El mundo entre nosotros Capítulo 41 #2
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Capítulo 41 #2

Yo tenía la caja entre las manos. Era de madera y tenía un grabado encima donde se leía «The Turlips». Casi me pongo a llorar solo de verlo.

— Open it —

me susurró Tom. Inspiré profundamente y levanté la tapa.

Dentro había varias cosas que, a primera vista, no reconocí. Lo primero que cogí era una pluma negra plastificada… Espera, reconocía esa pluma. Porque la había visto muchas veces. Esa… ¿era la pluma de la suerte de Iwan?

— That’s mine! —

dijo Iwan, levantando la mano, orgulloso—. It’s good luck.

—

¡Pero es tuya!

— Now it’s yours. Ryan’s got a lot more feathers… —

bromeó.

— Thanks. Thank you. A lot. —

No sabía qué más podría añadir para mostrar lo agradecido que estaba.

—De nada —respondió Iwan con su acento especial.

Lo siguiente que encontré en la caja era una de las baquetas que usaba Vanessa para tocar su batería.

Estaba firmada con un rotulador permanente.

Después cogí una pulsera trenzada hecha con dos cuerdas de cuero y una pequeña bola de color verde y otra de color azul oscuro dentro.

Esa era de Antonia. Me explicó que era una pulsera tauro.

Una pulsera que se regalaba a gente importante en tu vida, que el color verde simbolizaba lealtad, y el azul oscuro, valentía.

—Cuando veas a otra persona con una pulsera tauro, tienes que darle una de las bolitas que hay en la tuya y esa persona te dará una de las suyas. That’s how it works.

Nunca había oído hablar de esas pulseras.

Era preciosa, y encima me la había regalado Antonia.

Me la puse en la muñeca, con la ayuda de Tom, y seguí investigando en la caja de madera.

Lo siguiente que saqué fue una púa de guitarra de color negro con puntos plateados que brillaban según la movías, reflejando la luz.

— That’s mine —

dijo Roy, a regañadientes—. It’s my guitar pick.

Ya sé que tú no tocas la guitarra, pero… bueno, para que la tengas.

Lo miré y estaba tratando, por todos los medios posibles, evitar mirarme directamente, rojo de la vergüenza.

— Thanks, Roy.

De verdad.

— Whatever —

bufó, y se puso a comer patatas fritas para tratar de disimular que él también se había emocionado.

— And the last one… —

anunció Tom. Al fondo de la caja de madera había una pequeña bolsa de tela blanca casi transparente. La cogí entre mis dedos y, después de abrirla, volqué en mi mano lo que había en el interior. Era un colgante dorado con un símbolo que no reconocí—. It’s your zodiac sign. Cancer.

Nada más decirlo, se bajó un poco el cuello de la camiseta y sacó el colgante que llevaba él, con otro símbolo diferente.

— And this is Scorpio. My sign. Do you like it?

—

¡Claro! Es-es precioso.

—Te ayudo. —Acercó sus manos para que le diera el colgante. Lo abrió con cuidado y me lo colocó alrededor del cuello—. Ya está.

—Muchas gracias —le dije, emocionado—. Es decir, muchas gracias a todos. No… Sois-sois increíbles.

Me estaba costando mucho reprimir las lágrimas, la verdad.

— Ok. Now, give it back. I need it —

dijo Roy, y todos nos echamos a reír, con Iwan cogiéndolo de los hombros y tratando de revolverle el pelo, pero Roy se separó al momento, entre bufidos y gruñidos.

Tras la comida en Captain Rock, fuimos directos a Northbloom a coger el postre.

Harry, el dueño, nos miraba por encima del hombro, casi como si hubiéramos ido allí a robar.

No era nuestra culpa que hubiera querido dar ese cheque regalo a los ganadores del Sunset Festival. Quizá debería habérselo pensado mejor.

Cogimos una bolsa de Northwood knots

y varios batidos de vainilla y chocolate para el camino. El plan era ir al club de críquet. Tom llevaba insistiendo con eso desde el día anterior. ¿Es que querían volver a tocar una última vez todos juntos?

Cuando llegamos, dos equipos estaban entrenando en el campo, dando golpes a la pelota y corriendo de un lado para otro, con varias personas gritando en los laterales, vestidos con los mismos uniformes que los equipos que jugaban.

Solo esperaba que no me hicieran jugar a ese deporte imposible, porque no iba a ser capaz de dar ni una.

Entramos en la casa club y Hugh salió a recibirnos en cuanto nos vio.

Tom le contó que yo me marchaba al día siguiente.

—Buen… ¿viaje? —se aventuró, sin estar muy seguro de haberlo dicho bien.

—Gracias, Hugh —respondí, con una pequeña reverencia.

—¿Qué haces? —me preguntó Tom.

—No sé, hay veces que me sale solo —me excusé, vergonzoso, y Tom se echó a reír, no entendiendo nada.

Hugh nos acompañó hasta el salón de actos y, después de abrirnos la puerta y dejarnos las llaves para que luego lo dejáramos todo cerrado y recogido, me deseó un buen viaje una vez más antes de marcharse, apoyado en su bastón, cojeando, de regreso a recepción.

Todos entramos en el salón de actos y fuimos al escenario, para coger los instrumentos de la parte de atrás, colocándolos en las posiciones de siempre.

— Did I miss anything? —

preguntó alguien desde la entrada. Era Andrew, que había venido con su cámara de vídeo colgada al hombro, metida en su funda.

Espera, ¿nos iba a grabar? ¿Qué hacía ahí Andrew?

Vino corriendo hacia el escenario, subió los escalones con prisa y sacó la cámara de la funda, dejándola en un lateral del escenario—. Ok. I’m ready.

—Great! —

dijo Tom.

—¿Qué está pasando? ¿Qué vamos a tocar? —pregunté, no entendiendo nada.

—Mateo, tú no vas a tocar. Tienes que sentarte en la primera fila. —Tom me señaló con la mirada el patio de butacas.

—Espera, ¿qué? ¿Cómo que me tengo que sentar?

— We have another present for you. I have another present for you —

me confesó, rojo de vergüenza.

—¿Otro regalo?

— I… I wrote this song for you.

«¿Cómo? Espera… ¿me había compuesto una canción? ¿A mí?».

—La banda me va a ayudar a tocarla y Andrew va a grabarlo para que lo puedas tener, para que lo veas siempre que quieras.

—¿Una canción… para mí? —Es que no me lo podía creer.

— Yes! A song for you! God. Are you deaf or what? —

gruñó Roy, siempre tan amable y simpático. Reaccionando en automático, asentí y me di la vuelta, directo hacia las escaleras para bajar del escenario, pero Tom me lo impidió. Me giró y me dio un beso en los labios—. I’m gonna puke.

—Shut up, Roy! —

le abroncó Vanessa.

Nuestras bocas se separaron y entendí que era el momento de sentarme en la primera fila del patio de butacas. Aunque, cuando lo hice, me di cuenta de que se veía fatal, así que, antes de que comenzaran, les dije que esperaran un segundo mientras me cambiaba a una de las filas centrales.

—Ok. ¡Ya! —grité. Tom se acercó a su micrófono y, tras ajustarlo a la altura que quería, probó que funcionara.

— This is «Kintsugi». Hope you like it. —

Me guiñó un ojo.

Vanessa chocó tres veces sus baquetas y comenzó a tocar. Un ritmo pausado pero continuo. A este se le añadió la guitarra de Roy, dando paso a Tom, que sujetó bien el micrófono y comenzó a cantar.

They say broken things can

’ t be fixed

I was taught you only matter when you

’ re whole

So I learned to hide every crack

Like breaking apart was something I should control

—« I just wanna feel something real tonight, I just wanna know I

’ m not alone. If I

’ m breaking, let it show. I don

’ t wanna face this night on my own…

» —

cantaron Tom y Roy a dos voces.

La canción era perfecta, con un toque rock diferente, pero que, de alguna forma, tenía el estilo inconfundible de la banda.

—« I look round and round… kintsugi

» —

susurró Tom al micrófono para volver a saltar al estribillo de nuevo, con la fuerza del bajo de Iwan de fondo—. « I just wanna feel something real tonight, I just wanna know I

’ m not alone…

» —

Cantaba con rabia, aunque sonreía cuando me miraba directamente.

—« Na na na na. Na na na na

» —

coreaban Iwan y Antonia.

—« I look round and round… kintsugi

» —

seguía repitiendo Tom, hasta que llegó el final, con un riff de guitarra absolutamente impresionante de Roy, para terminar con la última frase de la canción, esta vez en español—. Pero si me rompo… que sea contigo.