El mundo entre nosotros Capítulo 29 #2
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Capítulo 29 #2

—explicó Tom mientras le daba un sorbo a su lata de Coca-Cola.

— Apparently there are weed brownies. Someone told Iwan…

—susurró Antonia.

— Who told you?

—preguntó un Roy desinteresado mientras cogía de la nevera una lata de Sprite.

— Harry… I think.

—Let’s dance, motherfuckers! —

gritó de repente Vanessa, mezclándose entre la gente, alzando los brazos y bailando sin parar.

— What the actual fuck? —

dijo Antonia, totalmente impactada.

— Whatever

—masculló Roy y también se fue, camino de la mesa de las patatas fritas.

Cuando quisimos darnos cuenta, Iwan también había desaparecido, dejándonos solos a Antonia, a Tom y a mí.

Poco a poco me fui soltando y bailando al ritmo de la música, incluso si no reconocía la canción que estaban poniendo.

Aunque, por el momento, me sabía todas. Antonia también y casi siempre las cantaba conmigo.

Tom estaba un poco más parado. Notaba que no estaba del todo seguro de bailar.

Ya me lo había dicho fuera, que con la pierna era complicado.

Así que, cuando cambió la música y sonó «Lonely dancers» de Conan Gray, cogí a Tom de las manos, tratando de bailar con él.

—¿Conoces esta canción? —le pregunté.

—Sí. Me gusta Conan Gray —respondió—. Tengo todos sus discos.

—¡Genial! Entonces, si te la sabes, tienes que bailarla conmigo. —Mi lógica era aplastante. Nadie podría haberse negado, y menos aún con mi encanto natural y mi sonrisa de oreja a oreja. Empecé a mover los brazos de una forma un tanto absurda y Tom disimuló una sonrisa.

—I don’t know if I…

—C’mon, Tom!

—lo alentó Antonia, dándole un empujón y lanzándolo al centro del sótano para bailar. Yo lo cogí del brazo antes de que perdiera el equilibrio y los dos acabamos muy juntos, casi tocándonos la frente.

— Thanks —

le dije a Antonia, que asintió, feliz de haber ayudado.

Tom me miró, le sonreí y le di un beso rápido en los labios.

Fui moviéndole los brazos mientras trataba de encontrar el ritmo perfecto para que pudiéramos bailar los dos.

¿Resultado? Un desastre. Pero me lo estaba pasando genial.

La luz seguía cambiando cada rato, con cascadas de puntos rojos y azules bajando por las paredes y recorriendo el techo.

Y con el vídeo de la canción proyectado detrás de nosotros.

La gente bailaba, charlaba, bebía. Todo el mundo lo estaba pasando bien.

Aunque con la poca luz que había, no era capaz de situar al resto de la banda.

Daba igual. Estaba con la única persona que quería estar. La única que me importaba.

—« We’ll be alright… Tonight you’re mine!

» —

canté, dejándome la garganta y mirándolo directamente a los ojos. Y ahí Tom se soltó por fin. Separamos nuestras manos e intentó hacer pasos de baile por su cuenta. En un momento dado, incluso trató de hacer el moonwalk,

y durante unos segundos lo consiguió, antes de chocarse con una chica que tenía detrás.

— Sorry! —

se disculpó, y me miró tratando de contener la risa.

Volvió hacia mí, andando muy despacio, como si fuera a chocarse con alguien más, y seguimos bailando canción tras canción.

—Me muero de sed —le dije después de bailar «Abracadabra» de Lady Gaga de una forma sorprendentemente espectacular. Y no lo digo yo, sino todos los que nos aplaudieron—. Voy a por algo.

—¡Vale! Te espero aquí.

—¿Seguro?

—Sí, sí —insistió. Yo me hice hueco entre la gente para llegar hasta las neveras donde estaba la bebida, pero, cuando abrí una

de ellas, solo había botellas de agua y cerveza. No me interesaba ninguna de las dos cosas.

— There’s more upstairs —

me indicó una chica con una lata de cerveza en la mano, después de mirarme de arriba abajo. Menudo repaso me dio.

— Thanks.

—Do I know you? —

preguntó, suspicaz.

—Uhm. I don’t know. I’m Mateo —

me presenté.

— Mateo, Mateo… Ah! Mateo! The Spanish boy! El espaniolito —

gritó, feliz—. Hola, hola. Soy Lila. Es mi casa.

—¡Hola! Es decir, hola, hola. Encantado. Gracias por invitarme.

— What are you drinking?

¿Be-bebida?

—Coca-Cola.

— Come. —

Me cogió de la mano, llevándome a las escaleras, alejándome de la fiesta y de Tom. Lo busqué con la mirada, pero no lo vi.

Subimos por las escaleras al piso de arriba, y nos cruzamos con dos chicos que bajaban de la mano.

La planta principal de la casa seguía perfectamente limpia.

No había nada que diera pistas de que abajo estaba llevándose a cabo una fiesta.

Al menos Lila había invitado a gente que no estaba pasándose ni nada por el estilo.

Me llevó hasta la cocina y abrió la nevera, pero no sacó una lata de Coca-Cola, sino dos latas diferentes. Eran plateadas y se llamaban White Claw.

— No more Coca-Cola, sorry

—me dijo, dándome una de las latas que tenía en la mano.

— What’s this?

—Hard seltzer. It’s good. Try —

me sugirió, con una sonrisa un tanto sospechosa.

Abrí la lata que tenía una marca roja y ponía Raspberry

. Le di un sorbo y estaba entre bueno y asqueroso.

—Pero… Esto tiene alcohol.

—Alcohol? Yes. But only a bit. —

Abrió su lata y dio un sorbo mucho más largo que el mío—. It’s mostly sparkling water.

— But… my friend…

—Estuve a punto de decir « boyfriend

»—, he doesn’t drink alcohol.

—Who’s your friend? Tom, right?

—Yes —

asentí.

Abrió la nevera de nuevo y me dio otra de esas latas.

— For him.

— I’ve just told you that he doesn’t drink alcohol

—remarqué.

— He’s gonna love it. Trust me.

—

Eh… ¿ok?

— You’re kindda cute —

me dijo, acercándose un poco más.

—Supongo. I guess? —

respondí, encogiéndome de hombros.

— How old are you?

—Dio un paso más, haciendo que me chocara con la isla de la cocina. «Espera, espera. ¿Qué? ¿Está pasando… lo que creo que está pasando?».

— Fif-fifteen —

tartamudeé.

— I’m seventeen. —

Y así, de repente, se lanzó a besarme. Ni siquiera me dio tiempo a apartarme. Sus labios se pegaron a los míos y yo no pude moverme. Era raro sentir que me besaba otra persona que no fuera Tom, cuando había sido mi primer y único beso hasta el momento (besos, en plural)—. First kiss?

—No. But… —

Joder, ¿cómo lo había sabido? ¿Tan mal besaba?

—What?

—Empezó a besarme el cuello torpemente mientras pasaba sus manos por mis caderas. Iba a decirle que era gay, pero la puerta del sótano se abrió de golpe y salieron tres chicos riéndose entre ellos. Lila se apartó, me sonrió y me dio un beso en la mejilla—. See you downstairs.

Se despidió haciéndome el corazón coreano con los dedos y desapareció tras la puerta negra del sótano, bajando las escaleras de vuelta a la fiesta.

«¿Qué acaba de pasar?».

—I’m gonna have to kiss you as well —

escuché decir a alguien, pero no reconocí su voz. Hasta que lo vi. Roy estaba apoyado en una de las columnas que había entre el salón y la cocina, comiendo un yogur. Me acerqué a él, dejando al grupo de chicos vía libre en la nevera.

— She…

Ella se ha lanzado. No me he podido quitar —me defendí. ¿Cuánto tiempo llevaba allí? Dios, qué silencioso era cuando le daba la gana. No quería que se hiciera ideas raras, o fuera contando por ahí cosas que no eran.

—Ok, ok. Everybody knows Lila —

me respondió, queriendo quitar hierro al asunto. Menos mal. Aunque no acababa de entender muy bien lo que me había querido decir… ¿Es que la tal Lila solía hacer eso con todo el mundo?

— What do you mean?

— Nevermind. So… where’s Tom? —

preguntó, inquisitivo.

—

En el sótano. You?

—Me? I’m here.

— I mean, what are you doing? —

me corregí rápidamente.

—Como un yogur. Want some? —

Me ofreció de su cuchara, pero negué con la cabeza.

—Vuelvo abajo. ¿Vienes?

— No, thanks. I’m dipping.

—Dip… what?

—Dipping. Means that I’m off. I’m leaving —

me fue explicando conforme veía mi cara de confusión total.

—¿Ya? —No llevábamos mucho en la fiesta.

— Good luck down there.

—Relamió la cuchara y me dio el yogur, como para que lo tirara yo. Se puso la capucha de su cazadora y se giró, en dirección hacia la puerta de salida.

—¿Por qué me odias? —solté sin pensar cuando vi que se iba. Pero Roy no frenó.

— I don’t —

fue su respuesta, y llegó hasta la puerta.

— I know you hate me —

insistí—. I’m not dumb. Dumb?

No soy tonto.

Esas últimas frases lo detuvieron, con la mano en el pomo de la puerta de salida.

Estuvo unos segundos inmóvil y dudé sobre lo que iba a hacer.

¿Se iba a largar dejándome con la palabra en la boca?

¿Se iba a girar para pelearse conmigo? Estuve a punto de volver a hablar hasta que soltó el pomo por fin y se giró para enfrentarme.

— I don’t hate you —

contestó—. I mean, not really.

—

¿Y por qué eres tan borde conmigo? —le pedí explicaciones—. Why are you so… so…

—Rude? I don’t know. It’s who I am, I guess.

—

Eso no es excusa.

— Mateo.

—Me miró fijamente a los ojos. Nunca me había fijado bien en lo guapo que era Roy, y mucho menos en lo penetrantes que eran sus ojos—. I don

’ t hate you. But I will if you hurt Tom. Got it?

Eso había sonado a amenaza. Pero ¿por qué pensaba que iba a hacer daño a Tom?

Jamás se me ocurriría. Ahí estaba el Roy sobreprotector del que me había hablado Antonia.

Desde luego no quería enfrentarme a él. Lo vi alejarse por el jardín delantero, con la capucha puesta y las manos en los bolsillos, casi como si fuera un cliché andante.

Cuando ya hubo cruzado la carretera, me di la vuelta y fui a la nevera de nuevo, buscando alguna lata de Coca-Cola, de Fanta o de lo que fuera.

Pero ya no quedaba nada salvo esa bebida que me había dado Lila y una botella de lo que parecía vino.

Menudas dos opciones. Bueno, pues le bajaría una de esas latas a Tom.

Quizá, como tenía muy poco alcohol, no le importaba.

Abrí la puerta del sótano y bajé las escaleras, metiéndome de nuevo en la fiesta y escuchando de fondo «State of grace» de Taylor Swift. Había menos gente bailando. ¿Cuánto tiempo llevábamos ya allí? Vi a Iwan hablando con varios chicos y