Capítulo 40
What is the name of Miss Havisham
’ s manor?
Esa era la primera pregunta del examen sobre Grandes esperanzas
y, por supuesto, no tenía ni idea de… Espera, esa me la sabía. Era…
— Satis house —
susurré, y marqué la casilla que yo creía que era la correcta.
A ver, no me había terminado el libro, pero de algo me acordaba.
Y también, el domingo después de volver de Londres, Tom me ayudó a repasar los puntos más importantes del libro.
Porque él se lo había leído ya varias veces.
Debbie dio su concierto y nosotros nos quedamos en casa, cuidando de Emma y, sí, estudiando.
Al menos iba a hacer lo posible por aprobar el examen de English Literature
. No quería decepcionar a Mr. Whitmore ni a Tom ni a nadie. Pero claramente necesitaba ayuda. Menos mal que Tom estaba ahí, como siempre desde que había llegado a Northwood.
Who is Pip’s mysterious benefactor?
Esa ya no me sonaba tanto. «¿Quién era el misterioso benefactor de Pip? Ah, coño, claro. Este señor… El tal Magwitch». Busqué su nombre entre las respuestas y ahí estaba. Bien. Ya llevaba dos de dos. Solo me quedaban otras dieciocho. Quizá podía aprobar.
Aun así, me costaba bastante centrarme en el examen que tenía delante.
No dejaba de pensar en que en dos días ya estaría volando de vuelta a Madrid.
El martes por la tarde habíamos quedado toda la banda para hacer la despedida oficial y se me encogía el estómago solo de pensarlo.
Primero iríamos a comer al Captain Rock ,
que teníamos comida gratis y luego al Northbloom a por el postre. Y de ahí al club de críquet. No sabía por qué querían quedar ahí, pero Tom había insistido bastante.
—No preguntes más —me dijo cuando no dejé de insistirle para que me contara la razón—. Trust me, alright?
—Yeah, yeah. Alright. I trust you. —
Cuando quería, era igual de cabezota que su madre, y eso que era difícil.
What main flaw does Pip develop as his social status improves?
Uy, ahí me habían pillado. A ver las posibilidades… Greed and excessive ambition, Pride and snobbery, Cowardice and lack of character, Emotional detachment. «
Genial. Ni idea». Esa la tendría que contestar echándolo a suertes, porque no me iba a quedar otra.
O podía ir leyendo las siguientes, a ver si se me encendía la bombilla por algún casual.
Y mira que había estado repasando las preguntas que me había preparado Tom hasta altas horas de la noche.
Escuché llegar a Debbie y era como la una de la madrugada.
Agudicé el oído, deseando con todas mis fuerzas que no hubiera vuelto borracha.
No escuché nada. Ni golpes ni cosas cayéndose al suelo.
Nada. Hasta que alguien llamó a mi puerta y era ella.
Le dije que podía pasar y, cuando la miré, no parecía haber bebido nada.
Seguramente la visita de la asistente social el otro día la habría asustado más de la cuenta.
Parecía estar manteniéndose lo más alejada posible del alcohol.
Tampoco olía a cerveza como otras noches.
— Still studying? —
preguntó al asomarse.
— Yes.
Pero me voy ya a la cama. To sleep —
respondí—. ¿Cómo fue…? How was it? The concert?
—Good, love. Thanks for asking. We play Bowie’s songs… and some Coldplay. You know Coldplay?
—Of course. —
¿Cómo no iba a saber quiénes eran Coldplay? De hecho, una de mis canciones favoritas era suya.
— Next time… —
murmuró, como queriendo decir que ya iría a otro concierto suyo tarde o temprano. Ojalá, Debbie, ojalá—. Good night and sweet dreams, sweetheart.
—Good night, Debbie.
Debbie me sonrió de vuelta, asintió un par de veces y salió de mi dormitorio mientras se alejaba tarareando una canción.
—« Just because I’m losing… doesn’t mean I’m lost…
» . —
Cerró la puerta con suavidad, evitando hacer ruido, mientras iba tarareando casi en un susurro. Iba a echar de menos ese silencio a esas horas de la noche. En Madrid tendría que estar soportando los ronquidos de Bruno o el camión de la basura pasando justo bajo nuestra ventana.
Describía mi vida en Madrid casi como si fuera lo peor del mundo. Tampoco lo era tanto. Además, echaba de menos a mis padres, sobre todo. Y a mis amigos. ¿No podía tenerlo todo a la vez? ¿No podría venir a Northwood una vez al mes? ¿Tan difícil sería?
Cuando quise darme cuenta, ya había pasado casi todo el tiempo que teníamos para responder las preguntas del examen. Yo llevaba contestadas diez y no estaba seguro ni de la mitad. Tendría que jugármela. Qué remedio. Ojalá estuviera Tom a mi lado para chivarme las respuestas.
Esa noche no habíamos dormido juntos, porque Emma insistió en dormir con él. Al parecer, tenía miedo. Y me dio un poco de rabia, honestamente. Porque ella lo iba a tener siempre y a mí solo me quedaban tres noches con él. Bueno, ya solo dos. Me entraban ganas de llorar y…
— Time! —
anunció Mr. Whitmore, y, como nos había enseñado, tuvimos que levantar las manos, dejando claro que no seguíamos escribiendo.
El delegado de clase, un tal Jameson, se levantó del pupitre de primera fila y fue recogiendo todos los exámenes, ordenándolos en un montón de folios que entregó al profesor.
El timbre del fin de la clase sonó y todos salieron casi corriendo fuera del aula, camino del recreo.
Yo, como siempre, tardé un poco más de la cuenta en recoger todo y, cuando por fin me levanté para salir del aula, el profesor Whitmore me lo impidió desde su escritorio.
— Mateo, wait, please.
—
¿Pasa algo? —Ya había entregado el examen. «¿Es qué tenía que hacer algo más?».
—Si esperas unos minutos, te daré la corrección de tu examen, si te parece —dijo con calma, y con un acento español superrelamido y pomposo. Muy de profesor de literatura, desde luego.
—Claro, claro. Aunque no sé yo…
— Have a little faith, Mateo… —
sugirió, torciendo un poco el gesto. Rebuscó entre todos los papeles el que tenía mi nombre—. Aha! Here you are. Let’s see.
Tampoco es que fuera a tardar mucho. Era la parte positiva de hacer exámenes tipo test. Corregirlos debía de ser lo más sencillo del mundo.
Intenté no fijarme mucho en su expresión, pero era imposible porque no dejaba de hacer sonidos mientras corregía, negando con la cabeza más veces de las que pude contar.
Fui repasando mentalmente todas mis respuestas.
Estaba seguro de, como mínimo, la mitad de ellas.
Bueno, seguro, seguro… tampoco. Pero no me quedaba otra que confiar.
Después de cinco minutos de tensión absoluta, dejó el bolígrafo sobre la mesa, suspiró un poco y me miró. ¿Pensaba decirme en algún momento mi nota, o iba a mantenerme en vilo durante mucho más tiempo?
— And…? —
quise saber, haciendo un gesto con las manos, como pidiéndole que hablara de una vez por todas.
— You passed —
lo dijo esbozando una medida sonrisa rarísima. Pero eso daba igual. Lo importante era lo que me había dicho.
—Espera, ¿qué? ¿He aprobado? —No me lo podía creer.
—Un cinco. —Me mostró el examen, con la nota escrita en rojo en la esquina superior derecha—. Mis felicitaciones, Mateo. Te has esforzado. No mucho, pero te has esforzado.
—¡Gracias! —respondí, eufórico—. No esperaba esa nota para nada. ¿Me-me puedo llevar el examen?
—Claro. Es tuyo.
Cogió el papel y me lo tendió. Yo lo recibí casi como si fuera un auténtico regalo y revisé que no me lo había imaginado, que realmente ahí había escrito un número cinco, arriba del todo. Estaba aprobado. ¡Estaba aprobado!
—¡Gracias de nuevo!
—Me ha gustado conocerte, Mateo Luarte. We didn’t talk much, but I can tell… you are a very special young man. —
Se puso en pie mientras lo decía. Se acercó y me pasó la mano por el hombro, apretando suavemente—. Make sure you come back.
Y, con una sonrisa amarga, me soltó y salió del aula, con su maletín bajo el brazo, camino de su despacho o de la cafetería, alejándose de mí. No habíamos tenido mucha relación, pero me había gustado como profesor y me daba pena despedirme de él.
Estaba jodido. Realmente jodido.
Porque eso significaba que, si despedirme del profesor de English Literature
me daba pena… ¿cómo iba a ser cuando me despidiera de la banda? ¿De Antonia? ¿De Debbie? ¿De Tom? No iba a poder soportarlo. Menos mal que, en menos de cinco meses, lo volvería a ver, y en mi ciudad. No sería lo mismo, claro que no, pero sería genial igualmente, porque estaríamos juntos.
— Wait! —
grité—. I’ve got your book!
¡Se-se lo devuelvo! —grité. El profesor Whitmore ni se dio la vuelta.
— A little farewell gift! —
respondió, y despareció al doblar la esquina.