Capítulo 34 #3
Hugh nos deja la sala un par de horas. Seguro. Hoy solo tocan grupos fuera de concurso —añadió Vanessa, que estaba bastante tranquila con la situación.
— Today I can’t —
sentenció Roy.
— Why? —
le preguntó Iwan, que, hasta ese momento, se había mantenido un poco al margen de la conversación.
— Since when is that any of your business??
—espetó Roy y, de mala gana, escupió al suelo el chicle y se fue, entrando de nuevo en el colegio.
— God, Roy! —
vociferó Vanessa, harta.
—Siempre se pone así cuando Tom… está malo —me contó Antonia a modo de confidencia. ¿Su vena sobreprotectora lo hacía ponerse así de nervioso si Tom no estaba al cien por cien?
— OK. And you, Mateo? —
inquirió Vanessa, que parecía estar cada vez más superada por la situación, deseando solucionarlo todo antes de volver a clases.
— Me?
¡Ah! Esta tarde puedo. Sí, supongo que sí. Pero sin Roy va a ser difícil, ¿no?
— He’ll come. You’ll see —
añadió Iwan, encogiéndose de hombros, como si no fuera la primera vez que pasaba algo parecido.
—No lo sé. Parecía muy molesto. Y, además, ha dicho que no puede y…
—Claro que puede. Nonsense
—se quejó Vanessa, un segundo antes de que sonara el timbre, avisando de que llegaba el final del recreo—. Ok. At six p.m. Don’t be late!
Vanessa fue la primera en marcharse. Luego Iwan y, por último, Antonia y yo.
En cuanto nos quedamos solos, volvió la preocupación por el estado de salud de Tom.
No dejó de insistirme en que le escribiera en cuanto llegara a casa.
Necesitaba saber cómo estaba. Al final, Roy no era el único que sobreprotegía a Tom.
Cuando terminaron las clases del día, me quedé esperando a Emma, que salió diez minutos tarde.
La pillé hablando con sus amigas. ¡Nunca la había visto hablar tanto!
Riéndose e incluso cantando. La esperé, escondido tras una columna, como si fuera un espía.
Hasta que me vio la tutora de Emma, preguntándome que qué hacía ahí, y descubrió mi posición, dejándome totalmente vendido.
Emma, en cuanto me vio, cambió su actitud por completo.
Borró la sonrisa de su cara y se acercó lentamente hasta estar a mi altura, ofreciéndome la mano para que se la diera.
Yo pensaba que íbamos a hacer el trayecto de vuelta en absoluto silencio, pero Emma volvió a sorprenderme una vez más.
Porque, tras un rato caminando bajo los árboles, probé a preguntarle algo sobre ella y me respondió.
— How was school today?
—pregunté, inocentemente.
— Good. —
Me quedé a cuadros. Pero no iba a decir nada, no quería que se cerrara en banda de nuevo.
— Did you learn anything today?
—I don’t know. —
Se encogió de hombros—. I wrote a story.
—What is it about?
— Uhm… I don’t remember —
musitó.
— Do you have it in your… backpack?
—What?
Uy, ¿lo había dicho mal? No, ¿no? Estaba bien dicho. Estaba seguro.
— Do you have it in your… backpack? —
repetí.
— Why?
—I want to read it —
le dije con ganas, quería que viera que deseaba saber las cosas que había hecho, que quería conocerla mejor.
— What for? —
preguntó, confusa.
— I don’t know. I’m curious.
Emma me observó durante un rato, pero no dijo nada.
Pensé que a lo mejor se quitaba la mochila de los hombros y buscaba la redacción para dármela.
Pero no lo hizo. De hecho, no volvió a hablar hasta que llegamos a casa.
Era curioso que, cuando estaba con sus amigas o en otros ambientes como el festival, parecía relajarse…
y, cuando estaba en casa, se ponía a hablar como una niña extraña.
¿Por qué necesitaba esa especie de protección? ¿Habría sido siempre así?
Llamé al timbre, pero no contestó nadie. No quería insistir, por si estaban durmiendo o les molestaba, así que esperé pacientemente. Sin embargo, el tiempo pasaba y nadie me abría la puerta. «Maldita sea».
Busqué en mi móvil el teléfono de Debbie y la llamé, pero no contestó. Probé también con el de Tom, pero estaba apagado. Genial. Nos habíamos quedado fuera de la casa. Y yo en menos de dos horas había quedado para ensayar. Emma tenía que
comer y, claro, si no había nadie en casa, ¿qué iba a hacer con ella? Me la tendría que llevar al ensayo, ¿no?
—¿Debbie? ¿Tom? —grité acercándome a la ventana del salón, pero ahí dentro no había nadie. ¿Dónde narices se habían metido?
Anduve hasta la parte de atrás, pero había una pequeña verja de madera.
Podría saltarla fácilmente, colarme y luego abrir a Emma al entrar en casa.
Pero no podía dejarla tanto tiempo sola…
Volví sobre mis pasos y ahí seguía ella, sentada en la entrada, esperando.
Era imposible que no me hubieran escuchado, había gritado muchísimo después de haber llamado al timbre decenas de veces.
Pensé en romper alguna ventana para poder entrar.
Quizá eso era demasiado peliculero, ¿no? ¿Y qué iba a hacer con Emma?
Escribí en el grupo, a ver si por casualidad alguien había hablado con Tom. Pero nada. Nadie sabía dónde estaba. Yo tampoco quería preocuparles, pero no sabía qué más hacer.
Iwan me animó a que llevara a Emma al ensayo. Roy fue el primero en oponerse. Cero sorpresas. Vanessa no estaba del todo segura y a Antonia le pareció una buena idea. Aunque quedaba todavía más de una hora y media para que pudiéramos ir al club de críquet.
Antonia estaba paseando a Rufus. Vanessa tenía que ducharse y terminar de comer. Roy simplemente respondió con un « whatever
», su expresión favorita. Hasta que Iwan me dijo que estaba en el Northbloom con su hermano pequeño Olly, por si quería pasarme con Emma y hacer tiempo con ellos.
Mejor eso que nada, claro. Volví a llamar una vez más al timbre y a los teléfonos tanto de Debbie como de Tom: nada.
No funcionó, así que, después de contarle a Emma nuestro nuevo plan, ella volvió a darme la mano y anduvimos hasta el Northbloom.
Me perdí un par de veces de camino, porque siempre había ido con Tom, por lo que nunca había tenido que
preocuparme de saber llegar. Emma, como cuando habíamos vuelto del colegio, no me soltó la mano en ningún momento.
Yo iba en tensión, preocupado por tener que cuidar de ella.
Era una responsabilidad enorme que, por cierto, no había pedido.
Pero no podía hacer otra cosa. No podía dejarla en ningún otro sitio y, siendo sincero, tampoco me fiaba.
Solo sabía que estaría bien si estaba conmigo.
Cuando llegamos al Northbloom, no había mucha gente más allá de un chico solitario con su ordenador portátil y dos señoras charlando mientras bebían su té de media tarde.
Y, en una de las mesas de la terraza, Iwan con su hermano pequeño Olly.
No se parecía en nada a él. Tenía el pelo largo que le llegaba por los hombros y de color castaño.
Una mirada cansada pero feliz, y era igual de alto que Emma.
Seguramente hasta tuvieran la misma edad.
Al verme, me miró con cara de sorpresa y, al rato, volvió a centrarse en lo que tenía sobre la mesa: un cuaderno de colorear.
—Hola, Iwan —saludé al verlo. Solté la mano de Emma y esta corrió a sentarse junto a Olly. Cogió un par de ceras de colores de encima de la mesa y aprovechó para ayudarlo a colorear.
—Hola, Mateo —dijo Iwan de vuelta—. He’s Olly. He’s my little brother. Olly? This is Mateo —
le indicó—. El espaniolito
.
Ah, genial. Que el hermano pequeño de Iwan también me conocía por ese nombre. Bueno, mejor eso que «Mareo» o zombie boy
. Olly se giró de nuevo y me miró durante un rato.
— Hello, españolito. —
Pronunció la eñe sorprendentemente bien. Después de saludarme, volvió a centrarse en su dibujo, cogiendo la cera azul para colorear el cielo.
— Any luck with Tom or Debbie?
—me preguntó Iwan, señalando mi móvil con la mirada. Llevaba un rato sin intentar contactar con ellos, pero ya me escribirían cuando vieran las mil llamadas perdidas.
— Not really, no.
—That’s funny.
—Funny? —
pregunté. ¿Qué tenía de divertido?
— Not funny funny. Funny weird
—me explicó. No sabía que raro se pudiera decir con la misma palabra que divertido.
—Ya, tío. —Se me escapó el español—. No idea.
—My mum’s pickin’ him up in twenty minutes. I can ask her to keep an eye on Emma, if you want.
—
Estaría genial. I mean, perfect. Yes. —
Aunque no dejaba de pensar en que era mi responsabilidad. Por muy amigas que fueran Debbie y la madre de Iwan, no me sentía del todo cómodo —
. Well, no. I prefer… Emma is coming with me. To the rehearsal.
—As you wish, Mateo. You’re the boss —
sonrió, y acarició a su hermano, pasándole la mano por el pelo. Olly lo miró y abrió el cuaderno de colorear por otra página distinta, cogiendo una hoja a medio terminar y dándosela a Iwan—. Alright, I know. I’m not done yet.
Iwan cogió la hoja y la estiró sobre la mesa. Entonces me miró y le dijo algo al oído a su hermano, que rebuscó en su cuaderno y sacó otra hoja, aunque no tenía nada de color. Era la silueta de un delfín sonriente saltando por encima del agua. Olly lo miró durante un rato y al final me lo dio.
— For me? —
pregunté, sorprendido.
— Yep. That’s for you
—me confirmó Iwan. De pequeño me encantaba colorear. Sobre todo esos cuadernos que tenían números y cada uno tenía que ser un color diferente.
— Thanks, Olly. —
Cogí el papel de entre sus manos. Este no dijo nada. En cuando me lo dio, se centró de nuevo en su trabajo de colorear.
Después de quince minutos casi en silencio, concentrados en nuestros dibujos, llegó la madre de Iwan para recoger a Olly.
Trató de calmarme (aunque yo ya estaba calmado) diciendo que Debbie seguramente habría ido al hospital con Tom para una nueva revisión.
Desde lo de la pierna, cada vez que se ponía