El mundo entre nosotros Capítulo 27 #2
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Capítulo 27 #2

se burló Vanessa, con ese cinismo tan suyo. Roy la mató con la mirada mientras seguía tratando de limpiarse sin mucho éxito.

—No le hagas caso, Rufus, que hueles estupendamente —le dije mientras no dejaba de acariciarle la cabeza.

—¿Preparados para un día de excursión? —preguntó entonces Tom con muchas ganas, hasta que, de repente, cambió su expresión por completo y se puso a toser, llevándose la mano al pecho.

— Tom!

—gritó Debbie, dejando caer las bolsas. Antonia puso cara de terror absoluto, Rufus ladró sin descanso, e incluso Roy se asustó. Pero todo acabó pronto porque Tom se echó a reír a carcajadas a nuestra costa.

— You should’ve seen your faces! God, I’m fine. Chill out!

—I knew he was joking —

masculló Roy entre dientes, haciéndose el listo, disimulando que realmente se había preocupado (y mucho), mientras Antonia le daba a Tom un bien merecido codazo en el costado.

— We’re following the Thames Path. Four miles —

comentó el padre de Antonia, que era básicamente una copia de ella, pero en hombre. Obviamente más alto y viejo.

— Let’s hit it!

—exclamó Debbie, y todos empezamos a andar, siguiendo el paso que marcaba el padre de Antonia junto a su hija y su perro.

Justo después iban Debbie y Emma. Detrás, Vanessa, Iwan y Roy.

Y, los últimos, Tom y yo. Aunque el orden duró poco y, tras unos quince minutos de caminata, ya íbamos todos juntos, en dos filas, adelantándonos continuamente y hablando entre todos.

—Entonces mañana ensayamos, ¿no? —pregunté mientras caminábamos por un paseo junto al río, sorteando árboles que se inclinaban en busca de agua. Era como pasar por el interior de un túnel natural.

—Sí, sí. Así les enseñamos tus cambios con el teclado —añadió Tom. No quise ni mirar a Roy, porque sabía que iba a estar de malas pulgas. Tampoco íbamos a darle la satisfacción inmediata, ¿no?

— Mateo told us

. —Sabía que algo iba a decir. Ya le iba conociendo—. ¿Qué cambios?

—Va a entrar antes. En vez de en la segunda estrofa, hemos probado que empiece mejor durante el primer estribillo. Y funciona, la verdad. Funciona muy bien.

— Let us be the judges of that —

incidió Roy, y Tom resopló, visiblemente harto de su acuidad.

— Can’t you just chill for a minute, Roy? —

Tom se lo dijo sorprendentemente borde. Tan seco que casi pude sentir el dolor de Roy. Fue como si le hubiera atravesado una flecha el corazón como poco.

— There’s a party in Lila’s house this Monday. You guys wanna come?

—sugirió Vanessa, rompiendo la tensión al momento.

— A party? —

se interesó Iwan con una sonrisa de oreja a oreja.

—Estaría bien. Por mí sí —dije yo, aunque mirando a Tom de reojo, esperando su aprobación. Que al final era él el que tenía que decidir, que para algo vivía en su casa—. Pero ¿quién es Lila?

—¿La casa de Lila no es muy pequeña? ¿Quiénes vamos a ir? —puntualizó Antonia, ignorando mi pregunta. Siempre trataba de hablar en español cuando yo estaba cerca. No sabía si por mí o porque realmente quería aprender a hablarlo bien.

—I don’t know, Tonia. I guess… everyone. I mean…

—

¿Y sus padres? —pregunté yo—. ¿La dejan hacer una fiesta en su casa?

—La madre de Lila toca el lunes con Debbie. Toca con el grupo. Así que volverán tarde —me explicó Tom. Así que aprovechaba, literalmente, que su madre no estaba en casa para montar una fiesta—. Lila tiene un año más que nosotros.

—Ah, vale. Ni idea.

—¿Te apetece ir? Do you want to go?

—me preguntó en un susurro.

—A mí sí, claro. Pero si tú quieres. Es decir, lo que decidas tú, por mí perfecto.

—No tan alto —murmuró, señalando hacia delante, donde iban su madre y el padre de Antonia, como si tuviéramos que ocultar la fiesta a los adultos.

—Pero una cosa ¿Debbie toca este lunes? ¿No era el día 19?

—Tocará en el Grasshopper

. El 19 repite en The Hole

—me explicó Tom.

Y, En ese momento, me dio la mano. Sí, delante de todos.

Y, hasta que paramos a comer, estuvimos todo el rato sin soltarnos.

Nadie nos preguntó nada. Salvo Antonia, que no dejaba de mirarnos con los ojos brillando de emoción.

Supuse que todos sabrían que Tom era gay.

No me había dado la sensación de que tuviera que ocultarlo.

Cuando llegamos a una zona con varias mesas y bancos de madera, hicimos el parón obligatorio. Debbie abrió su mochila,

que, mágicamente, se convirtió en un mantel de cuadros, como los que se usaban en las películas cuando iban a hacer un pícnic. De su interior sacó un enorme tupper repleto de sándwiches, además de una bolsa pequeña de plástico donde guardaba los Northwood knots

. Cada uno cogimos nuestra botella de agua de nuestras mochilas y el padre de Antonia empezó a sacar también un montón de cosas de la suya: bolsas de patatas fritas, un paquete de scones

, uvas, fresas y una especie de salchichas en hojaldre (« sausage rolls

», me dijo Iwan que se llamaban, y que eran su comida favorita). Un auténtico banquete. Y tampoco es que hubiéramos andado mucho, pero no venía nada mal comer un poco.

– Welcome to Northwood, sweetheart

—sonrió Vanessa, metiéndose todo un puñado de patatas fritas en la boca.

Las salchichas, como había dicho Iwan, estaban buenísimas. Al igual que los sándwiches de queso de Debbie. Ya estaba acostumbrado a su comida. A su shepherd’s pie with a twist

o a sus gofres de fresa. Cero dudas de que todo lo que había llevado a la excursión iba a estar buenísimo.

Antonia sacó un altavoz de su mochila para poner música mientras comíamos, y lo primero que sonó fue una canción de Niall Horan. No había escuchado mucho de él en solitario, pero, al parecer, a ella le encantaba.

— You know One Direction, don’t you?

—empezó su interrogatorio.

— Yes, of course I know One Direction. —

¿Por qué todo el mundo dudaba de que supiera quiénes eran One Direction?

— Who was your favourite?

—No lo sé. Yo era muy pequeño. Supongo que Harry —dije sin pensarlo mucho. Básicamente porque fue el primer nombre que me vino a la mente.

—No. No era tu favorito. A ti te pega Niall. Tenéis la misma energía. Same vibes —

reflexionó Antonia, corrigiéndome.

—He said Harry. Don’t change it, Tonia —

la abroncó Vanessa, atenta a nuestra conversación.

—Es que realmente no tengo ningún favorito —me defendí.

—No pasa nada. Tampoco puedes ser perfecto. Ahora, cuenta. Tell us. Are you guys boyfriends?

Yo puse una cara de terror absoluto. Antonia me miró a mí y luego a Tom, que estaba sentado a mi lado, comiendo uvas de un tupper de cristal.

—¿Nosotros boyfriends

? ¿Por-por qué…? —tartamudeé.

—Pues no lo sé —se lanzó Tom, interviniendo en la conversación. Me cogió la mano y me miró, sonriente, juguetón—. ¿Tú qué opinas, Mateo?

—Que no-no-no lo sé. —Estaba muy nervioso. «¿Por qué esa presión de repente? ¿Por qué todos nos estaban mirando?».

—No pasa nada. Podemos ser lo que queramos ser.

Por ahora, somos amigos —le explicó a Antonia, haciendo un gesto con los ojos que yo entendí como que le pedía que dejara el tema.

Y yo prefería que lo hiciera. No solo porque me estaba dando una vergüenza que me moría, sino porque no quería hablar de ello delante de Roy.

—

¿Cuándo es el festival ese? ¿El Sunset Festival o lo que sea? —pregunté, tratando de reconducir la conversación.

— Next Wednesday

—respondió Vanessa con tono socarrón, y mirándome muy sonriente.

—Ah, guay, guay —respondí yo, tratando de fijar mi mirada en cualquier otro sitio.

Debbie y el padre de Antonia (se llamaba Noah) se habían levantado de la mesa para acercarse a la orilla del río y enseñarle a Emma los peces.

Así que no habían escuchado nada. Aunque Debbie no era tonta, y obviamente nos había visto dándonos la mano tanto en el coche como durante la excursión.

—Y toda esta semana estarán preparando el escenario en el cricket club

—añadió Tom, feliz de contarme todo lo que íbamos

a poder encontrar en el festival—. Hay food trucks

, barbacoa y nuestro concurso. Nosotros, supongo, tocaremos el miércoles, porque las cinco bandas finalistas tocan el viernes.

—Ah, que tenemos que tocar dos veces, claro.

—Si pasamos la ronda, sí —confirmó Tom.

— We are going to win. You don’t have to worry

—dijo Iwan, que hasta ese momento se había mantenido en silencio, comiendo todo lo que podía coger de la mesa.

— How can you be so sure?

—The answer is so simple, Vanessa. Ryan told me.

—Ryan? —

pregunté yo—. Who’s Ryan?

—Here we go again… —

suspiró Roy, como si hubiera escuchado demasiadas veces la misma historia.

—Ryan es un cuervo —me explicó Tom, poniendo los ojos en blanco.

— He’s not just a crow! —

protestó Iwan.

—Es un cuervo especial que aparece todos los viernes en casa de Iwan desde hace un año. Y parece ser que predice el futuro —murmuró Tom, tratando de que Iwan no lo escuchara.

—¿Un cuervo que predice el futuro? —«¿En serio? ¿Me estaban vacilando?».

—Según Iwan, acertó cuando cerraron el Northbloom una semana. También cuando Antonia suspendió Combined Science.

—That one was a safe guess

—se quejó Vanessa, sibilina como ella sola.

—¿Es que Iwan habla… cómo se llama el idioma de los cuervos… cuervil? —Tom me miró, extrañado. Y, al segundo, estalló en carcajadas con mi ocurrencia. Le hizo tanta gracia que estuvo recordándomelo todo el resto de la excursión, cada vez que veíamos un cuervo o cualquier pájaro que se le pareciera.

Yo pensaba que, cuando habíamos parado a comer, era la mitad del camino de la excursión. Pero, al parecer, había sido casi al final. Porque, cuando nos levantamos, solo tuvimos

que caminar unos minutos más hasta que Noah, el padre de Antonia, dio la orden de dar media vuelta. También porque, sin darnos cuenta siquiera, el cielo se había empezado a nublar, para sorpresa de nadie, y el olor a lluvia estaba empezando a impregnar el ambiente peligrosamente.