Capítulo 37
Al final, el modelito que iba a llevar Tom y que me acabó prestando era superelegante.
Es decir, llevaba unos pantalones negros de vestir que me quedaban bastante apretados (yo tenía más culo que Tom), una camisa blanca, una corbata negra a medio anudar y una chaqueta también negra pero remangada.
Debbie me ayudó a peinarme, haciendo una especie de efecto mojado en mi pelo, y me pintó una línea morada superfina en cada ojo.
Vamos, como si fuera una auténtica estrella de la música.
Sin embargo, cada vez que pensaba en que tenía que ser Tom el que estuviera en el escenario, se me cerraba el estómago y se me encogía un poco el corazón.
A pesar de que él parecía estar bien. Al menos desde que habíamos tenido la conversación en su cuarto, así que tenía que empezar a dejar de preocuparme tanto por cosas que no podía cambiar.
Nos montamos los cuatro en el coche de Debbie, que se empeñó en que fuéramos con ella en vez de ir andando, pese a que el club de críquet estuviera a tiro de piedra.
Pero ya había aprendido que, cuando a Debbie se le metía algo en la cabeza, era mejor no llevarle la contraria.
Nos puso en la radio una canción llamada «Octopus’s Garden» que, al parecer, leencantaba a Emma, porque estuvo bailándola todo el trayecto.
Y, cuando llegamos al club de críquet, nunca lo había visto tan
lleno de gente. Casi no encontramos sitio para aparcar, y eso que aún quedaban un par de horas para que comenzaran las actuaciones.
— It’s crowded! —
bramó Debbie al bajarnos del coche. Llevaba unos vaqueros ajustados y una camisa semitransparente de color naranja con un top blanco debajo. Se había ondulado el pelo y se había colocado un par de pinzas con forma de estrella. Además, por supuesto, llevaba unos taconazos imposibles.
— We’re going with the band, ok? —
le dijo Tom.
— Ok, love. —
Debbie le dio un abrazo y un beso en la frente. Se despidió de mí con una sonrisa y se fue en dirección contraria con Emma, directas al castillo hinchable que había en la entrada y que, cómo no, estaba repleto de niños haciendo cola para saltar en su interior.
Tom y yo fuimos directos a la parte trasera de la casa club, donde había varios grupos de adolescentes bebiendo (supuse que Coca-Cola o algo parecido) y vapeando cada vez que podían, tratando de ocultárselo a los adultos.
Y, entre todos ellos, estaban The Turlips.
Roy, como siempre, vestido totalmente de negro, pero con una flor blanca en el bolsillo de su camisa.
Los ojos los tenía también pintados, aunque luego me explicó que, más bien, estaban «ahumados», y el pelo volvía a tenerlo hacia delante, con el flequillo tapándole media cara.
Vanessa también iba de negro, con una camiseta de tirantes y el pelo recogido en una coleta enorme.
Y espera, ¿se había hecho mechas rubias en su pelo naranja?
— Surprise! —
exclamó cuando le pregunté. Le quedaban de muerte.
Antonia llevaba un vestido azul marino que parecía de encaje, cubierto con una chaqueta del mismo tejido y del mismo color.
Llevaba el pelo suelto y con un volumen que no le había visto nunca.
E Iwan iba un poco como siempre. Una camiseta de color tierra, una camisa de cuadros por encima y unos vaqueros rotos
y desgastados, no porque fueran así de serie, sino por el uso que les daba.
No lo había visto nunca fuera de clase con otros pantalones que no fueran vaqueros.
Nada más verme, me volvió a enseñar la pluma de Ryan y se la guardó en el bolsillo trasero de sus pantalones.
Su amuleto de la suerte. Bueno, el suyo y el de todos.
¿En resumen? Íbamos vestidos para ganar. Nos cruzamos con las chicas de Black Rose ,
que nos desearon mucha suerte (y una de ellas se quedó largo rato mirando a Iwan, la que supuse era su ex), y también con Aisha, que para mí era el rival más importante que batir.
Lo que había hecho esa chica el otro día había sido de otro planeta.
Si estaba igual de inspirada, iba a ser difícil superarla.
Nosotros teníamos «Butterfly», aunque sin la voz de Tom.
¿Antonia estaría a la altura? ¿Le gustaría más al jurado?
Vanessa fue la encargada de hablar con ellos para decirles que habíamos tenido que hacer un cambio de última hora porque nuestro vocalista se había quedado, literalmente, sin voz.
Todo el mundo en Northwood conocía a Tom, así que no pusieron ningún tipo de problema.
Menos mal. Sin embargo, aunque Hugh nos había dicho que tendríamos un rato para ensayar, fue imposible.
Porque todas las bandas querían hacer lo mismo y, como no había sitio suficiente para todas, la organización decidió que ninguna ensayaría antes de la actuación.
«Hala, para añadir más nervios y más tensión al asunto».
— It’s not fair —
protestó Vanessa, cruzándose de brazos y sentándose en uno de los escalones de la parte trasera de la casa club.
— It is what it is —
dijo Iwan, filosófico como él solo—. We don’t need to rehearse. Not anymore. You know why? Because Ryan is going to come.
—Sure —
gruñó Vanessa .
Era la que más nerviosa estaba de todos, no paraba de moverse. De sentarse y levantarse y volverse
a sentar. Continuamente. Hablando entre dientes, más consigo misma que con los demás.
— Could you stop it already? You’re driving me crazy! —
explotó Roy, que, hasta ese momento, se había mantenido en silencio, ensimismado en su guitarra eléctrica.
—Vanessa, no pasa nada si no ensayáis más. Está bien. Va a ser genial —trató de calmarla Tom, que se había cambiado el pañuelo granate del cuello por uno negro con puntos dorados. Vanessa se limitó a bufar y siguió dando vueltas, poniendo de los nervios a Roy.
Yo trataba de estar ajeno a todo ello, repasando mentalmente la letra de la canción y en qué momentos tenía que entrar.
No iba a ser capaz de hacer la nota final que hacía Antonia.
Eso desde luego. Pero habíamos acordado que simplemente acortara un poco el momento, además de bajarme de tono un poco. Al final, solo era la background vocal.
No se me iba a escuchar tanto. No era tan importante.
— How are you, Mateo?
¿Estás bien? —se interesó Tom, masajeándome un poco los hombros con delicadeza.
— A bit nervous —
respondí—. Pero es normal, ¿no? Lo raro sería que estuviera supertranquilo.
—Yo estoy supertranquilo —contestó con una sonrisa.
—Claro, porque no tienes que subir.
—No. —Se tomó su tiempo para decirme lo siguiente—. Porque confío en vosotros.
—Oye, perdona, que no te lo había dicho en plan a malas ni… —me disculpé. Quizá había sido borde de más.
—Tranquilo. No me lo he tomado mal. —Me dio un beso en el cuello.
Cada minuto que pasaba me ponía más y más nervioso. Yo pensaba que sería al revés. Que poco a poco me iría calmando y ganando seguridad. Pero nada de eso. Tampoco ayudaba que Vanessa no parase quieta, o que viera al resto de bandas
a nuestro alrededor tarareando sus temas y ensayando sus movimientos. Dios, no iba a estar a la altura. Lo sabía. No iba a ser capaz de…
Entonces escuchamos cómo la música se paraba de golpe. ¿Ya eran las ocho? ¿Tanto tiempo había pasado desde que habíamos llegado?
—Good evening, Northwood!
—Esa era la voz de Mr. Whitmore. Todos los que estábamos en la parte trasera de la casa club fuimos andando, como si fuera una marcha militar, hacia la parte frontal del escenario.
Porque, al parecer, íbamos a tener que subir para la presentación.
El profesor Whitmore llevaba una camisa vaquera abierta, con una camiseta blanca debajo y unos pantalones de color beige.
Iba muy elegante, muy guapo—. Tonight is the final chapter of this edition of the Sunset Festival.
These five bands from across Northwood are about to take the stage and give it everything they
’ ve got. Not just to put on a great show, but to win seven hundred pounds and earn a place in our town
’ s history. —
El público empezó a aplaudir de forma atronadora, acompañando los aplausos de gritos y vítores superentusiastas—. Now, let me introduce our finalists… Black Rose!
Las tres chicas que parecían clones de Roy subieron al escenario y empezaron a saludar al público. Una de ellas llevaba una camiseta con la bandera trans y no dejaba de alzar el puño hacia arriba, con fuerza.
—Aisha! —
La favorita. Cuando subió al escenario, los aplausos fueron mucho más intensos que con las chicas de Black Rose. Aisha llevaba un vestido que parecía tradicional, pero con toques modernos.
— If We Were Kids!
—Los tres chicos que formaban el grupo, que realmente parecían trillizos de lo mucho que se parecían, fueron los siguientes. Uno estuvo a punto de tropezarse con uno de los escalones y caerse delante de todo el público, pero Mr.
Whitmore estuvo rápido y le dio la mano a tiempo, salvándolo del ridículo.
— The Turlips! —
Fue escuchar nuestro nombre y el corazón se me aceleró. Tom me dio un beso de buena suerte y se fue con Debbie y Emma mientras nosotros subíamos al escenario—. Due to a last-minute change, Thomas Green, their lead singer, won
’ t be able to perform tonight. So Antonia Rahman-Mensah will be stepping in on vocals.
La gente comenzó a cuchichear, procesando la información que acababa de darles el profesor Whitmore. Pero entonces Debbie gritó por encima de las voces y los aplausos llegaron.
— And last but not least… MAX! —
Y subió el último de los finalistas, el más adulto de todos, que, al parecer, era el tercer año que se apuntaba y nunca había conseguido llegar a la final—. So, without making them wait any longer, please give a huge round of applause for the first band of the night… Black Rose!
Todos fuimos bajando del escenario por el lado contrario al que habíamos subido, Mientras, las chicas de Black Rose quedaban arriba, conectando sus guitarras y colocando sus micrófonos para comenzar con su actuación.
A diferencia del otro día, no dijeron ni una palabra.
Aún estaba bajando MAX cuando una de ellas rasgueó la guitarra con tanta fuerza que juraría que movieron al chico unos centímetros hacia delante.
— Yeaaaaaaaaaaaaaah! —
chilló la cantante principal, y el heavy metal lo inundó todo.
«Uf, parecen profesionales». Iwan estaba totalmente hipnotizado, al igual que Roy.
Era un tipo de música que les encantaba y estaban disfrutando más que nadie.
Antonia, por su parte, no estaba prestando atención siquiera.
Si alguien tenía presión en el grupo esa noche, era ella, sin lugar a dudas.
Porque pasar de cantar de fondo a ser la vocalista principal en la noche de la final debía de ser un palo enorme.
Me acerqué a ellasin decirle nada, solo la abracé por detrás y, al menos, la hice
sonreír, sintiéndose apoyada en el momento más complicado de la noche: justo antes de tocar.
Era como una montaña rusa, cuando vas en el vagón y estás subiendo la primera cuesta.
Te arrepientes. Te quieres bajar. Piensas que ha sido un error o que incluso algo malo va a pasar.
Hasta que llegas arriba del todo y, sin darte tiempo a pensar más, bajas a toda velocidad, te lo pasas genial y en menos de dos minutos ya ha terminado todo.
—« I COULD DIE FOR YOU! I-I-I-I COULD DIE FOR YOU! I-I-I-I WOULD DIE FOR YOU!
» —cantaban Black Rose, con las guitarras a plena potencia.
Me asomé a la zona del público y ahí estaba Tom, moviendo la cabeza al ritmo de la canción, y sonriendo junto a Debbie y Emma. Dios, eran perfectos los tres juntos.
— That was something! —
dijo Mr. Whitmore cuando terminó la actuación de las chicas metaleras.
«Vale. Nuestro momento». Nos tocaba salir los segundos a actuar.
Los cinco nos miramos y nos dimos las manos, formando un círculo, casi como si fuéramos un aquelarre de brujas.
¿Quién me iba a decir hacía unos meses que iba a acabar en Inglaterra, cantando con un grupo de chicos y chicas que se habían convertido en mis amigos, en mi familia…
y uno de ellos en mi novio? Es que me lo llegan a decir y no me lo habría creído—. THE TURLIPS! —
El público rugió cuando nos vieron subir de nuevo al escenario.
— Hello, Northwood! —
chilló Iwan, radiante de felicidad.
Cada uno fuimos tomando nuestras posiciones, conectando nuestros instrumentos y colocando nuestros micrófonos.
— Hey, guys… —
dijo Iwan, y todos lo miramos, expectantes—. Look!
Señaló con su mano izquierda un árbol a uno de los lados del escenario. Tardé un rato en ver a lo que se refería, hasta que me fijé en un pájaro posado en una de las ramas más altas.
— I told you he would come. —
Sonrió y me emocioné. ¿Ese sería Ryan? ¿En serio habría venido? ¿O sería un cuervo random que nada tenía que ver? Preferí creer en la primera opción.
Busqué a Tom y, cuando me vio, le señalé al mismo árbol que nos había dicho Iwan.
Tom tardó también un rato, pero, cuando entendió lo que le estaba diciendo, me enseñó la más amplia de sus sonrisas.
En ese momento, nuestras miradas se unieron y, seguramente, nuestros corazones empezaron a latir al mismo ritmo.
No veo bien de lejos, las cosas como son.
Pero, en ese momento, habría jurado que Tom vocalizó un «Te quiero, Mateo».
No lo sabía con seguridad, pero eso me había parecido entender. Así que yo también quería decírselo.
—Te quiero, Tom.
Solo que yo lo dije con el micrófono activado y lo escuchó todo el público.
«Mierda».
Me puse rojo al instante. Antonia me miró, totalmente entusiasmada por lo que acababa de pasar.
Vanessa entornó los ojos, como queriendo decir «hijo, mira que eres torpe».
Iwan estaba a lo suyo y no quise ni mirar a Roy.
Pero la única persona que realmente me importaba no estaba muriéndose de vergüenza ni nada parecido.
Tom seguía con los ojos fijos en mí, más radiante que nunca, con una sonrisa enorme, con una Debbie orgullosa a su lado, que asentía levemente con la cabeza, y con Andrew con la boca abierta, flipando con la situación.
A ver, decirlo ahí en medio no entraba en mis planes, pero, al parecer, a todo el mundo le había dado igual.
A todo el mundo menos a los que realmente me importaban.
— Are you ready, Romeo? —
me preguntó Vanessa con toda la ironía de la que fue capaz. Asentí, aún avergonzado, y, después de mirarnos todos una última vez para confirmar que estábamos listos, Vanessa comenzó a tocar la batería junto a la guitarra
de Roy. Entonces, Antonia se acercó al micrófono, repleta de confianza.
—« I used to think everything was possible…
».