El mundo entre nosotros Capítulo 36 #2
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Capítulo 36 #2

—No grites, que no puedes —le recordé, tendiéndole un vaso de agua. Tom lo vació de un trago.

— I know, I know… —

murmuró con mucho esfuerzo—. ¿Vamos a Japón? ¿Me lo prometes?

—A ver, es bastante caro, seguro. Y está lejos.

—No tenemos que ir ahora, Mateo. Pero quiero ir contigo. En el futuro. ¿Me lo prometes?

¿Ir de viaje con Tom? ¿A Japón nada menos? Es que no me lo tenía ni que pensar. ¿Dónde había que firmar?

—Te lo prometo. Claro que te lo prometo. Imagínate. Los dos en Japón. Aunque, ahora que lo pienso, nunca hemos hablado de anime, ¿no?

—No. Never.

—

Tom Green. Ha llegado el momento. Vas a contarme tus animes favoritos y yo voy a hablarte de los míos. Aunque, primero, vamos a por unos gofres.

— Are you still hungry? —

dijo sorprendido.

—¿Y me lo dices tú, que estás comiendo todo el día? Ya me lo dijo el director Ashcombe. Soy un hobbit. A ver, no me lo dijo así, pero casi.

— Mr. Ashcombe? Hobbits? What?

—

Vamos a por el gofre y te lo cuento por el camino.

A Tom le gustaba el anime, pero ni de lejos tanto como a mí. Y eso era perfecto, porque podría enseñarle mis favoritos. Verlos con alguien por primera vez debía de ser increíble y, aunque no nos iba a dar tiempo a mucho en los días que me quedaban en Northwood, por algo se empezaba, ¿no?

Después de devorar uno de los gofres de Northbloom, volvimos a casa a que yo me duchara y me cambiara para el concierto. El primer grupo salía a tocar a las ocho, así que habíamos quedado con la banda a las seis para poder ensayar un poco más, esa vez con Tom acompañándonos.

Estuve más de diez minutos delante el espejo tratando de decidir qué iba a ponerme de ropa, porque no podía ir vestido de cualquier manera. Tenía que impresionar a todos. Ya no

solo era el chico del teclado, sino el chico del teclado y los coros.

Dos en uno. Y encima era la final. Todas las miradas iban a estar puestas en nosotros cinco.

La primera, la de Tom, aunque tuviera que vernos desde abajo, junto al público.

Tanto pensar en la actuación me puso demasiado nervioso y la espalda empezó a hacer de las suyas de nuevo, picándome como no lo había hecho en días.

Me daba apuro pedírselo a Tom una vez más, aunque ya había confianza y, siendo sincero, amaba que me echara la crema por la espalda.

Cogí el bote y salí del cuarto en dirección a su habitación.

Sin embargo, cuando abrí la puerta, estaba de espaldas a mí, sentado en la cama y aún sin cambiar.

Tenía las manos en la cara y la habitación a oscuras.

Se respiraba un ambiente raro. Como si el aire pesara más de la cuenta.

Y de repente me sentí triste. No sabría decir la razón.

Había algo en la habitación de Tom que me había golpeado directamente el corazón.

—¿Tom? ¿Se puede? —pregunté con suavidad, dudando.

—Mateo, sí, sí, claro. Pasa, pasa. —Le escuché sorber. Eso solo podía significar una cosa: había estado llorando.

Entré con cautela, como si hacer más ruido de la cuenta pudiera molestarlo o fuera a romper algo por andar demasiado deprisa. Él me miraba, con los ojos vidriosos y la cara sonrosada por el esfuerzo. Su prótesis estaba apoyada, como siempre, en una de las paredes de la habitación.

—¿Estás bien? —Me senté en la cama a su lado.

—Claro. ¿Por?

—A ver, no sé, te veo… raro. —No quería mencionar que parecía haber estado llorando. Si quería contármelo él, sabía de sobra que podía hacerlo. Quizá le daba vergüenza admitirlo. No lo sabía.

—¿Raro? Why? —

preguntó, haciéndose el loco, a la vez que se secaba las lágrimas que aún estaban en su mejilla con el dorso de la mano.

—Puedes contarme lo que sea, Tom. —Posé mis manos sobre sus muslos, acariciándolo con cariño.

— I know.

Pero no hay nada que contar —dijo, tratando de sonar lo más sincero posible. No entendía por qué me ocultaba que había es­tadollorando. ¿Tan grave era que no me lo quería contar? ¿O estaban siendo imaginaciones mías? No. Eso no. Es decir, podía verlo en sus ojos—. ¿Aún no te has cambiado?

—No sé qué ropa ponerme —respondí, dejando a un lado mis dudas sobre lo que estaba pasando.

—¿Quieres que te deje yo algo? Te puedes poner la ropa que pensaba llevar hoy.

Me dio mucha pena que me dijera eso. ¿Por eso estaba triste? ¿Por perderse la actuación?

—¿Seguro que no puedes cantar? —Él negó con la cabeza—. ¿Ni siquiera los coros?

—Ya ves que me cuesta hablar más alto que esto. —Literalmente, estaba susurrando—. No quiero estropear la canción. Prefiero estar abajo viéndoos. Viéndote.

—Vale, vale. Pero que sepas que todo esto es gracias a ti.

—Es gracias a todos —me corrigió.

—Lo que quiero decir es que…, aunque no subas al escenario, vas a estar ahí arriba con nosotros. Porque vamos a sentir tu energía, o lo que sea. No sé si me estoy explicando bien. —Tom sonrió, con un toque de amargura en los labios.

—Sí. Lo entiendo. Y gracias. —Entonces, frunció el ceño al ver que llevaba algo en una de mis manos. Al notar que me estaba mirando, escondí la crema tras la espalda—. ¿Qué llevas ahí?

—Nada. —No le iba a pedir que me echara la crema después de haberlo pillado llorando. No era el momento. Pero Tom fue más rápido que yo y consiguió quitármela de las manos.

—¿Te pica hoy?

—Nada, no mucho —mentí.

— Take off your t-shirt

—me ordenó.

—No hace falta.

—Mateo. No tengo fuerzas. Take off your t-shirt. Now.

—

Vale, vale. —Lo obedecí. Me quité la camiseta de una forma un tanto cómica, porque se me quedó enganchada en la cabeza y Tom tuvo que ayudarme. Me pidió que me diera la vuelta y, después de echarse un poco de crema en las manos, empezó a masajearme la espalda. Lenta y suavemente.

— You’re a terrible liar. Did you know that?

—Well. Nobody knows I’m gay. I mean, in Madrid. So… I guess I know how to lie

—confesé, orgulloso, aunque tampoco era algo como para estarlo. Odiaba tener que esconderlo continuamente.

—¿Nadie?

—Solo mis mejores amigos. Te he hablado de ellos. Juan y Ale —le recordé—. And you?

—What about me?

—¿Cuándo supiste que eras gay? ¿Y cómo se lo dijiste a Debbie? ¿A la banda? —Era un tema que nunca habíamos hablado.

—¿Cuándo supe que era gay? I think I’ve known it for… ever. I mean… have you not?

—

No lo sé. No sabría decir cuándo me di cuenta —admití, tratando de recordar ese primer momento en el que pensé activamente en que me gustaba los chicos—.

Puede que cuando me fijé en Carlos. Un chico de mi colegio —añadí para poner un poco de contexto—.

Y cuando estaba en casa un día en la cama, empecé a pensar en él y…

bueno, pues me puse como muy cachondo, ¿sabes? Creo que fue mi primera paja —recordé.

— Oh, wow. —

Se echó un poco más de crema en las manos—. Yo no sé cuándo fue. Por eso creo que siempre lo he sabido. Cuando se lo conté a Debbie… She wasn’t surprised at all.

—

¿Llegaste un día y le dijiste: Debbie, soy gay?

— Kind of. She asked. And I… I just answered.

—Hizo una pausa, como si estuviera tratando de recordar qué pasó aquel día—. At first I hesitated. I thought about saying no. Or saying that I wasn

’ t sure.

Había dejado de echarme crema, así que me giré para mirarlo directamente mientras me contaba su historia.

—Because… part of me was scared. Like… what if she rejected me? What if she said I was weird, or that it was just a phase, or that she couldn

’ t accept me as her son? —

Lo entendí tanto… Porque yo también me hice todas esas preguntas en su momento y me habían frenado continuamente—. Yo… no sabía qué podía pasar. No sabía si yo era… a weirdo. If there was something wrong with me.

Conforme hablaba, se había ido encogiendo más y más. Cabizbajo e inseguro.

—But then I just said yes. And she didn

’ t look surprised. She just hugged me. Really tight. And she said…

« Why did it take you so long to tell me?»

—Levantó la mirada y estaba sonriendo—. Debbie también lo ha sabido desde siempre.

Escucharle contarme esa historia me hizo sentir unas ganas inmediatas de llamar a mis padres y hablar con ellos.

Contarles que era gay, que me gustaban los chicos y que había conocido a uno maravilloso.

Todo así, de golpe. ¿Se sorprenderían? Mi padre seguro que no.

Mi madre… seguramente tampoco. Aun así, tenía ganas de hablarlo con ellos.

Al fin y al cabo, eran mis padres, eran mi lugar seguro.

Y quién mejor que ellos para comprenderme y guiarme, ¿no?

— It’s shitty, you know?

—What is? —

pregunté.

—Todo esto. Que tengamos que sentirnos así. Tener miedo de decir quiénes somos. A nuestros padres. A nuestra familia. A nuestros amigos. It

’ s fucked up that we even have to be scared. Scared they

’ ll reject us. Scared they

’ ll push us aside just because

we

’ re different. Because… because we don

’ t like what we

’ re supposed to like. It

’ s shitty. All of it.

—Es una mierda, desde luego. Tienes toda la razón.

—Por eso me gusta Lady Gaga, por ejemplo. —Señaló con la mirada el póster de «Born This Way» que tenía en una de las paredes de su habitación—. « Whether life’s disabilities left you outcast, bullied or teased. Rejoice and love yourself today. ’Cause baby, you were born this way

» —

trató de cantar, pero más lo hizo susurrando que otra cosa—. Te sabes la canción, ¿no?

—Claro —sonreí—. ¿Debbie fue la primera persona a la que se lo dijiste? ¿Antes que a la banda?

— Roy was the first to know.

Yo también fui el primero en saber que él lo era. Nos lo contábamos todo cuando éramos más pequeños. Últimamente no hablamos tanto. Pero lo quiero muchísimo. Y él a mí también.

—Solo necesita relajarse un poco —bromeé.

—Sí. La verdad es que sí… Pero es… es una buena persona. De las mejores que conozco. Es muy importante para mí.

—Lo sé. Por eso lo intento con él siempre —le dije entre risas.

— I know.

Y te lo agradezco de corazón —declaró—. Bueno, tu espalda ya está. ¿Elegimos tu ropa?

—Venga, porque al final llegaremos tarde…