El mundo entre nosotros Capítulo 27 #3
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Capítulo 27 #3

Yo no había cogido paraguas. Con el sol que hacía cuando nos habíamos levantado, no había visto la necesidad.

Sin embargo, Northwood tenía otras reglas.

Y todos parecían sabérselas al dedillo, porque, en cuanto escucharon el primer trueno, empezaron a sacar los paraguas de sus mochilas. Incluso Tom.

—Tranquilo, si llueve, tenemos protección —Me mostró su paraguas negro, dándole al botón para que se estirara, aunque estaba cerrado y no se abrió.

—No sé cómo podéis vivir aquí con tanta lluvia. Yo solo llevo dos semanas y ya me tiene harto.

—¿Te tiene harto Northwood? —dijo, dolido.

—No, no. Northwood es increíble. Digo la lluvia. Me gusta la lluvia, pero no cada día, ¿sabes lo que quiero decir?

— You get used to it.

¿Cómo dices eso en español?

—Uhm… Te acostumbras. Te acabas acostumbrando. Algo así.

—Yo aún no me acostrumbro

—puntualizó Antonia, que iba justo detrás de nosotros.

Y fue decirlo y caer la primera gota. No tardaron ni cinco segundos en abrir cada uno su paraguas.

Incluido Tom. Ya sabíamos cómo se las gastaba Northwood.

Y se cumplió al momento, porque, después de esasprimeras gotas, llegó el diluvio.

De ese que cae tan fuerte que no escuchas nada más.

Así que los paraguas tampoco es que nos protegieran demasiado.

En poco tiempo ya estábamos cubiertos de barro y tenía los pantalones empapados.

Pero al menos podía caminar agarrado del brazo de Tom, y además muy cerca el uno del otro.

Cuando llegamos a los coches, la lluvia ya era mucho más débil.

Nos despedimos y, después de que todos le preguntaran a Tom de nuevo si estaba bien, entramos en el coche.

Emma pidió ir en el asiento de delante, pero era demasiado pequeña.

Debbie se lo explicó de todas las maneras posibles, pero tuvo que ser Tom, que se ofreció ir detrás con ella, el que consiguió que se calmara y dejara de llorar. Yo me puse en el asiento del copiloto.

De vuelta a casa, paramos en Watford, la ciudad más grande cercade Northwood.

Mucho más cerca que Londres. Ya me habían hablado deella Antonia y la banda.

Era el sitio a donde iba todo el mundo si quería ir al cine, a pasar la tarde o a un McDonald’s mismamente.

Yo aún no lo conocía, pero Debbie quería aprovechar para hacer unas compras rápidas, así que paramos en un centro comercial enorme.

Debbie se llevó a Emma de la mano y nos avisó de que en una hora más o menos habría terminado con sus recados. Así que decidimos esperarla en el Krispy Kream, comiéndonos un dónut y un chocolate cada uno. Estaba repleto de gente del St. Mary’s. Reconocí a varios de clase de Spanish

y Tom saludó a un par de chicas que creo que iban con Roy a clase.

Por suerte, no quisieron sentarse con nosotros y pudimos estar solos.

Después de casi quince minutos de cola para pedir, por fin nos sentamos en la única mesa libre (tuve que correr para llegar antes que un grupo de cuatro chicos), dispuestos a seguir comiendo.

Cuando Tom llegó, más que sentarse, se dejó caer sobre la silla, con un enorme suspiro.

— Fuck, I’m knackered

. —Al ver mi cara de confusión por no entender su expresión, se rio (con esfuerzo) y me lo tradujo—. Estoy agotado. ¿Agotado? Something like that…

Kind of.

—Knacker —

repetí yo.

— Knackered —

pronunció con esmero—. With -ed.

—Knackered.

—There you go! —

celebró—. ¿Me dejas probar tu dónut?

—Sí, claro.

Yo me lo había pedido de cookies

& cream,

y Tom, de glaseado original. Le fui a partir un trozo con el cuchillo de plástico que nos habían dado, pero Tom no esperó.

Cogió el dónut directamente de mi mesa y le dio un mordisco, y acabó con trozos de chocolate cayéndole por las comisuras de los labios, los cuales trató de recoger con una de sus manos.

—Wow. Es una pasada —dijo con la boca llena. Me encantaba que hubiera aprendido esa palabra y la dijera continuamente para hacerme reír—. Está de muerte. —Otra expresión que le había enseñado yo.

—¿Puedo probar el tuyo?

—Mmm. Aham. —Cogió el suyo de la bandeja y me lo acercó a la boca.

Iba a coger un trozo con las manos, porque no quería llenarle su dónut de mis babas.

Pero él le había dado al mío un mordisco directamente.

Y, sinceramente, había algo en la situación que me excitaba y a la vez me reconfortaba.

Ese nivel de confianza al dejarme morder directamente de su comida me generaba una sensación de felicidad interna indescriptible.

—Buenísimo también —confirmé después de probarlo.

— What?

—Debía de llevar un rato en silencio, porque Tom me miraba, confuso—. Are you here? —

Me cogió de las manos para devolverme a la realidad.

— Yes, yes. I was… thinking —

me defendí.

— What were you thinking?

— Nothing.

—

¡Ah! Estabas empanado, ¿verdad? —exclamó.

—¡¿Te acuerdas?! —exclamé entre risas.

—Claro. Yo estoy empanado siempre —afirmó con orgullo.

—Tampoco es eso. Empanado es más bien… —iba a explicarle mejor el significado de la expresión, pero alguien nos interrumpió.

—Hello, Tom!

—Era una chica rubia con el pelo largo y flequillo, llevaba un jersey azul que le tapaba las manos y le llegaba casi hasta las rodillas—. You alright? How’s everything? Is Antonia around?

— Hi, Maddie. Yeah, everything’s good. Can’t complain. —

Me miró. Y, al hacerlo, la tal Maddie hizo lo mismo.

—Oh, I see. Hi, I’m Maddie.

—I’m Mateo.

—You’re the Spanish lad!

Hola, cómo estás. Hase

mucho sol —dijo, tratando de recordar frases en español—. Yo no tengo dinero. Muchas grasias

.

—Eh, muy bien —sonreí educadamente.

— Grasias

—repitió—. So… where’s Antonia? —

Puso los brazos en jarra, expectante.

— Antonia? She’s not around. But I’ll tell her you asked.

—Fue decirlo y la cara de Maddie se iluminó.

— She’s the best. You know Antonia, right? —

me preguntó, mirándome directamente.

— Yes. She’s the best

—respondí, dándole la razón.

—So, what are you doing?

— We’re here with Debbie…, my mum. We’re waiting for her

—le explicó Tom.

— Oh! Debbie’s great too. Are you coming to the party? On Monday. At Lila’s.

—Yes. Sure. And Antonia will be there too. —

La sonrisa picarona de Tom me dejó claro que algo había entre Antonia y Maddie.

—Great! Well, see you, lovebirds!

—Nos lanzó un beso y se fue.

Tom se echó a reír, viéndola alejarse y unirse a un grupo de otras tres chicas, que se giraron para mirarnos superdescaradamente.

—Ya somos el cotilleo de todas, ¿no? —expuse, porque se había notado a la legua que estaban hablando de nosotros.

—¿Cotilleo?

— Uhm, like… gossip? Gossip, I think.

—

¡Ah! Claro, claro. Todas estarán hablando de nosotros durante horas. —Me acarició un poco la mano, que, por cierto, seguía agarrándome. Ni siquiera me la había soltado cuando apareció Maddie.

—¿Quién es esa Maddie?

—La única chica simpática de Blackhill. Y está enamorada de Antonia desde hace meses.

—Parece maja —señalé.

—Lo es. She’s mental

—rio—. There’s Debbie!

¡Vamos!

Me terminé el chocolate de un sorbo (un poco tontería, porque estaba en un vaso de cartón y me lo podría haber llevado) y fuimos a encontrarnos con Debbie y Emma.

De la mano. Por supuesto. Porque ahora éramos de los que no se sueltan nunca.

Y yo no podía estar más feliz. Sobre todo porque Tom sonreía más que nunca.