardó un poco en acercarse. Como si estuviera dudando entre pegarme un puñetazo o un abrazo.

Al final, por suerte, optó por la segunda opción.

—Hola, Mareo —sonrió, con su cínica sonrisa dibujada en la cara, como siempre.

—Hola, Vanessa. Oye, se lo he dicho a Antonia ya. Siento no haber… —me apresuré a decir.

— Don’t be sorry

. We all handle this… this stuff in our own way —

me calmó, siendo lo más comprensiva posible.