Capítulo 29
Delante de mí tenía la primera fiesta a la que iba a ir en mi vida.
Si no contaba las que organizábamos Ale, Juan y yo en Madrid.
Aunque nosé si podrían calificarse como «fiestas».
No había alcohol (excepto una vez, que probamos una de las botellas de tequila de la madre de Ale) y generalmente éramos solo nosotros tres.
No es que fuéramos los más populares del instituto, así que era difícil que nos invitaran a planes después de clase.
Pero oye, no nos hacía falta. Porque nos los organizábamos nosotros fácilmente.
Sin embargo, la fiesta en casa de Lila eran palabras mayores.
Cuando llegamos, a las seis de la tarde, todo parecía bastante tranquilo.
Al menos desde fuera. Habíamos sido los primeros de la banda en llegar.
No le habíamos dicho a Debbie nada. Era una fiesta secreta.
Lo bueno de la casa de Lila es que no tenía muchas a su alrededor y sus vecinos estaban de viaje recorriendo Grecia.
Todo era perfecto para que nadie la pillara.
Y muchos de los padres estarían en la actuación del grupo de Debbie o ayudando a montar el escenario del festival de música en el que tocábamos nosotros.
De hecho, para Debbie y el resto de los padres de nuestro grupo, estábamos en el club ensayando y preparándonos para nuestra gran actuación.
Menos mal, porque era la única forma de poder escaparnos y de que Emma tuviera
una canguro que cuidara de ella. Si no, nos habría tocado llevarla con nosotros.
Yo seguía sin caerle muy bien. O no se fiaba del todo de mí.
Aún me debía una explicación de por qué quería cortarme el pelo, pero iba a ser mejor dejarlo estar, no quería darle nuevas ideas.
Aunque la noche anterior se había quedado dormida encima de mí.
Vale, he de decir que nos quedamos dormidos los tres y solo nos despertamos porque Terrible se puso a maullar como un loco.
Tom subió a Emma a su habitación, dejándome a mí medio sobado en el sofá.
Luego volvió, nos puso una manta por encima y nos quedamos dormidos juntos, abrazados.
Me estaba acostumbrando a dormir así. ¿Qué iba a hacer cuando volviera a Madrid y tuviera que dormir de nuevo bajo el mismo techo que el pesado de mi primo Bruno?
— So… this is it. Our first party together
—anunció Tom, al tiempo que observábamos desde la acera de enfrente cómo un grupo de cuatro chicas cargadas con bolsas entraban en la casa, después de haber estado escabulléndose entre los arbustos, como si hubiera cámaras que las vigilaran desde todos los ángulos.
—Sí. Nuestra primera fiesta. ¿Ganas de bailar? —le pregunté.
—Siempre. Pero con esta pierna es difícil.
—Seguro que bailas mejor que todos los que están ahí dentro —dije con toda la confianza posible.
—¿Tú crees? —Se le iluminaron los ojos.
—Claro que sí. No diría lo que digo si no supiera lo que digo. —Tom se quedó un poco pillado con mi respuesta. Normal—. ¿Vamos?
—Recuerda: solo dos horas. Tenemos que volver a casa para estar con Emma cuando se vaya la babysitter.
¿Cómo se dice babysitter
en español?
—Canguro.
— Like… a kangaroo?
— Yes. I think…
Supongo que es por lo de que los canguros tienen esa bolsa ahí delante y meten ahí a sus crías para cuidarlas y esas cosas. No tengo ni idea. Me lo acabo de inventar, la verdad —admití.
— Cangurro
. —Me hacía muchísima gracia cuando pronunciaba mal la R. Era tan tierno…
—Canguro. Más suave.
—Canguro. Canguro —repitió un par de veces.
—Perfecto. ¿Vamos? —Le tendí la mano. Tom asintió, la cogió con fuerza y cruzamos la calle de camino a casa de Lila.
Cuando llegamos a la puerta, Tom llamó con delicadeza.
Se oía una música lejana, demasiado lejos como para venir del interior de la casa.
Tuvimos que llamar varias veces para que alguien nos abriera.
Y el que lo hizo no fue otro que Andrew, quien, al vernos, se alegró como si hubiera visto… , yo qué sé, a Taylor Swift.
— Hey, you guys made it!
—Llevaba un vaso de plástico en la mano y juraría que lo que estaba bebiendo era cerveza—. Where’s the rest of the band?
—
Por ahora nosotros dos solos —dije yo, y Andrew me miró, sonriente como siempre.
—Hola, espaniolito
.
—Hola —respondí, haciendo una pequeña reverencia con la cabeza.
— Come on in! The party is in the basement. —
Se apartó de la puerta para dejarnos pasar.
La casa por dentro parecía sacada de una revista de decoración de las que leía mi tía Julia.
Todo estaba perfectamente limpio y ordenado.
Todo en su sitio. Y no había ni una sola pared.
Al menos en la planta principal. Justo frente a nosotros estaba el jardín trasero, que se podía ver gracias a las enormes puertas de cristal.
Una cocina a la izquierda con una isla en medio repleta de botellas a medio vaciar y con dos
chicos mirando en la nevera qué podían coger.
Me daba miedo entrar porque parecía que ibas a romper o ensuciar algo solo con moverte.
Nos quitamos las zapatillas y Andrew nos guió hasta el sótano mientras daba sorbos ocasionales a su cerveza.
¿Por qué me habían dicho que era pequeña si eso era como una mansión?
Cuando Andrew abrió una puerta negra justo a un lado de la nevera, la música empezó a sonar más fuerte. Sí que tenían el sótano insonorizado, desde luego. Bajamos tras él y vimos a mucha gente. Quizá unas veinte personas, más o menos. Reconocí a un par de clase de Spanish,
pero el resto parecían más del curso de Lila que del nuestro.
El sótano era enorme, con algunas columnas entre medias y una pared enorme en el fondo que servía a la perfección para el proyector colgado del techo.
Estaba sonando una canción de Taylor Swift y se podía ver el vídeo en la pared.
La luz era tenue, salpicada de brillos rojos, verdes y azules. Aún no había nadie de nuestro grupo.
— Want some?
—dijo Andrew, ofreciéndonos de su cerveza.
— No, thanks. I just want a Coke.
Andrew se disculpó al momento, como si hubiera metido la pata hasta el fondo.
— Sorry, Tom. I didn’t mean to…
—It’s ok, Andrew. Really —
lo tranquilizó Tom, con una sonrisa forzada. Andrew le colocó la mano sobre el hombro, apretándolo suavemente, y pasó a mirarme a mí.
— And you, Mateo?
— Me? No, no. Thanks. I want a Coke too
—dije con rapidez. Andrew se encogió de hombros, se disculpó una última vez con Tom y se fue, mezclándose con un grupo de chicos, dejándonos solos—. ¿Qué ha sido eso? ¿Por qué te ha pedido tantas veces perdón?
— It’s nothing. Let’s get a drink.
Entonces, sonó un timbre en el sótano que interrumpió la música durante unos segundos. Tom y yo nos miramos,
sorprendidos, cuando una chica pasó a nuestro lado y subió las escaleras, desapareciendo en la planta de arriba.
— It’s the door —
nos informó una chica detrás de nosotros.
No era una desconocida. Era Maddie, la chica que nos habíamos encontrado el otro día en el centro comercial de Watford.
Llevaba el pelo suelto y tenía una diadema plateada colocada en la cabeza.
Se había pintado la raya de los ojos de un color morado intenso e iba vestida con unos vaqueros negros y una camisa a juego.
Parecía más una madre que una adolescente de quince años.
— Hi, Maddie
—saludó Tom—. Do you know where we can grab something to drink?
— There.
—Señaló una de las esquinas del sótano, donde había dos neveras gigantes de color rojo brillante—. And there’s crisps over there
—añadió, señalando hacia uno de los laterales del sótano, donde había una mesa repleta de bolsas de patatas fritas.
— Thanks.
— Where’s Antonia? —
preguntó. Directa y al grano.
— I don’t know
—respondió Tom.
— But she’s coming, right?
—Yeah, yeah.
Maddie respiró, aliviada, y se ofreció a acompañarnos a por las bebidas, como si fuéramos a perdernos o algo así.
Sin embargo, a los pocos segundos se puso a hablar con otra chica a la que no reconocí y nos dejó a nuestra suerte.
La música cambió a The Weekend cuando se abrió la puerta y apareció Vannesa, seguida de Iwan, Antonia y, por último, Roy.
Habían llegado los cuatro juntos. Me encantó verlos ahí arriba, estaban guapísimos.
Vanessa llevaba unos vaqueros oscuros y una chaqueta a juego, con un top de color negro debajo.
Además, se había recogido el pelo en una especie de moño alto.
Detrás iba Iwan, con pantalones beige apretados, un polo azul marino y una camisa de cuadros rojos atada a la cintura. Luego pude
ver a Antonia, que llevaba unos vaqueros anchos, una camiseta de tirantes de color naranja y unos pendientes enormes de aro. Por último, Roy, con su look total black,
como siempre, aunque esa vez se había peinado el pelo hacia atrás, dejando su cara completamente descubierta.
— Hey!
—exclamó Tom desde nuestra posición. Vanessa nos vio primero, nos devolvió el saludo y vino hacia nosotros.
—¿Qué tal? —me preguntó Antonia, que no dejaba de mirar a todos lados, emocionada—. First party in Northwood. How are you feeling, Mateo?
—Good.
Me gusta —asentí mientras abría mi lata de Coca-Cola. Debió de agitarse en algún momento, porque fue abrirla y explotar delante de todos, manchándome la camiseta blanca que llevaba, el top negro de Vanessa y, por poco, no salpicó también a Antonia.
— Oi! Watch it! —
gritó Iwan, apartándose instintivamente hacia atrás, pero chocando con otro chico que le tiró medio vaso encima—. Fuck!
—Sorry! —
me disculpé—. Seguro que hay papel por aquí para limpiarnos o algo…
Tom había sido más rápido que yo y ya tenía en la mano un rollo de papel de cocina.
—Here. —
Me lo tendió y fui repartiendo papel a todos para que pudieran limpiarse del estropicio que había causado. «Menuda forma de recibirlos».
—So… what’s the deal here?
—dijo Vanessa mientras se limpiaba.
— There’s drinks over there, and a lot of crisps there… And that’s it