Capítulo 32
Roy, Iwan, Vanessa y Antonia subieron al escenario.
Vanessa iba chocando sus baquetas mientras la gente los vitoreaba.
Sin embargo, Tom y yo nos habíamos quedado atrás.
Yo me había quitado un enorme peso de encima.
Sentí que, al decirlo en voz alta, lo había hecho real.
Todo había cobrado sentido. No estaba seguro de estar enamorado de Tom, pero sí estaba seguro de que lo quería.
Él se había quedado en silencio. Con una mezcla de sorpresa y confusión totalmente desconcertante.
Podía ver en sus ojos que su mente estaba yendo a toda velocidad, seguramente reviviendo una y otra vez el momento exacto.
«I think I love you».
¿Lo habría estropeado todo diciéndoselo? ¿Por qué no me decía nada? ¿Tanto lo había asustado?
— Tom! What the fuck? C’mon! —
gritó Roy, y fue el toque de atención que necesitábamos.
— Let’s… let’s go
—me dijo, y subió al escenario. Yo… me quedé inmóvil. Petrificado. En ese momento, no podía enfrentarme ni a Tom ni al público ni a nadie. La había liado. Claramente había sido demasiado.
Inspiré profundamente y lo seguí, dispuesto a todo. Me crucé con Mr. Whitmore, que me dedicó una sonrisa y me guiñó el ojo. Cada uno fuimos tomando nuestras posiciones sobre el
escenario. Roy conectó su guitarra con cuidado, mientras yo colocaba mi teclado a la altura perfecta, al igual que Tom.
Lo miré, buscando algo de complicidad con él, pero no me miraba.
Estaba nervioso. Lo veía temblando y le costó bastante colocar bien el micro.
De hecho, cuando lo intentó, estuvo a punto de tirarlo al suelo de los nervios. «Mierda, ¿he provocado yo eso?».
— Need some help? —
se ofreció Antonia, pero Tom negó con la cabeza.
— I… I got it. Wait. I… There! —
dijo cuando el micrófono hizo clic y se quedó en la posición que necesitaba.
— Good night, Northwood!
—chilló Antonia—. We are The Turlips!
— Wohooo!
—gritó alguien entre el público. Entrecerré los ojos y vi a Debbie dando saltos. Claro. Por supuesto que era Debbie. Entonces Tom se aclaró la garganta y se acercó todo lo posible al micrófono.
— Hi. My name’s Tom. We are The Turlips and this is «Butterfly». —
Y, justo antes de empezar a cantar, giró la cabeza, me contempló durante unos segundos y me sonrió—. I think I love you too, Mateo —
pronunció las palabras sin emitir sonido alguno. Y justo ahí comenzó la canción, con Roy tocando la guitarra; Vanessa, la batería, y Tom, cogiendo el micrófono con las dos manos, como solía hacer—. « I used to think everything was possible…
» .
Y lo que sentí en ese momento juro que no lo había sentido nunca. En mi vida. Porque, en cuanto empezó a cantar, se encendieron tres bengalas entre el público. Solo con escuchar la voz de Tom, yo también habría encendido una bengala. Habría encendido cien bengalas.
I don
’ t feel right
I don
’ t feel free
Everyone says that
’ s how it
’ s meant to be
But if I fall
don
’ t let me die
…
I
’ m not a butterfly
I
’ m still learning how to fly
El bajo de Iwan, mi teclado y la batería de Vanessa creaban un todo perfecto.
Pero, como si hubiéramos invocado la lluvia, empezó a chispear.
La gente se asustó, yo el primero. Porque, si algo me había enseñado Northwood, era que, cuando caía una gota, justo después venía el diluvio.
No pasó esa vez. Simplemente era una cortina de agua suave y difuminada.
Lo suficiente como para mojarnos, pero no para que fuera peligroso.
Estuve a punto de fallar en una nota, pero lo corregí a tiempo.
—« I used to think everybody hated me…
» —se unió Roy, cerrando los ojos y rasgueando su guitarra con suavidad. Su voz sonaba tan bien para esta canción… Mucho mejor que cuando la había cantado yo con Tom en su habitación.
—« Maybe they did, or maybe it was me…
» . —
Y justo llegó mi parte favorita, cuando los dos cantaban juntos—. « I got so tired of feeling small…
» .
De ahí, la canción iba hacia arriba sin parar. Una rabia absoluta que explotaba al llegar de nuevo al estribillo, donde se unía también la voz de Antonia.
I don
’ t feel right
I don
’ t feel free
Desde ese punto, llegaba el puente, donde Tom y Roy se iban turnando, con Iwan y Vanessa dándolo todo con el bajo y la batería. Mientras, yo acompañaba con el teclado. Ahí era donde podía lucirme. Justo cuando terminaban y llegaba un solo de guitarra de Roy. « I think I love you too
». Esas palabras
empezaron a resonar en mi cabeza. Claramente me lo había dicho. No se había asustado. Al contrario. Parecía sentir lo mismo que yo.
La lluvia seguía cayendo, con una cortina fina y suave que convertía el momento en algo totalmente mágico. Y vi cómo Antonia miraba a Vanessa. Vanessa miraba a Iwan. Iwan a Roy. Roy miraba a Tom y Tom… Tom me estaba mirando a mí.
I’m scared of falling apart
Scared of wanting too much
If I open up my hands
Will you still reach out and touch?
Will you still reach out and toouuuch?
Toooouuuch!
¡Wow! ¡Tom nunca hacía esa parte de la canción con una nota tan alta y sostenida!
¡Dios, se me puso la piel de gallina! ¿Qué había sido eso?
Las bengalas fueron encendiéndose, cada vez más.
Una tras otra. Pese a la lluvia. Pese a que aún quedaran más bandas por salir.
Ese grito de libertad fue el momento perfecto y, cuando quise darme cuenta, casi todo el público había encendido su bengala.
I don
’ t feel right
I don
’ t feel free
Everyone says that
’ s how it
’ s meant to be
But if I fall
don
’ t let me die
…
I
’ m not a butterfly
I
’ m still learning how to fly
Ahí llegó el último riff de guitarra de Roy, mientras Antonia hacía los coros. Todos unimos nuestro instrumento al unísono,
haciendo un final por todo lo alto… Hasta que Tom cantó las últimas frases de la canción.
I
’ m not a butterfly… yet
I
’ m still learning how to fly
¡Y no es por exagerar, pero la gente se volvió loca!
No habían aplaudido con nadie tanto como con nosotros.
O quizá desde el escenario todo se vivía más intensamente.
Nos sentíamos auténticas estrellas de rock.
Había sido increíble. Mr. Whitmore subió al escenario, aplaudiendo también, mientras nosotros recogíamos los instrumentos y bajábamos para dejar espacio a la siguiente banda.
Nos cruzamos con dos chicos veinteañeros que subían con sus violines y, cuando estábamos ya en la parte trasera del escenario, nos miramos unos segundos en silencio hasta que Vanessa lo rompió.
— That was… Fucking awesome!
—Yeah! Right?! —
chilló también Iwan.
Todos formamos un círculo y nos abrazamos, bajando las cabezas y juntando unas con otras. Solo se nos oía respirar de emoción, de la felicidad. Todos juntos. Los seis. The Turlips. Y yo formaba parte de ello.
— Two Chords! —
escuchamos a Mr. Whitmore, gritando de fondo, presentando a la nueva banda. Un violín empezó a sonar de fondo mientras Mr. Whitmore bajaba del escenario y venía directo hacia nosotros—. Good job, Turlips.
—Thanks, Mr. Whit-Whitmore —
tartamudeó Vanessa, nerviosa por tener que hablar con mi profesor.
— And Mateo…
Buen trabajo —me dijo en un español perfecto—. Buena suerte.
—Gracias —asentí, agachando un poco la cabeza. Mr. Whitmore se despidió con una simple mirada y se fue, dejándonos solos de nuevo.
— I really really really need to pee
—anunció Antonia, echándose a correr hacia la casa club. Vanessa se unió a ella para acompañarla, mientras que Iwan se iba con su madre para coger algo de cenar. Siempre tenía hambre. Tom, Roy y yo nos quedamos solos. Nos miramos entre nosotros. Y Roy sonrió. De verdad. De felicidad absoluta.
—Has estado genial, Roy —le dije—. ¿Ese último riff? Amazing!
—
Supongo que tú…. tampoco has estado mal —respondió. Y eso era un cumplido viniendo de Roy. No iba a recibir mucho más de él.
—Gracias. —Le devolví la sonrisa—. Now what?
—Now… we wait for the judges —
comentó Tom—. And Debbie.
—
¿Debbie? —Tom señaló con la mirada y vimos a su madre corriendo hacia nosotros, con Emma de la mano y sujetando a su vez una bebida que iba derramando a cada paso que daba.
— Tommy! Tom! —
gritaba sin descanso.
— I’m going for… Whatever —
se despidió Roy, alejándose, camino de uno de los food trucks
, pero enseguida fue abordado por un grupo de chicas de mi clase de Spanish
.
— You were incredible! Amazing! That was amazing! Absolutely amazing! I don
’ t even have the words
. —Debbie estaba tan nerviosa que no sabía ni lo que decía—. Mateo, love, you were brilliant. And Tom, my darling… I’m so proud…
—Y, aunque trataba de contener las lágrimas, fue incapaz de hacerlo—. You
’ re an absolute star.
—I really liked your song —
añadió Emma, hablando normal en vez de en su idioma extraño. Creo que era la primera vez que la escuchaba con su voz real—. And your keyboard —
me dijo, con una sonrisa juguetona que me dio un poco de miedo. Pero era reconfortante que, por fin, hablara bien conmigo. Que se hubiera soltado, aunque solo fuera un momento.
— Thanks, Emma —
respondí, tratando de ser lo más educado y simpático posible.
— Let’s eat! Are you hungry? Yes, you are! —
exclamó Debbie, exultante.
—What are you drinking? —
preguntó Tom, que no se había movido del sitio, mientras Debbie, Emma y yo ya habíamos empezado a caminar hacia la zona de los food trucks.
— What? Nothing —
respondió Debbie, confusa.
— Nothing? Are you sure?
—Yes. Don’t you trust me? —
lo dijo con una punzada de dolor en su voz. Tom no contestó, así que Debbie volvió sobre sus pasos y le tendió su vaso—. It’s just Sprite. I told you this morning. Try it.
Tom parecía dudar, como si no supiera si coger el vaso o no.
Tenía una mirada sombría y dura. Yo quería decirle que no lo cogiera.
Tenía delante una prueba de confianza. Si confiaba, quizá Debbie diera el paso necesario para dejar de beber.
Sin embargo, si Tom desconfiaba y cogía el vaso para comprobar que no le estaba mintiendo, Debbie seguramente se viniera abajo.
Todo dependía de ese momento. Tom miraba a su madre fijamente, parecían estar diciéndose muchas cosas sin hablar.
Hasta que, después de unos segundos eternos, Tom al final habló.
— No, thanks. I don’t like Sprite —
añadió con media sonrisa dibujada en el rostro. Debbie, visiblemente emocionada, retiró el vaso y se lo acercó a los labios para darle un sorbo.
—Your loss —
sonrió, y Tom acabó cediendo y se acercó a su madre, que le dio un abrazo intenso que lo significaba todo en ese momento.
Cuando se separaron, los dos estaban llorando.
A Tom le daba igual, pero Debbie no dejaba de preocuparse por el rímel, tratando de arreglárselo con ayuda del dedo índice de su mano derecha.
—Pues… vamos a comer, ¿no? —expuse, rompiendo el momento.
— Are you hungry, love?
—le preguntó Debbie a Tom, revolviéndole un poco el pelo de forma cariñosa.
— Yes, I’m hungry —
respondió él —. I’m really hungry.