El mundo entre nosotros Capítulo 30
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Capítulo 30

Qué pocas ganas tenía de tocar delante de todo Northwood, la verdad. ¿Y si me equivocaba? ¿Y si la liaba y, por mi culpa, quedábamos fuera de la final? Roy no me lo perdonaría. Bueno, ni yo a mí mismo.

En St. Mary’s había una especie de nerviosismo latente, como a la espera de algo gordo.

Hablar con la banda me tranquilizaba. Todos teníamos ganas de salir al escenario y dar lo mejor de nosotros.

Iba a ser una experiencia totalmente nueva para mí.

Había pasado una noche horrible, fui incapaz de conciliar el sueño pensando en todo en lo que podía cagarla. Y eso que Tom estaba a mi lado.

Pero es que no paré quieto. Ni un solo segundo. Por suerte, él tenía un sueño profundo y no lo molesté demasiado. Y claro, por la mañana tenía las ojeras hasta el suelo. Ese día sí que era un auténtico zombi, desde luego.

—¿Quieres más café? —me preguntó Tom mientras se servía él una taza entera.

—Sí, por favor —bostecé—. Llena la taza.

—¿No has dormido bien? —se interesó, al tiempo que llenaba mi taza hasta el límite.

—Regular.

—¿Me muevo mucho?

—No, no. No has sido tú. Estaba nervioso. No sé. Será el concierto de hoy.

—Va a ir genial. You’ll see —

dijo, totalmente convencido. Me cogió de la cara y me dio un beso en la cabeza justo antes de que entrara Debbie en la cocina, con su pijama fucsia y estirando los brazos.

— Good morning

, chicos. Buenos días.

Tom no contestó. Directamente le dio la espalda y se sentó en la mesa de la cocina, ignorando que hubiera entrado siquiera.

— Good morning —

respondí yo.

— Is the coffee still hot? Did you… make any for me?

—le preguntó a su hijo, pero Tom contestó de mala gana.

—Queda un poco. —Encima en español, como queriendo recordar a su madre que, según él, debía hablar en español delante de mí.

—Gracias, love —

respondió mientras se acercaba a la cafetera y se echaba en una taza lo poco que quedaba de café.

Trató de acariciar a Tom, pero este se revolvió y Debbie pilló la indirecta. Yo quería intervenir y preguntarle porque me daba pena, pero también me sentía mal por Tom, así que decidí callarme y centrarme en mi desayuno.

— Today’s your big day, innit?

—insistió ella mientras aprovechaba para meter un par de rebanadas de pan en la tostadora.

— Yeah —

fue la respuesta de Tom. Sin dar ningún detalle más.

— Are you coming, Debbie?

¿Vienes? —intervine yo al fin. No podía aguantar más con esa tensión que había entre los dos.

—Of course! Emma and I will be there. —

Brindó con su taza en el aire—. Wouldn’t miss it for the world!

— Great —

masculló Tom—. No alcohol there, though. Might not be your thing.

El silencio que siguió a esa frase fue frío y cortante. Debbie me miró y pasó del dolor a sonreír nerviosa, haciendo como si no le hubiera molestado en absoluto lo que le acababa de decir su hijo.

— Well, I’ll drink Sprite. You know I love it

—añadió, tratando de quitarle un poco de hierro al asunto.

—A-a mí me gusta el Sprite también. —Odiaba estar en esa posición. Me costaba horrores contenerme. Tom estaba siendo demasiado duro con ella, pero, por otro lado, ¿cómo podía culparlo?

— Only one week left, Mateo. Are you gonna miss us?

Se me había pasado todo tan rápido… Justo cuando mejor estaba con Tom, se acababa mi viaje y tendría que esperar casi cinco meses para volver a verlo.

Además, sería en Madrid, en mi casa repleta de gente, con mis padres, mis abuelos, mi tía…

y Bruno. ¿No podía quedarme a vivir en Northwood más tiempo?

—

Tenemos que ir a Londres. Tienes que conocerlo. Quieres, ¿no? —preguntó Tom, ignorando a Debbie por completo.

—We can go this Sunday if you want. I’m free —

propuso su madre, pero Tom no respondió. Se limitó a mirarme fijamente y me puso una mano sobre la pierna, acariciándome con suavidad.

—Me encantaría. Y el domingo creo que es buen día. ¿Tú qué opinas, Tom?

— Sunday’s fine

—repuso de mala gana—. Voy a cambiarme.

Tom se puso en pie. Me dio un beso en la mejilla y se marchó de la cocina sin decir nada más. Cuando salió por la puerta, sentí que podía respirar de nuevo. Había sido muy incómodo.

—Right. Uhm… Well. I have to…

cambiarme —expuso Debbie, nerviosa. Se puso en pie, dejó su taza en el fregadero y guardó la leche en la nevera.

—Yo también tendría que subir, sí.

— Mateo, ¿quieres un corte pelo? —preguntó Debbie de repente, como si se le acabara de ocurrir en ese preciso instante.

—¿Un corte de pelo? ¿Hoy?

— Yes.

Sí. Eso. Corte de pelo.

—Pero… ¿dónde? Es decir, no conozco ninguna… —Vale. Tardé más de la cuenta, pero caí—. Ah, claro, vale. Tú puedes cortarme el pelo. I mean, you. You are a hairdresser.

—Yes, I am. I’m a hairdresser, love —

sonrió mientras se pasaba la mano por el pelo, ahuecándoselo un poco.

— But… I don’t know… I don’t know what I want…

Debbie se acercó y pasó sus manos por encima de mi cabeza, removiéndome el cabello.

— Well, I’m sure we can figure something out. So, do you want to try? Tom used to say his mum was the best hairdresser in London.

La mejor … how do yo say it?

—

Peluquera.

—¿ Peruquera

***

—PeLUquera. Pelu. Lu —pronuncié con fuerza para que lo entendiera bien.

—Peluquera. La mejor peluquera de London.

—Londres.

—De Londres. La mejor peluquera de Londres —repitió sonriente y orgullosa de haber conseguido decirlo bien delante de mí.

—Vale. Me animo. Probemos. Claro. —Pude ver en sus ojos lo feliz que le hizo que le dijera que sí.

Pese a que estuviera profundamente enfadado con su madre, a Tom le pareció buena idea que fuera ella quien me cortara el pelo. Repitió una y otra vez la misma frase que me había dicho Debbie: «Es la mejor peluquera de Londres».

Como era el primer día del festival, al salir de clase habíamos quedado para hacer un último ensayo a las cinco de la tarde.

Los conciertos empezaban a las seis y duraban hasta las diez de la noche.

Nosotros teníamos el puesto número doce.

Por lo que, probablemente, tocaríamos sobre las siete y media.

Tenía tiempo de sobra para ir a la peluquería de Debbie a por mi corte

perfecto. Tom me indicó cómo ir mientras él recogía a Emma de clase y la llevaba a casa para preparar la comida. Me perdí un par de veces, pero conseguí llegar.

Era una peluquería muy pequeña, con un par de ventanas que daban a la calle, justo al lado de un Tesco Express y de la parada del metro.

Fuera había una mujer fumando, con varios rulos y trozos de papel de plata en el pelo.

Comprobé un par de veces que era la peluquería de Debbie.

Abrí la puerta y todas las cabezas se giraron para mirarme. Y sí, todo eran señoras.

— He-hello. I’m Mateo Luarte. Is Debbie…?

— Debbie!

—gritó una de las peluqueras—. There’s a cute little lad here asking for ya! Debbie!

Me quedé en la entrada, con las manos entrelazadas delante de mí, sin mover ni un músculo, mientras el resto de las clientas no dejaban de analizarme de arriba abajo, estudiándome.

— Hello

—saludé con un movimiento de cabeza.

— Mateo, love! You came —

exclamó Debbie al salir de la trastienda, haciendo aspavientos con las manos, como pidiéndome que fuera hacia ella. Temeroso pero educado, me acerqué a Debbie. Me cogió entre sus brazos y me rodeó con fuerza—. Ladies. This is Mateo, little Tommy’s boy­friend.

—

Espera, ¿qué? —solté sin pensar.

— He is from Spain

—fue diciendo lentamente a cada una de las clientas—. He is so good looking, as you can see…

—Parecía estar explicándoselo a niñas pequeñas—. He is performing tonight at the festival.

—Eso arrancó un par de «oooh»—. And he’s coming for a new style, innit?

—

Sí.

Y, al hablar en español, todas las clientas me sonrieron, sorprendidas.

— He is so cute!

—intervino una.

— Boyfriend you said?

—dijo otra.

—Mateo, ¿qué corte de pelo quieres? —me preguntó Debbie, totalmente concentrada para decir cada palabra bien.

— Debbie, since when do you know Spanish? —

se sorprendió otra de las peluqueras al escucharla hablar.

— C’mon, Mateo. Sit down.

—Me señaló el único asiento libre para cortarme el pelo. Pasé entre las clientas, que seguían estudiándome, y me senté. Debbie pasó por detrás de mí, me cubrió con una manta blanca y me puso una especie de papel alrededor del cuello, cerrándolo en la nuca—. What do you want?

—Uhm… whatever you want.

— Are you sure, boy? —

dijo una de las clientas que estaba a mi izquierda.

Debbie sonrió, sacó las tijeras de un vaso con líquido, las secó sobre su bata negra y cogió un espray de agua.

— Close you eyes, love.

Me roció el pelo para que estuviera más húmedo y comenzó a cortar mientras yo le sonreía de vez en cuando a través del espejo. No dejabade pensar en cómo me había presentado ante sus clientas y compañeras detrabajo: « Little Tommy’s boyfriend

». ¿Es que Tom le había dicho algo? ¿O simplemente había llegado ella sola a la conclusión?

Tampoco es que nos hubiéramos ocultado. Nos dábamos la mano, hacíamos todo juntos,nos habíamos besado delante de ella…

, aunque no sabía que dormíamos en la misma habitación casi cada día.

Sin embargo, no era algo que Tom y yo hubiéramos hablado.

Si era mi novio, era mi primer novio. Y seguía sin tener muy claro qué era necesario para poder decir que alguien era tu pareja.

¿Un beso? ¿Una paja? ¿Dormir en la misma cama?

¿Decirse «te quiero»? ¿Cuáles eran las normas?

— Are you nervous for tonight?

—me preguntó Debbie mientras cambiaba de tijeras. Seguía teniendo el pelo empapado

y pegado a la frente, así que aún no podía hacerme una idea de cómo me estaba quedando el nuevo peinado.

— Yes. A little —

admití.

—You’re gonna be amazing, sweetie. You’ll see —

me animó, dejando de cortar un segundo y colocándose sobre mi hombro, sonriendo al espejo.

— Thanks.

—Is my Tommy your first boyfriend? —

preguntó sin rodeos. «Wow. Sí que es cotilla, desde luego».

— I don’t know. I’m not sure if he’s my boyfriend or not.

No lo sé.

— You don’t know?