Capítulo 46 #2
Ronroneó un poco en respuesta y se acomodó en un lateral del baño, justo bajo el lavabo, en una esquina imposible. Como si quisiera vigilarme, o quizá solo quería estar presente. Era su forma de darme la bienvenida. Eso me gustaba más que cuando trataba de arañarme los tobillos, la verdad.
—Yo también te he echado de menos —le susurré, pensando que lo entendería.
Me metí bajo el agua y me di una más que merecida ducha caliente mientras ensayaba mentalmente lo que le iba a decir a Debbie cuando bajara de nuevo.
Al terminar, cogí la ropa que me había dado perfectamente doblada.
Se me encogió el estómago cuando la olí.
Olía a Tom. Era su camiseta de Bruce Springsteen y su chándal gris.
Pero ahora lo llevaba yo puesto. Me miré en el espejo y traté de peinarme el pelo lo mejor posible.
Seguía teniendo una cara de zombi increíble.
Si al final tenían razón en llamarme zombie boy
, porque cada vez lo parecía más. Inspiré varias veces, todo lo profundo que pude, y salí del baño, seguido por Terrible, que parecía mi escudero, dispuesto a defenderme de cualquier problema que se me presentara por el camino.
Bajé las escaleras, embriagado de nuevo por el olor que venía de la cocina y, cuando llegué al salón, no estaba como yo lo recordaba.
Todo estaba desordenado. Platos con restos de comida sobre la mesa, montones de ropa en uno de los sillones, la tabla de planchar a medio poner a su lado…
Mi mirada buscó botellas de cerveza instintivamente. Deseaba con todas mis
fuerzas que Debbie no hubiera vuelto a beber. Por suerte, no vi ninguna. Simplemente daba la impresión de que Debbie llevaba semanas sin limpiar la casa.
— Hello, love. Are you hungry? —
me preguntó, asomándose desde la cocina—. I’m sorry about the mess. I’ve been meaning to clean up… I just haven’t had the time.
—
No pasa nada… It’s ok —
quise restarle importancia.
—Ven a la cocina —me dijo en un español mucho mejor de lo que recordaba. Tom me había dicho que habían estado practicando todo el verano. Y la verdad es que se notaba.
Volvió a entrar en la cocina y yo, después de echar un último vistazo al salón, la seguí. La mesa redonda del centro tenía una bandeja repleta de Northwood knots
iguales a los de Northbloom. ¿Los habría ido a comprar?
— Fawkes knots. It’s pumpkin and honey —
me explicó casi leyéndome la mente, porque yo no dejaba de preguntarme de qué era esa cobertura naranja.
— They look delicious, Debbie.
—Thanks, love.
Gracias. ¿Cómo es… el vuelo?
Supuse que quería decir «cómo fue», pero no quise corregirla.
—Bien. It was good. I was sleeping so… —
Me encogí de hombros, y sonreí. Me senté en una de las sillas mientras Debbie terminaba de prepararse una taza de café. Me preguntó si quería, yo negué con la cabeza.
— Blimey, I need a lot of coffee these days… —
bromeó y, tras dar un sorbo a su taza, se sentó frente a mí—. ¿Cómo estás, Mateo?
—Bueno… Bien, I guess. You?
—I don’t know. It’s been tough… it still is. And it doesn’t get any easier… —
Se le rompió la voz—. But thanks for coming, Mateo.
—Habría venido antes. Pero los vuelos y el colegio… era un poco imposible —me excusé, antes de hacerle una pregunta que
llevaba rondando mi cabeza desde que recibí la noticia aquella tarde de octubre—. ¿Cómo fue? How… how was it?
Debbie se sorprendió por la pregunta y trató de ganar tiempo bebiendo un poco más de café.
— It all happened so fast… You know… Summer wasn’t easy, with all the scans and tests… You know all that already… —
empezó a explicarme, cogiendo aire casi en cada frase—. But everything seemed fine. There were… there were no signs it was back. That day… he was in his bedroom… he couldn’t breathe. —
Se llevó la mano a la gargantua y luego al pecho—. When we got to the hospital, they did a scan. They found… they found it had spread to his lungs. They said it had had progressed so quickly. His oxygen levels kept dropping. They tried everything, but his lungs just… gave out.
—I’m so sorry, Debbie —
susurré, cogiéndola de las manos. Ella me las apretó con fuerza y cerró los ojos. Había conseguido contármelo todo sin derramar ni una sola lágrima.
— But… but he-he left something for you.
—Something for… something for me? —
pregunté, confuso.
—Sí —respondió—. Lo tengo… lo tengo guardado —dijo, y se levantó de la mesa, dispuesta a ir a por ello.
—Yo también tengo algo para él —añadí yo, pero ya se había ido.
Salí de la cocina y fui a por mi mochila.
Abrí uno de los bolsillos y saqué la bolsa de papel.
Estaba un poco húmeda, pero se había salvado del agua.
Menos mal. De su interior saqué el cuaderno y el imán que le había comprado en el Museo Británico.
Me quedé un rato mirándolos, recordando aquella tarde en Londres, los dos solos en esa iglesia en ruinas, repleta de enredaderas y vegetación…
y con aquella chica haciéndonos una foto. Qué día más perfecto.
— Love, are you alright? —
me preguntó Debbie. Me había vuelto a pasar lo mismo, me había puesto a llorar sin darme cuenta.
— No… —
susurré, totalmente derrumbado, y Debbie corrió hacia mí para volver a abrazarme con fuerza. Si no llega a ser por ella, me habría caído al suelo. Porque me costaba mantenerme de pie. Todo estaba siendo demasiado. Quizá había sido una mala idea ir a Northwood tan pronto.
No sabría decir cuánto tiempo estuvimos ahí abrazados. Desde que… desde que pasó «eso», no era muy consciente del tiempo como tal, la verdad. Me costaba recordar qué día había hecho qué, como si todo fuera una maraña de acciones y pensamientos sin sentido temporal.
— Let’s sit down… —
sugirió con dulzura.
Quitó lo que había sobre el sofá, haciendo sitio para que nos sentáramos los dos. La obedecí, pero sentía que andaba de una forma más mecánica que natural.
Cuando me senté, vi que tenía en sus manos un pequeño sobre de color naranja apagado.
—¿Es… es para mí? —pregunté.
— Tom left it for you. —
Me entregó el sobre.
Tardé un poco en entender lo que era, hasta que vi que, uno de los lados, estaba escrito en rotulador permanente: london ’26
.
Abrí el sobre y, en su interior, había un paquete de fotos.
Había revelado las que hicimos aquella tarde en Londres.
Ahí estaba yo, con el Big Ben de fondo. También la foto que nos hicimos tumbados en el césped, sacando la lengua a la cámara.
Otra en la misma posición, pero yo miraba a Tom mientras él miraba al objetivo.
También había alguna de Debbie y de Emma.
O del Museo Británico. Y una… Esa no recordaba haberla hecho.
Era yo de espaldas paseando por la calle.
Y había otra mía mirando el escaparate de la tienda de Disney. Y otra mía sentado
en el metro, mirando el móvil. ¿Cuándo me había hecho todas esas fotos?
— He was an amazing photographer —
comentó Debbie mientras miraba las fotos conmigo.
Y, al final de todas, estaba la que nos hizo aquella chica en la iglesia en ruinas.
Tom apoyando su cabeza en mi hombro, mirando los dos a cámara.
Bueno, yo salía con los ojos cerrados. Él no.
Y podía ver cierta tristeza en su mirada, aunque la imagen estuviera sacada de lejos.
Le di la vuelta y vi que había algo escrito en ella:
Si me rompo… que sea contigo
Pero no lo había hecho. Se había roto, sí, pero solo. Y luego me había roto a mí. También solo. No había cumplido su promesa. No había cumplido lo que decía en su canción. Y ya no podría cumplirlo. Porque ya no estaba conmigo.
—¿Qué quieres hacer esta noche? —improvisó Debbie, cuidando muy bien la pronunciación de cada palabra.
—¿Esta noche?
— Bonfire Night, remember? —
expuso, como si fuera algo obvio.
— I wanted to… well… Tom told me something…
— About our annual walk? —
dijo Debbie, interrumpiéndome.
— Yes. I wanted to… well… I wanted to do it.
—I can do it with you, if you want —
sugirió, sonriente.
— Sure! —
respondí, emocionado. Porque yo no tenía fuerzas para hacer ese camino solo.