Capítulo 31 #2
presentó. No dijo nada. Simplemente empezó a tocar la guitarra, con un ritmo lento y pausado.
—« It doesn’t really matter now… You’re not here. And I’m sure it’s going to be a long summer…
» .
Su voz era un poco cursi, pero cantaba de maravilla.
Una balada de esas que le encantaban a mi madre y a mi tía Julia, pero que a mí me solían dar más igual.
Empezaron a encenderse algunas bengalas sueltas.
Serían sus amigos, porque, cuando los miré, tenían la misma edad, e incluso se parecían físicamente.
Yo tenía tres bengalas. Y había estado a punto de encender una con Black Rose.
Pero preferí guardármela, por si acaso llegaban canciones mejores.
—¿Te gusta?
—¿La canción? No está mal. No es mi rollo, pero tiene algo.
—No. La canción no. El festival —aclaró Tom.
—Sí, sí. Me está gustando mucho. Pero, no te voy a mentir, cada vez estoy más nervioso.
— Don’t be. You’re gonna be great
—y me revolvió el pelo—. I love your hair like this, Mateo. I really do.
Moví la cabeza de un lado a otro, tratando de mover el pelo con el viento, pero no conseguí el efecto deseado, y parecía como si me estuviera dando un ataque epiléptico.
—¿Qué haces? —rio, con su típica explosión de carcajadas.
—Trataba de ser una rockstar.
—Oh, ok. Leave it to Roy. He’s the true rockstar of this band. —
Los dos lo miramos. Estaba totalmente concentrado en el cantante sobre el escenario. Nos echamos a reír, disimuladamente, pero se dio cuenta, nos miró y nos enseñó su dedo corazón. Bueno, los dos.
— Shut the fuck up, you two!
—bramó, y se mezcló entre la gente, desapareciendo de nuestra vista.
Los grupos fueron pasando uno a uno y el tiempo seguía respetándonos. Nuestro turno era el doce y, según se iba
acercando el momento, cada vez me ponía más histérico.
Tenía una sensación urgente de vomitar o de salir corriendo de allí.
O las dos cosas a la vez. Nos reunimos los seis en uno de los laterales del escenario mientras estaba tocando la banda número diez, formada por cinco chicos que tendrían unos diez años.
Cantaban una canción sin ningún tipo de sentido, con cero armonía o coordinación entre ellos.
— They’re kids. They always win in this kind of contests. Crowd loves them. Not because they’re good… I mean, look at them… they love them just because they’re kids. Congrats, I guess. Talent’s optional, apparently
—masculló Vanessa entre dientes.
—Creo que somos mejores que ellos. O eso espero.
— Of course we are! —
replicó Antonia—. Lo somos, lo somos.
El grupo de niños terminó su actuación y el público los vitoreó durante un minuto entero. Se habían encendido varias bengalas. Quizá la actuación con la que más. Maldita sea. Cómo perdiéramos contra un grupo de bebés…
Mr. Whitmore subió de nuevo al escenario y presentó a la siguiente cantante. Una de las chicas que habíamos visto en Watford la otra tarde. Se presentó como Aisha y comenzó a cantar una balada en la que mezclaba inglés y otro idioma que no reconocí.
—Es bengalí —me dijo Antonia —. My mother is from Bangladesh. I know some words…
—
Parece superdifícil.
La verdad es que estaba siendo una de las canciones que más me estaban gustando, así que le pedí el mechero a Roy (ni idea de por qué tenía uno) y encendí mi bengala.
Tom hizo lo mismo, Antonia también, aunque era la última que le quedaba.
No fuimos los únicos, porque fueron encendiéndose más y más, hasta casi llenar el campo de luces brillantes. Desde luego era la
que más había conectado con el público. Y solo necesitaba su voz y una guitarra eléctrica.
—« I want you… I need you…
» —cantaba, con una pena mezclada con rabia que me emocionaba, hasta tal punto que me puso la piel de gallina—. « Life’s too short to stay silent. Too short to wait in line. If I don’t say it now, I’ll run out of time…
» .
«¿Soy yo o esa canción parece estar escrita, literalmente, para mí?». Aún me quedaba una semana en Northwood, pero ya no podía tener más señales. Tenía que hablar con Tom. Y quizá el momento era ese, justo antes de tocar. Sentía que era lo que tenía que hacer.
—Tom… —lo llamé, acariciándole suavemente la espalda para llamar su atención.
—¿Pasa algo? —Debió de verme la cara de preocupación—. It’s going to be amazing. You’ll see.
—Yes, yes. I know. But I want to talk to you about something…
—Now? I mean… it’s almost our turn.
Es nuestro turno. ¿Hablamos luego?
—Es que… necesito decirte algo.
De fondo seguía cantando la chica que tanto había enamorado al público.
Aunque parecía estar llegando a su final.
Tenía que ser rápido. Pero... a lo mejor la cagaba si se lo decía.
Porque tampoco estaba seguro de querer decírselo.
¿Lo sentía de verdad? ¿O simplemente era algo que me había metido Debbie en la cabeza?
— And that was Aisha. Fantastic, right? Make some noise for Aisha!
—Guys, guys! It’s our turn! —
gritó Vanessa. Tom miró hacia el escenario y luego volvió a posar la vista en mí, como pidiéndome con los ojos que, si tenía algo que decirle, que lo hiciera ya.
—Tom, yo… Creo que…
— Are you ready for The Turlips? —
gritó Mr. Whitmore, y la gente empezó a aplaudir sin parar.
— Guys! C’mon! —
insistió Iwan.
— Mateo? Are you sure you’re alright? —
me preguntó Tom, poniendo las manos sobre mis hombros.
— I… I… I think I love you.