El mundo entre nosotros Capítulo 34 #4
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Capítulo 34 #4

un poco malo, se asustaba muy rápido y le faltaba tiempo para conducir hasta el hospital.

Yo daba fe de ello. Lo había vivido en primera persona, desde luego.

Ni se me había pasado por la cabeza que esa podía ser la razón de su desaparición.

Probablemente por eso no pudieran cogerme el teléfono.

Tom se lo habría dejado en casa y Debbie estaría demasiado nerviosa como para enterarse de mis llamadas.

También me insistió en que ella se llevaría a Emma para cuidarla mientras tanto, pero decliné su oferta lo más amablemente que pude. « She’s my responsibility»,

le dije, y Emma volvió a darme la mano, confirmando que se sentía más segura conmigo. Al menos se ofreció a acercarnos en coche al club de críquet.

Cuando llegamos, ya estaban allí todos (menos Roy) esperándonos, mientras que, junto al escenario, empezaba a aparecer más gente.

Ese día estaba dedicado a grupos fuera de concurso.

O bien que no habían sido seleccionados, o que habían ganado otros años, o que directamente querían aprovechar para mostrar a Northwood su talento, sin necesidad de apuntarse a nada.

Nos bajamos del coche los tres, despidiéndonos de la madre de Iwan y de su hermano Olly, con el que parecía haberse entendido muy bien Emma.

El olor a caramelo y azúcar inundaba el ambiente, era absolutamente embriagador. Obviamente, Emma insistió mucho, a su manera, en que le comprara algún dulce. Yo no sabía qué podía comer y qué no. Así que tendría que ser nuestro secreto. Porque le compré un algodón de azúcar enorme de color azul.

Mala decisión. Estuvo pegajosa toda la tarde. Literalmente. No había parte de su cara o de sus manos que no estuviera manchada de azul.

—¿Sabemos algo de Tom? —me preguntó Antonia nada más verme.

— Nothing —

respondí, y la preocupación volvió a crecer en mí. Miré mi teléfono móvil pero la pantalla seguía sin recibir ni una sola notificación.

—Seguro que no es nada —trató de calmarme Antonia. Bueno, más bien trató de calmarse a sí misma—. ¿Preparado para cantar?

—No, pero habrá que hacerlo —añadí, resignado. Antonia se echó a reír y me cogió del hombro, dándome un abrazo amistoso.

— Oh, hello, little Emma. Do you remember me? I’m Antonia.

—Se acercó a Emma y se acuclilló para ponerse a su altura. Ella la miró, luego me miró a mí y, por último, a su algodón de azúcar—. No sé si es buena idea que coma tanto azúcar.

—Algo tenía que comprarle —repliqué, encogiéndome de hombros. Antonia estuvo un rato más tratando de hablar con ella, pero esta no cedió ni un milímetro. Se había vuelto a encerrar. A ver si con suerte, durante nuestro ensayo, se relajaba un poco. Yo, al menos, lo necesitaba.

Seguimos a la banda hasta el interior del salón de actos y ya estaban todos los instrumentos dispuestos sobre el escenario, aunque Hugh nos avisó de que no podríamos estar más de una hora, porque luego se iba a utilizar para la presentación de un libro de una escritora nacida en North­wood.

Al final, el Sunset Festival no solo abarcaba música, sino todo lo que tuviera que ver con el pueblo.

Desde manualidades y artesanía local, hasta concursos literarios o de fotografía.

De hecho, toda la entrada de la casa club estaba repleta de fotografías con una etiqueta debajo en la que se podía leer el título de la imagen y el autor o la autora de la foto.

La mayoría eran impresionantes y otras… las podría haber hecho yo con mi móvil perfectamente.

Si lo hubiera sabido, me habría apuntado al concurso, hacer fotos se me daba bastante bien.

—Emma, tú quédate aquí. You wait here —

le indiqué, pidiéndole que se sentara en una de las butacas de la

primera fila. Emma, obediente, se sentó y, del interior de su mochila, sacó su tablet, para entretenerse mientras nosotros nos poníamos a ensayar. Bendita tecnología. Ojalá tuviera batería suficiente.

— Father of the year

—bromeó Vanessa mientras yo subía al escenario.

—Ja, ja, qué graciosa. So funny

—respondí, haciéndole un poco de burla. Eso pareció gustarle a Vanessa más de lo que esperaba. Supongo que porque por fin me veían soltándome con ellos. Había tardado casi un mes, pero no me importaba ya vacilarles si hacía falta. Todos se habían convertido en mis amigos. Incluso Roy.

—Sabes lo que tienes que cantar, ¿verdad? —intervino Antonia. Al ver que estaba teniendo problemas con ajustar la altura de mi micrófono, se acercó para ayudarme—. Solo tienes que girar aquí… —El pie del micrófono hizo ¡clac!—. Y listo. Ya puedes bajarlo o subirlo, o lo que quieras.

—Gracias. Oye, ¿Roy no va a venir?

—No parece, no. Nos ha dicho que tenía algo.

—Ese «algo» misterioso. Es verdad —recordé—. Pero no entiendo entonces por qué se negó a que viniera Emma.

—Porque Roy siempre se niega a todo.

—Y… si no viene… ¿quién va a cantar su parte? —reflexioné.

—Yo cantaré las dos partes —dijo Antonia, feliz—. A ver qué tal nuestras voces juntas, ¿no? I’m nervous. —

Fingió que le daba un escalofrío.

—Pues imagínate yo —admití, de los nervios.

— Don’t be, Mateo

—dijo Iwan desde el fondo—. You’re safe here. You’re with friends.

Y tenía toda la razón.

— Remember: Ryan told me we’re going to win. So… no worries! —

Vanessa acompañó el final de la frase de Iwan con un golpe de sus platillos, como si se tratara del final de un chiste.

— Stay calm and believe in Ryan! —

se burló, e Iwan la mató con la mirada.

—¿Empezamos con «The Fate of Ophelia»? I need to warm up —

sugirió Antonia.

— You’re the boss

—añadió Vanessa.

— Oh, super nice —

sonrió.

Vanessa, sin darnos tiempo, se lanzó a tocar la batería.

Yo, por suerte, me sabía la canción de memoria, así que toqué el principio del tema con mi teclado.

Hasta que Antonia comenzó a cantar, con una voz muy similar a la de Taylor Swift, pero más grave—.

« I heard you calling, on the megaphone. You wanna see me all alone…

» .

Iwan iba tocando, pero de otra forma, como pellizcando las cuerdas de su bajo, dándole un toque diferente a la canción y a nuestro ensayo.

—« All that time I sat alone in my tower. You were just honing your powers. Now I can see it all

» .

—« See it all

» —

coreamos todos al unísono. Antonia se rio y, mientras cantaba, empezó a hacer un baile moviendo las manos hacia delante y la cadera hacia un lado.

Vanessa e Iwan la imitaron, girando en el sitio, y yo tardé un poco más en darme cuenta de qué baile estaban haciendo.

Pero fue el ensayo más divertido que habíamos hecho desde que los conocía.

—« You saved my heart from the fate of Ophelia

» —terminó Antonia, y todos nos miramos, sonrientes, y empezamos a aplaudir, felices de haber conseguido tocar los cuatro y de haberlo hecho tan bien.

—Yeah! —

exclamé yo, más alto de lo que debería haberlo hecho. Iwan y Antonia me miraron de reojo, sorprendidos, y yo me puse rojo de la vergüenza. «Tierra, trágame».

— Are you ready for one round of «Butterfly»? —

señaló Vanessa, y todos asentimos casi a la vez— . Ok! Let’s do this!

Como nos faltaba Roy, fue Iwan el que comenzó a tocar su bajo. El inicio de la canción sonaba diferente de esa forma, pero funcionaba. Sorprendentemente. Le daba un aire distinto. Luego se unió Vanessa con la batería y, en cuanto iba a comenzar a cantar Antonia, las puertas se abrieron.

— Wow. Very nice. Just start without me, why don’t you

—masculló Roy entre dientes, casi como si fuera una serpiente. Vanessa puso los ojos en blanco y siguió tocando, al igual que Iwan. Parecían totalmente acostumbrados. Casi como si no les hubiera pillado por sorpresa que Roy finalmente apareciese.

—« I used to think…

» —comenzó a cantar Antonia mientras Roy caminaba con paso decidido por el patio de butacas hasta llegar al escenario.

Miró a Emma de soslayo y subió las escaleras.

Llevaba su guitarra colgada al hombro. Y, mientras todos seguíamos con el ensayo casi sin prestarle atención, él fue preparándose.

Sacó su guitarra de la funda y la conectó al amplificador.

Rasgueó sus cuerdas un par de veces y se unió al ensayo de una forma tan natural que me dejó flipando.

Me pilló mirándolo y su respuesta fue enseñarme el dedo corazón. «Classic Roy».

—« I don’t feel right…

» —

cantaba Antonia, y su voz se ajustaba perfectamente a la canción. Era diferente, la verdad. No era como escuchar a Tom, pero su voz y la de Roy se acoplaban muy bien.

—« I

’ m not a butterfly

. I

’ m still learning how to fly

» —canté yo, añadiendo mi toque a los coros. Y me dio un subidón por todo el cuerpo que no había sentido ni siquiera con el teclado. Era como formar más parte aún de la canción. No sabría explicarlo, pero me sentía mucho más dentro. Mucho más… Espera. ¿Eso era mi teléfono móvil? ¿Estaba sonando?

— What the fuck is that sound? —

protestó Roy.

— My phone! —

chillé, y salí corriendo hacia las butacas, donde había dejado mi mochila. Pero, de repente, me llevé el teclado por delante, tirándolo al suelo y cayéndome yo detrás.

— Mateo! Are you alright?

—Se asustó Antonia, mientras Roy se echaba a reír.

— Yes, yes, yes.

Me puse de pie lo más rápido que pude y me lancé fuera del escenario, pegando un salto hacia el patio de butacas y haciéndome polvo las rodillas.

Me dio igual. Mi móvil seguía sonando y tenía que llegar hasta él.

Cojeando un poco por culpa del salto absurdo que había dado, llegué a mi mochila y rebusqué entre todas mis cosas, pero no encontraba el móvil.

¿Dónde narices…? Ah, claro, en el bolsillo de fuera.

En el pequeño. Lo abrí y cogí el teléfono. Era el número de Debbie. ¡Debbie!

— HI! —

chillé.

— Where are you, Mateo? Where’s Emma? —

preguntó, nerviosa.

— I’ve been calling you all day. Are you alright? How’s Tom?

—

Pásamelo —escuché a Tom decir de fondo. Debbie pareció tapar el micrófono porque empezó a hablar con él, pero casi no se la oía. Hasta que, después de unos ruidos indescifrables, Tom se puso al teléfono—. Hola, Mateo.

—¡Tom! —Miré a la banda, sonriendo al máximo—. ¿Dónde estabas? ¿Qué ha pasado?

—Estamos en casa. Acabamos de llegar. Lo siento. Tosía mucho. Deb­bie se puso nerviosa y fuimos al hospital. Pero se dejó el teléfono en casa. Y el mío no tiene batería —me explicó. Yo estaba entre la rabia por no haberme enterado de nada y la tranquilidad de saber que todo estaba bien.

—Estaba superpreocupado. No había forma de hablar con vosotros. Fui a casa, pero claro, no pude entrar… —Le relaté todo lo que había hecho mientras él había estado desaparecido. Tom me escuchó pacientemente—. Y claro, no sabía qué hacer con

Emma. Porque no podía dejarla sola. Así que Iwan se ofreció a que fuéramos con él al Northbloom a merendar con su hermano pequeño, Olly…

—Pero, Mateo, espera. ¿Dónde estás ahora? —preguntó Tom.

—Ah, eh, estoy en el club de críquet. Hemos quedado para ensayar. Como la banda dice que mañana seguramente no puedas cantar, me han pedido si yo puedo hacer los coros y…

—¿Y qué tal? —Su voz sonaba rasposa y hablaba muy bajito. Como si no quisiera forzar.

—Estábamos empezando justo ahora. ¿Quieres venir? —le propuse.

—No hace falta. Me quedo en casa a descansar. Emma está bien, ¿no?

—Sí. La madre de Iwan se ofreció a llevársela. Aunque le dije que no.

Tom se quedó en silencio unos segundos.

—¿Tom?

—¿Por qué le dijiste que no? Perdón. Estaba bebiendo agua —me explicó.

—Porque Emma era mi responsabilidad. Y yo a esa señora, lo siento mucho, pero no la conozco de nada —espeté. Quizá más borde de lo normal.

Fue decir esas palabras y Tom se echó a reír. Tanto que luego estuvo varios segundos tosiendo sin parar.

—¿Qué te hace tanta gracia? ¡Es verdad! No podía dejar que se fuera con cualquiera, ¿no? Así que me la traje al ensayo.

—Muy bien, Mateo —me respondió con calma—. Luego me cuentas qué tal la canción, cuando vuelvas.

—Claro. Aunque estaremos muy poco tiempo porque hoy sigue el festival —le expliqué.

— Yes, I know. I’m sure you’re going to be amazing. Don’t be nervous, ok?

—Creo que es tarde para eso, pero vale. Me apunto tu consejo —bromeé, y Tom colgó la llamada. Estuve unos segundos mirando la pantalla, totalmente embobado. No fue hasta que Vanessa dijo mi nombre que fui consciente de dónde estaba.

— And…? —

se impacientó ella.

— He’s fine. They went to the hospital, because Tom was…

tosiendo mucho.

— Coughing? —

preguntó Iwan, tratando de entenderme.

— Yes! Coughing. He’s alright, but… with his…

—Me llevé la mano a la garganta, había olvidado cómo se decía en inglés.

— His what? —

preguntó Antonia, ansiosa.

— Oh my god. His throat! Throat! —

vociferó Roy. Tenía el micrófono encendido y muy cerca, así que lo cogió para que su voz sonara mucho más potente.

—¡Eso! But he’s fine.

Está bien, está bien.

Al decirlo, todos respiraron aliviados, como si se hubieran quitado un peso de encima. Me acerqué a Emma y me puse de cuclillas para hablar con ella y contarle que su hermano estaba en casa, descansando.

— Tom is…

—At home, right? —

respondió ella.

— Ehm, yes. And he’s fine. He’s good.

—Ok. —

Volvió a enfrascarse en la tablet. Yo pensaba que le emocionaría un poco más saber que había localizado a su hermano después de todo el día desaparecido, pero esa niña no dejaba de sorprenderme.

Guardé de nuevo mi móvil en la mochila y regresé al escenario, dispuesto a seguir cantando.

O, al menos, a intentarlo. Todos habíamos respirado tranquilos al saber que Tom estaba ya en casa y que, como el otro día, había sido una falsa alarma.

Aún no le habían llegado los resultados de las pruebas que tuvo que hacerse y, seguramente, le habrían

mandado más. Pero estaba bien, que era lo importante. Dios, qué tensión había pasado.

— Ready? —

me alentó Vanessa, sentada tras su batería.

— Let’s try again —

sentencié yo antes de que nadie contestara.

Antonia asintió y volvió a prepararse mientras Roy empezaba con su guitarra una vez más.