El mundo entre nosotros Capítulo 31
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Capítulo 31

Por supuesto, toda la banda estaba allí.

Habíamos quedado a las cinco en punto y llegamos a las cinco y media.

Y, aunque nos recibieron con una bronca monumental, cuando Tom les contó que nos había sorprendido la asistente social, rebajaron un poco su enfado, preocupados por Tom y Debbie.

Roy no quiso meterse mucho. Como siempre, se mantenía un tanto al margen, observando la escena y juzgando con la mirada.

—But…

¿Está todo bien? —quiso saber Antonia.

— Yes. It was my father’s fault, you know…

—I fucking hate him —

aseveró Antonia.

— And now what?

¿Y ahora qué? —A Vanessa muchas veces se le olvidaba que era español. Pero, siempre que se acordaba, hacía el esfuerzo de hablar en mi idioma. Aunque yo cada día entendía más y más inglés.

—Ahora… esperar. We have to wait.

Debbie va a llamar para preguntar. La asistente volverá y hablará con Emma y conmigo. Me dijo que puede tardar… cuarentecinco… cuarenta cinco días. —Buscó mi aprobación con la mirada.

—Cuarenta y cinco —le dije—. Casi.

—Cuarente… Cuarentra… Shit! Forty five days.

— It’s gonna be ok. I know. I can feel it

—lo animó Antonia, llevándose la mano al corazón.

—¿Habéis podido ensayar algo? —pregunté mientras abría la funda del teclado y estiraba las patas para colocarlo frente a mí.

—Muy poco —confesó Vanessa.

— Well, we have like thirty minutes before the show starts. And then… like one hour or so before our turn —

explicó Iwan, afinando las cuerdas de su bajo—. Una hora treinta minutas.

—Perfecto —respondí. Iwan era como yo. Poco a poco se iba soltando más e intentaba hablarme en español.

Para mí, era el gran desconocido del grupo.

Al contrario que con el resto, no había tenido la oportunidadde estar a solas con él.

Y, pese a ello, me caía bien. Lo veía superbueno, aunque bastante en su mundo—. ¿Sabemos quiénes tocan primero?

—Un grupo de chicas de Blackhill —expuso Vanessa, jugueteando con sus baquetas. Trató de girar una de ellas en el aire y salió disparada, tanto que estuvo a punto de golpear a Tom en la cara—. Sorry!

—se disculpó mientras Tom recogía la baqueta del suelo y se la devolvía.

— Enough talking. Let

’ s fucking play!

—bramó Roy, tocando un riff de guitarra ensordecedor. Todos nos quedamos un segundo en silencio hasta que le hicimos caso y cada uno cogió su posición.

—«Butterfly»? —preguntó Tom, ajustando el micro a la altura perfecta.

—«Butterfly» —

respondió Roy, volviendo a rasguear su guitarra.

— Let’s go! —

gritó Vanessa, uniéndose con su batería, con ganas. Por último, la voz de Tom, perfecta como siempre.

— I used to think everything was possible…

Tras varias pruebas y algunos cambios de última hora en el bajo de Iwan, salimos de la sala de ensayo. No porque quisiéramos, sino porque Hugh no nos dejaba seguir. Fuimos

al campo de críquet, donde habían montado un escenario y donde ya había bastantes personas dando vueltas, esperando a que empezara la música.

Pero íbamos con unos quince minutos de retraso.

Por los altavoces sonaba música instrumental, casi como si fuera el interior de un ascensor.

Y había varios puestos de comida repartidos por el campo.

Reconocí una furgoneta de Northbloom. Tenía abiertas las puertas traseras y había montado una mesa de madera con diferentes tipos de bollos para vender.

También había una enorme parrilla donde estaban haciendo salchichas y carne a la brasa.

Y una mujer repartía bengalas para el concierto.

Antonia me explicó que, cuando se encendían muchas en una canción, el jurado siempre lo tenía en cuenta.

Ojalá en la nuestra se encendieran todas.

Un trueno resonó en el cielo. Por suerte, parecía estar lejos todavía. La música cambió de golpe a David Bowie: «Space Oddity». Conocía la canción por una película que me encantaba de pequeño: La vida secreta de Walter Mitty

. Cuando la veía, siempre soñaba con viajar por el mundo a mi aire y descubrir sitios increíbles. Northwood podría ser uno de esos lugares, desde luego.

—Oye, ¿y si llueve? —pregunté nada más escuchar el trueno.

—Si no hay tormenta eléctrica, no pasa nada —me calmó Antonia—. O mucha lluvia.

—Pues vamos jodidos. Porque aquí nunca llueve poco… —respondí, y Antonia se echó a reír.

No tenía ni idea de quiénes eran los miembros del jurado ni de cómo elegían los cinco grupos que pasaban a la final.

Aunque tampoco importaba, ¿verdad? La única idea era disfrutar.

Ni más ni menos. Ya controlaba mucho mejor el teclado y me entendía mejor con todo el grupo.

De repente, la música fue bajando su volumen progresivamente y un hombre subió al escenario.

No era un hombre cualquiera. Era Mr. Whitmore, mi

profesor de English Literature

. ¿Qué hacía ahí? ¿Qué tenía que ver con el festival? ¿Era el presentador?

—Es el organizador —me explicó Tom en un susurro.

—¿En serio? Eso es bueno, ¿no? Tendrá favoritismos.

—No es miembro del jurado.

—Lástima —me lamenté.

Mr. Whitmore empezó a dar golpecitos al micrófono y, tras un par de segundos de acople bastante incómodos, comenzó a hablar.

— Good evening, Northwood. Thank you all for coming out tonight. This festival is something really special for our town. It

’ s about local music, local talent, and giving young bands the chance to take the stage like this for the very first time.

Se oyeron varios aplausos. La gente empezó a acercarse al escenario, tratando de escuchar mejor y, por supuesto, de coger un buen sitio para cuando empezara el show.

—Tonight, you

’ re going to hear different styles, different voices, and a lot of heart. Some of these bands have been rehearsing in garages, bedrooms, and anywhere their neighbours would let them. —

Varias personajes se echaron a reír— . Even here, in our beloved cricket club.

Un par de chicos gritaron cuando escucharon la palabra críquet. Sus gritos se vieron silenciados por un grupo de señoras que les mandó callar. Un grupo de señoras y Vanessa, que miraba a Mr. Whitmore totalmente enamorada. Este esperó unos segundos a que volviera el silencio y siguió hablando.

— So let

’ s show them what Northwood does best. Let

’ s be loud, let

’ s be kind, and let

’ s give every band the welcome they deserve. —

Todo el mundo volvió a aplaudir, cada vez con más intensidad. Se acercaba el momento y estaba poniéndome nerviosísimo.

—Alright then! Let

’ s kick things off. Our first band of the night… they

’ re young and they

’ re ready to give it everything they

’ ve got. Please make some noise for… Black Rose!

—Uuuh! Black Rose!! —

gritó Antonia—. Support goes both ways. You cheer for them, they’ll cheer for you —

me explicó, y no podía haber más lógica en sus palabras, desde luego.

Al escenario salieron tres chicas vestidas como si fueran clones de Roy. Eran un poco más mayores que nosotros. Probablemente universitarias. Cuando aparecieron, saludaron al público y la que parecía ser la cantante líder se acercó al micrófono.

— Hello, Northwood!

—chilló—. Are you ready for Black Rose?

Y, nada más decirlo, la gente empezó a gritar.

— Yeaaaaaaaaaaaaaah —

vociferó ella, dejándose la garganta, mientras las guitarras eléctricas acompañaban el inicio de una canción que, para sorpresa de todos, era heavy metal. ¡Y qué bien sonaba!

— She was Iwan’s girlfriend

—me comentó Antonia, cotilla como siempre.

— Who?

Ah, ¿la cantante?

— Too intense for him. —

Los dos nos miramos, cómplices, y nos echamos a reír.

La verdad es que tocaban increíble, y los nervios que ya tenía fueron yendo a más. Porque tenía ganas de hacerlo bien. Por supuesto. Pero también tenía ese miedo a…

—Mateo —me llamó Tom, y volví a la realidad—. Para ti. —Me dio una bolsita de papel. Dentro había patatas fritas, pero de un color más marrón y rizadas. Por encima tenían una salsa roja densa que parecía kétchup—. Curly fries.

—Thanks.

Tom me sonrió, encantador como siempre, y comió una de su propia bolsita. Roy hablaba con dos chicos, a unos metros

de distancia. Iwan no dejaba de mirar la actuación con Antonia, que no había parado de gritar ni un solo segundo, y Vanessa miraba el móvil, algo desconectada de lo que estaba pasando en el escenario. Pero fue escuchar a Antonia gritar una vez más y le llamó la atención.

— Vanessa. You have to sing later

—lo dijo con una agresividad tan disimulada que Antonia se lo tomó bien y dejó de apoyar a las bandas que había sobre el escenario.

Cuando terminó el grupo de Black Rose, gritando «trans rights are human rights»

, bajaron por la parte de atrás y Mr. Whitmore volvió a aparecer una vez más tras el micrófono.

— Wow! Another round of applause for Black Rose!

—Y, por supuesto, la gente obedeció. Cada vez venían más personas de todas las edades.

Desde niños pequeños a ancianos que se sentaban en las sillas que había en los laterales.

Volvió a sonar un trueno, un poco más cerca, pero aún lo suficientemente lejos como para que nadie se pusiera nervioso—.

Alright, alright. It looks like the weather

’ s on our side… for now.

—Se le escapó una sonrisa—. Our next act comes from Blackhill School.

Se escucharon algunos abucheos, que fueron rápidamente silenciados por una ola de aplausos.

— But this time… it

’ s not a band. One guy, one guitar, and apparently no fear of the weather. So let

’ s give him a proper Northwood welcome. Please make some noise for… Sam Lover!

—

¿Cómo te vas a llamar Sam Lover? —dije, tratando de contener la risa.

— I know that guy! He was at Lila’s —

señaló Iwan—. He had, like, three brownies and puked all over her parent’s sofa. Lila went mental. She almost killed him. It was so funny. —

Se echó a reír.

En el escenario, apareció el chico. Pelirrojo, con el pelo largo más allá de los hombros y una guitarra acústica. También llevaba un taburete, que colocó junto al micrófono. No se