Capítulo 26 #2
Escuché unos gritos lejanos de unas chicas sorprendidas por la lluvia y las vi corriendo, saliendo de… el-colegio-Blackhill.
«Mierda. Me cago en todo».
«¿No podía haber parado en otro sitio que no fuera junto al Blackhill justo a la salida de clase?
Por favor, que no aparecieran los brutos de siempre».
No tenía ganas de pelea ni de tener que huir bajo la lluvia.
Miré hacia todos lados, buscando alguna cara que reconociera, que me avisara de que venían problemas.
Pero no reconocí a nadie… hasta que fue demasiado tarde, porque, cuando quise darme cuenta, ya había otros diez chicos de mi edad metidos bajo la parada.
Entraron pegando berridos, dándose codazos y señalando a varias de las chicas que habían sido listas y llevaban un paraguas.
Las silbaban y hacían gestos… Bueno, los que les encanta hacer a esos cavernícolas.
Uno de ellos cogió a otro de la cadera, le dio la vuelta y lo agachó.
Empezó a morderse el labio y a fingir que lo estaba follando mientras se reían como idiotas.
«Es que, por favor, ¿en serio yo era de la misma especie que esos imbéciles? ».
No tardaron mucho más en darse cuenta de que yo estaba allí. Y me habría ido si hubiera estado lloviendo menos. Pero joder, yo había cogido ese sitio antes. Que se buscaran su propio refugio.
— Are you from Blackhill?
—me preguntó uno de ellos, con el pelo a lo afro y un pendiente en la nariz.
— Yes
—mentí. Supervivencia supongo.
— He’s not from Blackhill. He’s zombie boy.
«Mierda». Tenía que aparecer. La suerte que tenía era nula por lo visto. Pero no reconocía a ninguno de los otros.
—No soy zombie boy
. —«Joder. ¿Para qué hablo español?».
— How’s your eye? —
me dijo con toda la mala leche posible. No había sido él el que me lo había puesto morado, pero lo había visto.
— Who’s this mug?
—preguntó otro chico, con cara rosada y gafas pegadas con celo.
— Oi, Kyle. Isn’t that the bloke who kicked off the other day? —
comentó el primero que me había hablado. Así que el estúpido de siempre se llamaba Kyle…
— Yes. He is. You alright, Dracula? —
se burló el tal Kyle.
— Blimey, he looks rough
—bromeó un cuarto chico, pelirrojo y con unos dientes enormes sobresaliendo por encima de sus labios.
— Looks like he hasn’t slept since 2009 —
se rio el chico de las gafas.
— I was born in 2010, you stupid little shit.
—No sé de dónde me salió ese insulto, pero se me llenó la boca al decirlo. Cada vez respondía más en inglés y menos en español. Al final, el intercambio estaba ayudando de alguna forma.
— What the fuck did you just call me? —
gruñó, viniendo directo hacia mí y cogiéndome de la ropa, empujándome contra uno de los postes de la parada de autobús. Todo tembló y, por uno de los agujeros del techo, se coló un montón de agua, cayéndole en toda la cabeza. Dos de sus amigos empezaron a reírse y se puso aún más rojo de la rabia.
—Callum, leave him alone, ok?
—sugirió Kyle, y Callum, que era el chico de las gafas, se apartó—. Where’s your girlfriend? Where’s the cyborg?
Se acercó tanto que pude oler su asqueroso aliento a pescado.
— I don’t have a girlfriend, idiot. And he’s no cyborg. His name is Tom.
—Oh, excuse me. —
Me hizo una especie de reverencia de disculpa—. You gonna say sorry?
—Sorry
yo a ti de qué —repliqué, más chulo que nada.
— ‘Cause of you I got stuck in detention fo three hours!
—rugió.
—
Ah, pero eso es porque eres idiota —me defendí. No me quedaba otra. Cada vez lo tenía más encima. Y veía cómo apretaba sus puños, dispuesto a atacar.
—In English, you melt! —
Ni idea de lo que significaría « melt
», pero seguramente nada bueno —. Speak English!
— Idiot! That’s what I said!
Kyle dio con fuerza en el poste detrás de mí para acobardarme. A ver, lo consiguió un poco, no voy a mentir.
— Big mouth for a little mug, yeah? Fancy me smashing your face in? Or your leg. —
Lo creí. Porque podía ver la rabia en sus ojos. ¿Por qué estaba tan empeñado en pegarme? ¿Qué le había hecho yo más allá de defenderme de sus ataques? —. Then you
’ ll match your girlfriend from St Mary
’ s. That whole school
’ s full of fucking faggots anyway.
Al decir esa palabra, varios de sus amigos se asustaron.
Uno de ellos se llevó directamente la mano a la boca, de manera muy cinematográfica, como pensando que su amigo se había pasado tres pueblos.
Y es que era verdad. Pero no se había pasado tres.
Se había pasado veinte. No había venido yo hasta Northwood para que un paleto homófobo me llamara maricón
a la cara.
Hice lo primero que se me pasó por la cabeza, y creo que era la única cosa posible que podía hacer.
Reaccioné como la última vez, empujándolo con fuerza.
Kyle trastabilló y cayó contra su amigo pelirrojo, que también se tropezó, y acabaron cayendo al suelo cinco de ellos, fuera de la parada de autobús, en uno de los enormes charcos que se habían formado por el diluvio.
Todos nos quedamos sorprendidos. Yo el primero.
Tanto que no lo pensé dos veces y salí de allí corriendo como si me fuera la vida en ello.
— Yeah, run, you faggot! Don’t ever show your face round Blackhill again. You don’t belong here! YOU’RE FUCKED! —
rugió Kyle mientras trataba de ponerse en pie de nuevo y yo corría como nunca había corrido.
«Bueno, Mateo dos, Kyle cero. Ese era el resultado. Provisional».
Cuando llegué a casa, no había parte de mi cuerpo que no estuviera mojada.
No entendía cómo podía llover tanto en ese maldito pueblo.
Menos mal que el móvil no se me había mojado, aunque había estado a punto, porque la ropa parecía recién sacada de la lavadora.
Y no estoy exagerando ni lo más mínimo. Tom fue el que me abrió la puerta.
Llevaba un chándal gris y se apoyaba en su muleta.
En la parte de arriba solo llevaba una camiseta extragrande con una foto de Bruce Springsteen a todo color, apoyado en un coche y mirando sexy a cámara.
Y sabía que era Bruce Springsteen porque lo ponía en letras negras.
—¿Tanto está lloviendo? —me preguntó, asomándose por detrás de mí para ver el exterior.
—Incluso más —respondí—. Necesito quitarme toda esta ropa.
—Bueno, primero un beso, ¿no? —bromeó, sonriente. A ver, supuse que era una broma, pero también lo había dicho un poquito en serio, asíque me lancé y lo besé en los labios. Tom sonrió más aún y continuó el beso unos segundos hasta que me dejó pasar, cerrando la puerta tras de mí.
Me quité los zapatos lo primero y los dejé junto a la entrada, en la pequeña alfombra marrón donde había varias botas, zapatos de Debbie y un bastón negro algo astillado.
—¿Qué tal te encuentras? —le pregunté.
—Bastante mejor. Al parecer, solo tenía que descansar —respondió encogiéndose de hombros—. How are you?
— Wet. But fine. Thank you.
Otra vez respondiendo en inglés. Sin apenas pensarlo.
—Eh, very good, Mateo. Should we just speak English from now on?
—
No, no. No hace falta. ¿Dónde pongo toda la ropa mojada? —Dejé caer mi mochila en el suelo, junto a los zapatos.
—Vamos arriba y la colgamos en el baño.
—Perfecto.
Mis calcetines también estaban empapados, así que iba haciendo un ruido bastante cómico por el camino.
Hasta que me los quité para llevarlos en la mano.
Al menos el suelo no estaba muy frío. Tom subió las escaleras por delante de mí, con pesadez, algo lento, pero seguro.
Sin embargo, cuando llegamos a la puerta del baño, se detuvo, dándose la vuelta y mirándome directamente.
—¿Qué pasa? ¿Necesito una contraseña o algo?
—Sí, claro. —Continuó mirándome, muy serio. No estaba entendiendo muy bien qué tenía que hacer o decir, porque… Ah, vale. Que quería otro beso.
—Ahora tendrías que haberte lanzado tú —dejé caer.
—Yo estoy enfermo… —Fingió una tos de manera bastante absurda.
—Vale. Entonces te perdono.
E, igual que en la entrada de su casa, me acerqué y lo besé. Pero esta vez él estaba más dispuesto y me rodeó la cadera con los brazos, juntándome contra su cuerpo.
—Te voy a empapar —reaccioné, tratando de apartarme, pero Tom me lo impidió.
—Es solo agua—susurró entre mis dientes, y volvió a besarme, pasando su lengua por mis labios con delicadeza—. Do you want to know something, Mateo?
— Yes.
— You are super
guapo. ¿Guapo? ¿Se dice así?
—¿Superguapo? ¡JA, JA, JA! Muchas gracias.
Tom me apartó, confuso por mi ataque de risa.
— I’m deadly serious right now. You are
el chico most
guapo de Northwood. You are the guapest. I don’t know why are you laughing.
—Thank you, Tom. But you are more
guapo than me. YOU are the guapest
chico in Northwood.
Y que yo lo dijera le hizo aún más gracia, tanta que explotó en carcajadas, sin contenerse nada, ni un ápice. Me encantaba cuando se reía así.
Abrió la puerta para dejarme entrar en el baño mientras iba a por un par de perchas para colgar mi ropa.
Me quité la sudadera, luego la camiseta y, por último, los pantalones.
Debajo llevaba unos slips blancos quetambién estaban mojados, y sí, casi transparentes.
Así que me los quité también. Pero, cuando iba a cubrirme con una toalla, ya estaba entrando Tom en el baño.
No. Espera. Que no era Tom. Que era Debbie. Se quedó a cuadros. Yo también. Durante unos segundos, ninguno de los dos supimos qué hacer.
—Eh… —fue lo único que se me ocurrió decir, hasta que Debbie reaccionó y salió del baño.
— Sorry!
Lo siento. Lo siento —se disculpó desde el pasillo. Yo corrí a cerrar la puerta, totalmente avergonzado. Al momento, alguien llamó y escuché la voz de Tom al otro lado. Me anudé una toalla a la cintura y le dije que podía pasar.
—¿Qué ha pasado? Debbie parecía que…
—Nada, nada. Dame-dame las perchas. —Le quité las tres perchas de la mano.
Colgué toda la ropa en tiempo récord, con Tom un tanto descolocado, hasta que le dije que me iba a duchar para entrar un poco en calor.
Tom sonrió, me miró de arriba abajo y salió del baño.
Joder, qué momento de tensión había pasado.
«Bueno, pues ya había más confianza que nunca».
Obviamente, cuando bajé de nuevo, ya con ropa de estar por casa, Debbie decidió ignorar nuestro extraño encuentro en el baño.
— So… how was your day at school, Mateo?
—me preguntó mientras dejaba delante de mí un plato con un enorme gofre rojo (hacía la masa con un poco de fresas trituradas) con plátano cortado por encima.
— Good, good —
respondí, cogiendo un tenedor y partiendo un trozo del gofre mientras se me hacía la boca agua—. Eso sí, tengo un notición, Tom. ¿Estás preparado?
— What is it? —
preguntó, curioso.
—¡Nos han seleccionado en el concurso de bandas! The Sunset Fest!
—grité, emocionado.
— No way! —
fingió emocionarse.
—Ya lo sabías, ¿verdad?
—Me lo contó Antonia nada más salir de clase —admitió.
— What’s all the fuss? —
se interesó Debbie, que estaba preparando un nuevo gofre, pero esta vez para su hijo.
— We got picked for the band competition
—le tradujo Tom a su madre.
— Oh, well done, boys! That’s brilliant news! —
dijo Debbie, emocionada.
—Una pasada —confirmó Tom, mirándome, cómplice.
—Antonia ha propuesto ir mañana de excursión para celebrarlo. Pero claro, solo si te encuentras bien y esas cosas… Ya lo sabes también, ¿no?
—Sí —asintió Tom.
— Wait
. ¿Excursión? —intervino Debbie mientras abría la gofrera para comprobar cómo iba el nuevo gofre que estaba preparando.
— Yes
. Antonia quiere ir a Chiltern Hills —explicó Tom a su madre, quien negó con la cabeza repetidas veces.
—No estás bien, Tom. You have to rest
—recalcó Debbie, preocupada.
—Estoy bien. Solo fue una tontería de nada. Hoy pienso ir al entrenamiento con Andrew.
— Today? Training with Andrew? No. No way. —
Trataba de mantenerse lo más firme posible, pero Tom parecía no querer ceder nada de terreno.
— Debbie. I need some air. Come to the training if you want. Come to Chiltern Hills!
—Tom, love… —
comenzó a decir.
— Mum, I’m fine. Honestly. I wouldn’t go if I felt bad. And you know that training helps —
argumentó este con voz suave y calmada. Trataba de convencer a Debbie y sabía que, para hacerlo, lo mejor era empezar con un « mum
». Algo que nunca le decía a Debbie.
— I’m not sure about that, Tom, love. You know it’s Friday. I can’t go with you to the training… Mateo… —
giraron los dos sus cabezas hacia mí—. Can you go with him?
—Claro. Me llevaré mi libro y así aprovecho.
— But tomorrow… I’m coming with you. Either you like it or not.
—
¿Y cómo vas a entrenar con el diluvio que está cayendo? —le pregunté en un susurro para que Debbie no me escuchara.
—Hay una cancha de fútbol cubierta. Con techo. Andrew ya ha reservado para poder entrenar.
—¿Toda la cancha para vosotros dos solos? —pregunté.
—No, no. No se puede solo para dos. Va todo el equipo de fútbol de St. Mary’s —me explicó como si fuera algo obvio—. ¿Te animas hoy a probar?
—No es mi rollo, la verdad. Pero gracias.
— So…what do you want for tomorrow? Cheese sandwiches? Your friend… Iwan? He loves my sandwiches —
nos interrumpió Debbie, dejándole su gofre a Tom para que merendara.
— And Northwood knots.
A Mateo le encantan. —Cuando Debbie me miró, buscando confirmación, yo no pude hacer más que asentir con mucha fuerza y ganas. Así que esta abrió el congelador y sacó una bolsa de plástico repleta de masa.
— But, if you are feeling unwell, you must tell me.
—Ok, Debbie. I promise. —
E hizo una especie de cruz en su pecho, como si con ese gesto cerrara la promesa que acababa de hacerle a su madre.