El mundo entre nosotros Capítulo 38
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Capítulo 38

—And in fifth place tonight, we have… If we were kids! You

’ ll be taking home a one-month discount voucher for Northbloom —

anunció Mr. Whitmore. Los tres chicos del grupo parecían un poco decepcionados, pero, en cuanto subieron al escenario, lo celebraron como si hubieran quedado primeros.

A fin de cuentas, ya era una victoria haber llegado hasta allí en su primera participación.

¡Y encima se llevaban descuento para Northbloom!

—Harry no debe de estar muy contento… —susurró Antonia. Har­ry era el dueño de Northbloom, y no le caían nada bien los adolescentes.

—Pues imagínate que ganamos nosotros —respondí, y es que, el primer día que conocí a la banda, ya me avisaron de que, entre todos los adolescentes que había en Norhtwood, a ellos era a los que más odiaba.

— In fourth place tonight, we have… MAX! You

’ ll be taking home a one-month discount voucher for Northbloom too —

anunció Whitmore. MAX subió al escenario, recogió el cheque regalo de sus manos y aprovechó para acercarse al micrófono.

— Thanks, Nortwhood! And thanks to the judges, for your complete lack of musical taste! —

exclamó MAX, con toda su mala leche. La gente empezó a silbarlo y se bajó del escenario,

refunfuñando y protestando. En cuanto pasó a nuestro lado, lo vi rompiendo el cheque regalo por la mitad. «Menudo mal perder tienen algunos».

—Wow —dijo Vanessa—. Es como ver a Roy por duplicado. —Todos nos echamos a reír, menos Roy, que le enseñó el dedo corazón.

—In third place, winning a free meal for the whole band at Captain Rock, plus a month of free drinks at Northbloom, we have… Black Rose!

Uf. Sentía que el corazón se me iba a detener en cualquier momento.

Estábamos entre los dos primeros. O Aisha o nosotros.

Y aunque quedáramos segundos, era una gran victoria…

No. ¿A quién pretendo engañar? ¡Queríamos ganar!

El chillido de las Black Rose se escuchó en medio North­wood.

Las tres subieron al escenario entusiasmadas, en éxtasis.

— And, of course, this gorgeous bouquet, courtesy of Cherry blossom tree.

El profesor Whitmore les entregó un ramo de flores enorme y precioso. Las tres lo recibieron, sonrientes, sacando la lengua y haciendo el gesto de los cuernos con las manos. Las más rockeras del lugar. La verdad es que sus actuaciones habían sido icónicas.

— OK! And now, our winner. They’re taking home not only a free meal at Captain Rock and three months of free drinks at Northbloom but also… seven hundred pounds!

—Todo el mundo gritó al escuchar el premio en metálico.

Tom, que se había acercado en cuanto terminaron las actuaciones, nos dio la mano a Roy y a mí.

Roy se la dio a Vanessa; esta, a Iwan, e Iwan, a Antonia.

Yo le di la mano a Aisha, que estaba a mi lado, y cerré los ojos, concentrado.

Deseando con todas mis fuerzas que dijera nuestro nombre.

«The Turlips, The Turlips, The Turlips»—. Do you wanna know?

—YEAH!

—gritamos todos junto al público.

— And our new winner is… THE TURLIPS! —

exclamó.

A partir de ese momento solo podía escuchar los gritos de la banda, del público, mi corazón latiendo en mi cabeza. Todo mezclado. A la vez. ¡Habíamos ganado!

¡No me lo podía creer!

Le di un abrazo a Aisha, que me felicitó por nuestra victoria, y acto seguido nos unimos los seis, cogiéndonos de nuevo en grupo, saltando desquiciados y llorando de felicidad.

Subimos al escenario, vitoreados por el público.

Mr. Whitmore nos dio un ramo a cada uno y a Tom, líder de la banda, el cheque regalo de Northbloom, el de Captain Rock y, por supuesto, el de las setecientas libras que levantó en el aire.

— Yeaah! —

chilló, y le dio el cheque a Vanessa para que lo mirara.

Acto seguido, me miró y me cogió de la cara para plantarme un beso en los labios con toda la pasión de la que fue capaz.

Fue solo un segundo, pero, uf, ese beso me supo a gloria, desde luego.

La gente no dejaba de aplaudir y, entre ellos, el propio Mr. Whitmore.

Debbie estaba llorando entre el público y las pocas bengalas que quedaban sin encender se encendieron en ese momento, creando una galaxia de luces que nos iluminaba, que nos decía: habéis ganado. Disfrutadlo.

— And now, please welcome The McCartneys! —

presentó Mr. Whitmore, aunque nosotros seguíamos sobre el escenario, con Iwan dando saltos de alegría ahora que tenía él el cheque en la mano.

— Please, you have to… —

empezó a decirnos nuestro profesor.

— Relax, bro —

le dijo Roy, interrumpiéndolo, y empezamos a bajar del escenario.

El grupo que tocaba a continuación estaba formado por dos hombres y dos mujeres que tendrían unos cincuenta años. Uno de ellos me miró y me mostró su pulgar hacia arriba. Supuse que sería su forma de felicitarnos. Empezaron a colocar todos sus

instrumentos sobre el escenario y, mientras lo hacían, escuché a lo lejos a Debbie gritando. La busqué entre el público y vi cómo venía a nosotros a toda velocidad.

— Good night, Northwood! We are The McCartneys! Are you ready to have some fun?

La gente, que seguía emocionada tras el reparto de premios, gritó en respuesta. Y ese fue el detonante para que comenzaran a tocar. Escuché unos riffs de guitarra y un teclado hasta que uno de ellos comenzó a gritar.

— Jet!

El público respondió, elevando el puño al aire. Aunque los que más parecían disfrutar la canción eran los más mayores. El resto… no parecía conocer mucho lo que estaba escuchando.

— I knew it! I knew you would win! —

bramó Debbie cuando llegó a nuestra altura. Cogió a Tom entre sus brazos, levantándolo del suelo y apretándolo con toda la fuerza de la que era capaz. Y siendo Debbie, esa fuerza era mucha.

—Felicidades, Mateo. Les has traído suerte —me dijo Andrew, tendiéndome la mano.

—Sin tu vídeo, seguramente no nos habrían seleccionado —le respondí, estrechándosela.

— Mateo! Come here!

Debbie estiró su brazo para agarrarme y tirar de mí, incluyéndome en el abrazo conjunto familiar, al que se unió luego Emma.

Cuando conseguí separarme un poco y respirar, vi de reojo a Roy, que estaba abrazándose a sus padres, visiblemente emocionado.

Me pilló mirándolo y su respuesta fue media sonrisa… y el dedo corazón.

— So… what’s the plan? Are we going to celebrate or what? —

nos alentó Antonia, que apareció con sus padres y su perro Rufus, el cual no dejaba de ladrar, tratando de lamerme la cara y dando saltos continuamente.

— Tom needs to rest —

se apresuró a decir Debbie—. But we can stay here for a little longer.

—Then… let’s eat!

—añadió Iwan, que también se había acercado con su hermano pequeño y su madre.

Así, la banda, junto con Emma y Olly, nos fuimos por un lado y los adultos por otro.

Comimos patatas fritas de esas rizadas hasta hartarnos, bebimos nuestro peso en Coca-Cola y limonada, nos unimos a Andrew y acabamos saltando en el castillo hinchable hasta que dos de los voluntarios que ayudaban en la organización nos pillaron y nos echaron.

En resumen… una de las mejores noches de mi vida, sin duda.

Llegamos a casa casi a la una de la madrugada, y Tom y yo todavía nos quedamos viendo una película porque éramos incapaces de conciliar el sueño.

Ni recuerdo la película que vimos. Sé que, pese a que estaba malo e insistía en que me lo iba a pegar, no dejamos de besarnos en toda la noche.

Todo el rato. Tanto que hasta se me cansó la lengua.

No hicimos nada más. Solo nos valía eso.

Bueno, miento. Sí que nos tocamos un poco.

Sí que le metí la mano por dentro de los calzoncillos y él sí que me agarró del culo varias veces.

Sí que acabé encima de él, tumbados en el sofá, y sí que acabamos cayéndonos al suelo cuando escuchamos un ruido en el piso de arriba.

Resultó ser Debbie, que bajaba a por agua, así que tuvimos que fingir que nos habíamos quedado dormidos, conteniendo la risa y la respiración.

Por lo menos, Tom ni siquiera tosió en toda la noche.

Como si la victoria lo hubiera curado de forma mágica.

Seguía estando un poco afónico, pero parecía haber recuperado algo la voz.

Había dejado de tener fiebre y ya no estaba tan pálido como los últimos dos días.

No tuvimos ni fuerzas para subir a nuestras habitaciones. Así que al día siguiente me dolía el cuello a rabiar, porque la posición en la que me había quedado dormido era enrevesada como poco. Fue abrir los ojos, ver a Tom durmiendo a mi lado

y desear con todas mis fuerzas que el viaje a Northwood durara para siempre.

— Hey, guapest —

susurró, aún con los ojos cerrados, pero seguramente notando que ya llevaba un rato mirándolo.

— Good morning.