El mundo entre nosotros Capítulo 41
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Capítulo 41

Esa tarde Tom tuvo doble turno de rehabilitación, así que yo me quedé en casa esperándolo y echando un ojo a Emma mientras Debbie iba con él, para llevarlo en coche y esperarlo a la salida.

Ya no tenía exámenes por delante ni ensayos para el festival.

Lo único que me quedaba era preparar mi maleta y que no se me olvidara nada por el camino.

En vez de hacerla el martes, podía empezar a hacerla esa misma tarde.

Aunque se me hacía cuesta arriba. Porque eso suponía que se había acabado North­wood.

Cogí mi mochila, la abrí y le di la vuelta, sacudiéndola para que cayera todo lo que había dentro, por si me dejaba algo ahí.

Entonces, entre mis cosas, cayó sobre la cama una pequeña bolsa de papel rojo.

¿Qué era eso? La cogí y, tras abrirla lentamente, descubrí unas bolitas de color morado que olían a chicle.

¿Desde cuándo estaba eso ahí dentro? No me sonaba haberlo metido…

Dentro de la bolsita había un papel blanco doblado varias veces. Lo cogí y lo desdoblé. Había algo escrito:

Suerte en tu primer día. Tom :)

El mensaje iba acompañado de una carita sonriente. «¿Esa sería la sorpresa que me había dicho Tom cuando preparó mi

mochila el primer día? ¿Habían estado esos caramelos ahí todo ese tiempo y no los había visto? ¿Cómo podía ser tan mono?».

Miré hacia mi escritorio, ahí estaba la pelota de críquet junto al libro que le había comprado en la librería de Londres.

Le había pedido a Deb­bie papel de regalo, pero yo siempre había sido incapaz de saber cómo envolver algo.

Había aprovechado que Tom estaba en la rehabilitación para tratar de conseguirlo, pero ya había gastado medio rollo y era negado. Una nulidad absoluta.

—¡Me cago en todo! —gruñí cuando se me rompió el papel por una de las esquinas del libro.

Es que no eran esquinas, eran cuchillas.

O ese papel era el más fino de la historia de los papeles.

No podía ser tan negado. Miré tutoriales en el móvil, pero todo el mundo parecía bastante más espabilado que yo y…

— What are you doing? —

me sorprendió una voz desde la puerta de la habitación. Me giré y vi a Emma. ¿Estaba hablándome en un idioma normal y no en el suyo inventado?

— I’m trying to…

envolver esto. —Ni idea de cómo se decía envolver.

— I can help —

sugirió, y entró en el cuarto.

— Are you sure?

No dijo nada más. Se acercó a mi escritorio y yo me hice a un lado. Cogió el libro entre sus manos y lo observó un rato.

— It’s about two boys… —

Pero a Emma le daba bastante igual la sinopsis del libro.

No estaba tratando de leer de qué iba, sino que se había limitado a estudiarlo.

Como si estuviera midiendo sus dimensiones mentalmente.

Lo dejó sobre la cama y, acto seguido, cogió el papel de regalo.

Lo desplegó al lado del libro, desenrollándolo poco a poco.

Terrible entró en el dormitorio y se subió de un salto a la cama, como si también quisiera aprender a cómo envolver regalos. Dio un par de vueltas, pellizcó un poco el colchón y se acurrucó al lado de mi almohada. Iba a tener que sacudirla bien

antes de irme a dormir, porque iba a estar llena de pelos.

Al mismo tiempo, Emma colocó el libro sobre el papel y lo cubrió.

Lo giró ciento ochenta grados y dobló y desdobló varias veces, cubriendo las esquinas como si fuera auténtica magia.

Al rato, el libro ya estaba envuelto y ni siquiera le había hecho falta utilizar celo.

Solo al final, para cerrarlo como si fuera un sobre.

—That was… amazing. Where did you learn to do that?

—School —

respondió, encogiéndose de hombros.

— Wow. Just… wow —

dije mientras cogía el libro entre las manos con delicadeza, como si mis dedos torpes fueran a romperlo si lo apretaba demasiado.

— I’m hungry —

me dijo entonces, poniéndose de nuevo en pie.

—Ah, claro. Hora de merendar. Eh, vale… Puedo… supongo que puedo prepararte algo, ¿no?

Emma me sonrió (aunque me mostró una de esas sonrisas tan perversas y extrañas que ella siempre hacía) y esperó paciente a que yo escondiera el libro dentro del armario y saliera con ella (y con Terrible) al pasillo.

No tenía ni idea de qué cosas le dejaba merendar Debbie, así que tendría que improvisar algo.

— I want pudding.

—

¿Pudding? —Al parecer, Emma lo tenía todo muy claro—. ¿Y dónde está el pudding? —susurré entre dientes, abriendo todos los armarios hasta que di con un sobre de color azul en el que se veía la imagen de una especie de flan y se podían leer las palabras Pudding and Vanil­la

—.

Supongo que será esto.

Leí las instrucciones por detrás y fui recolectando los ingredientes que necesitaba: leche, azúcar y…

y ya está. Menudos polvos mágicos. Lo eché todo en una cazuela, la puse al fuego y me puse a remover.

No tenía ni idea de cómo tenía que quedar.

Y si era como el que salía en la foto del sobre, íbamos listos.

Porque, después de diez minutos removiendo, eso tenía una pinta de baba amarilla rarísima.

— I don’t know, Emma… —

dudé, volcando toda la mezcla en un cuenco.

Se lo mostré a Emma, que lo cogió entre las manos y, valiéndose de una cuchara, lo probó.

Después de unos segundos de indecisión, se relamió y siguió comiéndolo hasta que limpió el cuenco por completo.

Bueno, pues ya podía valerme por mí mismo, a base de puddings

de vainilla.

Gracias a esa receta, Emma no quiso separarse de mí en toda la tarde, ni tampoco al día siguiente. Es más, cuando fuimos a comer a Captain Rock ,

a punto estuvo de venirse con nosotros. Menos mal que Debbie apareció para salvarnos y llevársela a sus clases de natación, de guitarra… o de lo que fuera. No tenía ni idea.

—Caerle bien a mi hermana es muy difícil.

Enhorabuena —me felicitó Tom cuando nos sentamos en la mesa del restaurante.

Éramos los ganadores del Sunset Festival, así que nos trataban como reyes.

Nada más llegar, nos dieron la mejor mesa del local y, antes de pedir, ya teníamos todos nuestras bebidas y un par de raciones enormes de patatas fritas cubiertas con diferentes salsas.

—Si llego a saber que solo hacía falta un pudding de vainilla mal hecho… —bromeé.

—Ah, pero no solo ha sido eso. It’s been a month, Mateo. You’ve been like another brother to her this past month.

Y el otro día cuidaste de ella. Desde que pasó lo de mi pierna se volvió más… ¿tímida? Inventó el pamish

y su único amigo era Terrible. She’s been through a lot too, and she’s so… young.

Tú la has tratado bien. Estás ayudando a que vuelva a abrirse —me explicó Tom.

—¿Sí? ¿Tú crees?

Tom asintió y posó su mano sobre mi pierna, apretándola suavemente como muestra de cariño, y yo dejé caer mi cabeza sobre su hombro, más a gusto que nunca.

— So… are we ordering then…?

—preguntó Vanessa, a ver si alguien tomaba la iniciativa, porque, desde que nos habíamos sentado, nadie nos había tomado nota.

— I don’t know, but I’m famished —

respondió Iwan, que se abalanzó sobre uno de los platos de patatas fritas y lo arrastró hacía su lado, como si solo lo fuera a comer él.

Al rato llegó el camarero con una bandeja repleta de fish&chips

y, sonriente, fue sirviéndonos a cada uno: más patatas fritas, el pescado rebozado, puré de guisantes, un tarrito de salsa tártara. También dejó en el centro un par de botellas de plástico que tenían un vinagre especial y un cuenco repleto de trozos de limón.

— I am going to miss this —

me salió del alma decirlo en voz alta en cuanto el camarero terminó de servírnoslo todo.

—Puedes pedirle a Debbie su receta y hacerla en Madrid —me sugirió Tom.

—¿Yo? Soy negado cocinando. Pero mi padre… Ah, podría pedírselo, sí.

Aunque no sabía yo si a mi abuelo o a mi primo Bruno les iba a gustar comer pescado rebozado. Eran bastante especialitos, por decirlo de algún modo.

— When are…

¿Cuándo vas a volver a Northwood? ¿Vendrás en verano? —me preguntó Antonia. De toda la banda, era con la que mejor había conectado, desde luego. Sin contar a Tom, claro.

—Jo, pues me encantaría. Pero dependerá de mis padres. Quizá podáis venir vosotros a visitarme a Madrid.

— No way —

bufó Roy.

—Simpático hasta el final —bromeé, y este resopló, haciendo que su flequillo se levantara un poco, dejando ver su cara al completo. Entonces, Antonia se levantó de repente y, cogiendo un vaso de limonada, lo elevó hasta el centro.

— A toast for Mateo… How do you say that in Spanish?

—

¿Brindis? —aventuré.

—¡Un brrindis! ¡Por Mateo! Por dar suerte, ayudarnos a ganar, teaching us

Spanish and for being so nice….

—To Mateo —

intervino Tom—. For being exactly who he is.

—To Mateo! —

repitió Antonia, todos cogieron sus vasos, incluido Roy, y los chocaron en el centro de la mesa, mirándome, sonrientes.

—No, no. Un brindis por mí no. Un brindis por vosotros. Un brindis… por Los Turlips —afirmé yo, Vanessa asintió, estando de acuerdo, y repetimos el brindis por todos nosotros. Por mis nuevos amigos. Por mi nueva familia.

— Now…

¡ rregalos

! —gritó Antonia.

—Espera, ¿cómo que regalos? ¡Yo no he comprado nada a nadie! —Salvo a Tom, pero no le iba a dar un regalo delante de todos sin haberles comprado algo a los demás.

—Todos tenemos un regalo for you —

anunció Vanessa, sacando de su mochila una caja de madera—. There’s something from each of us in this box. We hope… —

Fue mirando a todos mientras lo decía—, it means something to you.

—

Pero qué dices. ¿En serio? ¡Que no hacía falta! Dios, ahora me siento fatal. I don’t have… anything for you… —

me disculpé, nervioso como el que más. Qué vergüenza me daba ser el centro de atención, recibiendo regalos, sin poderles dar yo nada a cambio. No me parecía justo.

—Oh, in that case… —

Fingió que lo volvía a guardar en su mochila, pero se echó a reír y me dio la caja de nuevo—. C’mon, open it.