Capítulo 29 #3
comiendo patatas fritas sin parar. Vanessa estaba bailando tras una columna.
No veía por ningún lado a Antonia. Ni a Tom.
¿Dónde se habría metido? ¿Había tardado tanto al subir a por bebidas?
Fui sorteando a la gente, tratando de llegar al centro de la improvisada pista de baile cuando choqué con una chica.
Esta se giró y no era otra que Maddie, que abrazaba a alguien.
— Hello there, little Mateo
—me dijo, sonriente y, claramente, un poco borracha.
— Have you seen Tom?
—
Está allí. —Pero la que me lo dijo no fue Maddie, sino Antonia. Sí, era ella la que estaba en los brazos de Maddie.
—Hola, Antonia.
—Hola, Mateo —sonrió. Asentí, incómodo, y me alejé buscando a Tom. Me giré para cotillear y vi que, en cuanto me fui, ya se estaban besando de nuevo.
No había forma de encontrar a Tom. ¿Dónde demonios se había…
? ¡Ah, ahí estaba! Apoyado en una pared, solitario.
Estaba nervioso. Lo había dejado demasiado tiempo solo.
Me iba a odiar y me lo merecía. Pero es que, claro, habían pasado muchas cosas.
Y quizá no llevaba tanto tiempo arriba, ¿no?
Me puse a bailar haciendo el tonto, acercándome a él, tratando de destensar todo un poco.
Cuando me vio, empezó a reírse. Aunque no lo veía muy cómodo.
—¿Dónde estabas? —me preguntó, confuso.
—Tuve que ir arriba porque aquí ya no quedaba nada. Toma. —Le di una de las latas. La cogió, pero la miró con sospecha.
—Esto tiene alcohol —repuso.
—Pero muy poco, ¿no? Yo lo he probado y está muy rico.
—No quiero alcohol, Mateo. —Me devolvió la lata, molesto.
—Lila me dijo que te gustaría y…
—¿Lila? ¿Estabas con Lila? No entiendo.
—Ella me dio las latas —le expliqué, y casi como si la hubiéramos invocado, justo pasó a nuestro lado.
—« One kiss is all it takes…
» —canturreó, y me dio una palmadita en la cabeza mientras seguía hacia el final del sótano, lanzándome un par de besos. Tom me miró, sin entender nada.
— What was that?
—
Nada. Solo que… creo que le gusto —dije entre risas.
—¿A Lila? —Estaba totalmente descolocado.
—Sí. Ha sido raro…
—Voy a por agua —replicó, y noté lo molesto que estaba. Así que lo seguí.
—¿He hecho algo mal? —le pregunté.
—No —espetó, seco como él solo—. But
… You said you were getting drinks. You left me alone for twenty minutes. Then you came back with alcohol I’d specifically told you I don
’ t drink, and started talking about messing around with Lila. Well, yeah. I
’ m a bit pissed off.
—
Oye, que no ha sido así. Solo era por traerte algo de beber —me excusé. El corazón me iba a mil. No se me daba bien discutir y mucho menos si el que estaba enfadado conmigo era Tom—. Y Lila es la que me acompañó a su nevera. Pero no te quería dejar solo.
—Ok —espetó.
—No te enfades.
— I’ve just told you. I’m not angry.
—You said you are pissed off —
le recordé.
— It’s not the same.
Y me lo dijo de tal forma que me dolió. Tom iba directo a la nevera que había junto a las escaleras y yo no sabía qué hacer.
No entendía que se hubiera molestado tanto por una tontería.
Aunque, claro, a lo mejor para él no lo era.
No lo sé. Solo sabía que no quería que se enfadara conmigo.
Así que lo cogí de la mano y Tom frenó y se dio la vuelta. ¿Qué pasaba?
—¿Tom?
— Can we just… not? Please? —
me dijo entre lágrimas. «Oh, mierda». Estaba llorando.
¿Le había hecho llorar? Eso era lo peor que podía haber pasado.
Me sentía fatal. No podía estar pasando…
Iba a decir algo, pero preferí callar y abrazarlo.
Sentí que era lo que necesitaba en ese momento.
Y, al parecer, acerté. Porque me apretó con fuerza entre sus brazos y colocó su cabeza en mi hombro, buscando mi calor, buscando que yo lo consolara todo lo posible. Así que lo abracé más fuerte.
De fondo sonaba «Zombie», de Yungblud. Una de mis canciones favoritas.
— I’m sorry. I didn’t know… —
empecé a decir, casi temblando de los nervios.
—Don’t be sorry, Mateo. It’s not you, it’s me… —
dijo entre sollozos.
—Pero tú me dijiste que no querías beber alcohol. Y yo voy y te traigo esta mierda de bebida…
— It’s ok. Really —
gimoteó.
— Do… do you wanna leave? —
le pregunté.
—Please —
me susurró—. But… give me just one more minute like this.
— Whatever you need —
le contesté—. ¿Al menos lo has pasado bien?
—Sí. Lo he pasado bien —admitió entre lágrimas—. I’m so sorry, Mateo.
Quiero pedirte perdón.
—¿Perdón a mí por qué? —contesté.
—Por cómo he reaccionado antes. That wasn’t right —
se disculpó.
—No, no. Ha sido mi culpa, en serio. No tendría que haberme ido tanto tiempo sin avisar. Y, además, tú me dijiste lo de que no bebías y yo…
— There’s this thing with alcohol…
—comenzó a decir—. You already know Debbie has a problem with that.
Empezó cuando mi padre se fue. Han habido momentos… No. It’s not right.
—Es…
— Wait. Let me…
Han habido… Ha habido… Ha habido momentos. —Yo asentí cuando me miró, buscando confirmación—. Ha habido momentos difíciles. Ahora está mejor. Pero, cuando pasó lo de mi pierna, fue complicado.
—Lo siento. —No sabía qué más le podía decir.
—Debbie no bebía antes. I promise. —
Se separó un poco para mirarme a los ojos.
—
Te creo, te creo.
Tom se quedó en silencio unos segundos y volvió a abrazarme.
— I fucking miss my leg —
gruñó de pura rabia.
—
¿En serio? Si tu nueva pierna es muchísimo mejor —le dije, tratando de animarlo.
— No, it’s not.
—¡Claro que sí! La mía es una mierda. Las piernas están sobrevaloradas. Ya verás. De aquí a diez años, todos querremos tener una pierna como la tuya —bromeé, y lo escuché reír, aunque muy tímidamente.
—Qué tontería.
—Bueno, sí, es una tontería, pero te he hecho reír, que te he oído. Así que minipunto para mí.
—Minipunto para ti. —Volvió a reír.
—Y… no sé si puedo preguntar, pero tu padre…
— What?
—No me cae bien tu padre —confesé, y Tom sonrió.
—Mi padre… He made lots of mistakes. And Debbie too. But at least she’s trying. I know. I just… Well… I don’t know what I’m saying.
Lo siento, no sé qué quiero decir.
—Está bien. No pasa nada. Y si te ayuda… —Le podría contar alguna de mis conversaciones con Debbie. A lo mejor le ayudaba a verla de otra forma—. Ella está muy orgullosa de ti.
— How do you know?
¿Cómo lo sabes?
— She told me —
confesé—. But I promised her to keep the secret.
Un secreto es un secreto.
— Thanks, Mateo. You know, I’m really happy I met you.
—Me too —
sonreí, feliz. «Zombie» seguía sonando, acompañando nuestro momento, como si no hubiera nadie más en la fiesta. Solo nosotros dos.
—
¿Sabes? Esta canción es de mis favoritas —le conté mientras nos movíamos lentamente.
—¿«Zombie»? —dijo con un tono de sorpresa al reconocerla.
—
Así me llaman para… bueno, para meterse conmigo.
Ya lo viste, que aquí tampoco es que tengan mucha originalidad.
—Nunca pensé que mis ojeras molestarían tanto a la gente.
En Madrid ya me había acostumbrado a las burlas.
Que en Northwood hubiera pasado lo mismo me dolía, la verdad, aunque tratara de disimularlo.
— You don’t look like a zombie, Mateo.
— But…
« would you even want me looking like a zombie?
» —susurré, siguiendo la letra de la canción.
Nos separamos un poco para volver a mirarnos, y en vez de besarnos, juntamos nuestras frentes, cerrando los ojos. Nunca había sentido nada parecido a lo que sentía estando con él. ¿Me estaba enamorando de Tom? ¿Eso era lo que realmente sentía por él?
— Yes, Mateo. I want you. However you are. No matter how you look. Always.