El mundo entre nosotros Capítulo 26
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Capítulo 26

Al día siguiente, Tom se quedó en casa. Debbie habló a primera hora de la mañana con el director Ashcombe, y lo avisó del pequeño susto que había tenido su hijo y de que se pasaría todo el día descansando.

Así queme tocó ir solo al colegio. Era raro pasear por Northwood sin Tom a mi lado.

A mí también me habría encantado quedarme en casa, los dos juntos viendo pelis y comiendo guarrerías. Pero Debbie no me había dejado.

Jessica había venido a recoger a Emma a primera hora y se la había llevado en su coche.

Yo, como me había retrasado echándome una ración extra de crema, porque por culpa de la tensión del día anterior tenía la espalda repleta de rojeces por todos lados, había perdido mi oportunidad de ir con ellas y tuve que ir andando.

Cuando llegué, aún quedaba casi media hora para que empezara la primera clase, y al ir yo solo no había sabido calcular el tiempo. Normal. Controlar el tiempo nunca se me había dado bien. O llegaba muy pronto o llegaba demasiado tarde. El término medio nunca había ido conmigo.

En vez de entrar en el aula, me quedé sentado en el césped, apoyado en el árbol favorito de Roy, esperando a que llegaran todos y pudiera contarles bien lo que había pasado la tarde anterior. Y sí, el primero en aparecer fue, por supuesto, el

mismísimo Roy. Aunque, al contrario que en otras ocasiones, no venía con cara de asco y mirada asesina. No. Había algo en él… diferente. Era… ¿preocupación?

Vino directo hacia mí nada más verme. Con la mochila sobre uno de los hombros, andando deprisa, con el aire removiéndole el flequillo que siempre le tapaba media cara.

— How is he?

¿Cómo está? He’s not replying my texts

—espetó.

— He’s fine.

Está bien, está bien. Solo está descansando. Hoy no viene a clase —le expliqué.

—¿Cómo que hoy no viene? ¿Y está solo en casa? —gruñó, furioso.

—No. Debbie está con él.

Roy entornó los ojos al escuchar el nombre de Debbie.

— With Debbie? She’s about as much use as a chocolate teapot, honestly. —«

Espera, ¿qué?».

—Eh, no sé si lo he entendido bien…

— Nevermind.

¿Te ha dicho algo más?

—Ayer estaba muy cansado. No hablamos mucho.

—Y era verdad. Cuando llegamos del hospital, nos quedamos dormidos y solo me desperté al escuchar el timbre de la puerta cuando volvió Emma.

Ayudé aDebbie a desvestir a Tom y meterlo dentro de las sábanas.

Luego me fuia dormir. Esa mañana ni siquiera lo había visto.

—¿Qué ocurrió exactamente? ¿Qué estabais haciendo? —preguntó, curioso. En ese instante vimos a Vanessa bajarse de un coche, despedirse de quien quiera que estuviera conduciendo, y saludarnos con la mano. Tras ella también apareció Antonia, que venía corriendo hacia nosotros—. Oh, for fuck’s sake —

refunfuñó Roy nada más verlas.

— Where’s Tom

? —preguntó primero Vanessa.

— Is he alright?

—insistió Antonia después.

—Está en casa hoy. Para descansar. Y sí, está bien. Solo fue un susto. Me dijo que ya le había pasado alguna vez…

—¿Le han hecho pruebas? ¿Le han dicho algo? —quiso saber Antonia.

—Todo salió bien. Todos los resultados estaban bien. O eso me dijo Debbie.

Mi respuesta pareció calmar a todos un poco. Me había convertido en el portavoz oficial de Tom.

—¿Cómo pasó? ¿Qué estabais haciendo? —Vanessa reprodujo palabra por palabra la pregunta de Roy. ¿Qué obsesión tenía todo el mundo con saber lo que estábamos haciendo?

—Nada, nada. Es decir, solo estábamos ensayando…

—¿Ensayando vosotros dos solos? —se interesó Roy, con la envidia corriéndole por las venas. Podía notarlo.

—Sí, a ver, simplemente tocamos «Butterfly» y fuimos probando cosas nuevas con el teclado —me defendí, queriendo dejar claro que solo lo habíamos hecho para mejorar.

—No entiendo por qué metéis cambios sin consultar con el grupo —bufó Roy, molesto.

—Son solo cambios en el teclado. Nada más. No entiendo por qué…

— Ok. Whatever. But it’s not your decision. It’s not your fucking song —

bramó.

—¿Se puede saber qué coño te pasa conmigo? ¿Qué problema tienes exactamente?

— Guys! Guuyss!

—chillaba alguien a lo lejos. Nos giramos y vimos a Iwan, totalmente desquiciado, corriendo hacia nuestra posición, con el móvil en alto y haciendo continuos aspavientos —. We’re in! We are in!

WE’RE FUCKING IN!

—gritaba sin parar.

Antonia fue la única en reaccionar como esperaba Iwan. Pegó un alarido que resonó en todo el colegio. Corrió hacia él para cogerlo de los brazos y ponerse a gritar y a dar botes.

— Can we just… not? —

dijo Roy con su mueca de asco de siempre—. I can feel my dignity leaving my body.

—Qué rancio eres, hijo mío —le espeté.

— What did you say? —

gruñó, aunque no le hice ni caso. Iwan y Antonia dejaron de chillar como dos niños pequeños y volvieron con nosotros mientras Antonia no dejaba de sonreír como si le hubiera tocado la lotería.

— You know, it’s our first time

. La primera vez que nos seleccionan —me explicó, extasiada de felicidad.

—Qué fuerte —respondí—. Pues esta vez va a ser la buena. La que ganemos. Ya verás. —Estaba deseando contárselo a Tom.

—Nos traes suerte, Mateo Luarte. You are good luck for The Turlips

—señaló Vanessa, acercando su mano a mi cabeza y revolviéndome elpelo con esos aires de chulería que siempre la acompañaban.

—Yo solo me limito a tocar el teclado —comenté, haciéndome el humilde.

— You are doing more than that

—intervino Iwan, dándome una palmada amistosa en la espalda. Creo que era la primera vez que me hablaba directamente.

—Tenemos que celebrarlo. —Antonia seguía emocionada, sin parar de moverse, nerviosa, de un lado para otro—. Shall we go on a trip tomorrow to celebrate? To Chiltern Hills, for example.

—Pero allí siempre llueve —señaló Vanessa—. And Tom… he’s not feeling well.

— Well, bring your raincoat then —

replicó Antonia—. I think it’s a good plan. We should ask him.

Seguro que quiere venir. Le vendrá bien el aire puro. What do you say, Iwan? Are you in?

—Sounds good.

—Roy?

— Whatever —

bufó.

—¿Y a ti, Mateo? ¿Te gusta la idea?

—Por mí genial —sentencié yo, que ni sabía de qué sitio estaban hablando.

—Pero ¿cómo vamos a ir hasta allí? Está a más de una hora —puntualizó Vanessa, que había cogido el móvil de Iwan para asegurarse de que estaba todo bien y que realmente nos habían seleccionado en el concurso.

— No problem.

Mi padre querrá venir. Le encanta ese sitio para pasear con Rufus. Rufus is my dog

—me aclaró Antonia—. Yo quería llamarlo Taydog Swift, pero no me dejó.

—Me gusta más Rufus, la verdad —admití.

—¿Y no deberíamos ensayar este fin de semana? Festival’s next week

—puntualizó Roy. Siempre con su pesimismo.

— This is a bonding trip, Roy. For… strengthening bonds —

explicó Antonia.

—Y el domingo podemos ensayar como siempre —añadí yo.

—Ah, ahora nos dejas ensayar con vosotros… —masculló Roy, y Vanessa lo asesinó con la mirada.

— Roy, just leave it.

—Yeah, whatever. You lot can keep sucking up to the espaniolito if you want. He

’ s totally done your heads in. I

’ m done —

escupió, como si cada palabra que saliera de su boca fuera un dardo envenenado. A continuación, se fue, dejándonos a todos a cuadros. A ver, yo no entendí ni la mitad de lo que dijo, pero estaba claro que, primero, iba dirigido a mí. Y segundo, que no era nada agradable.

— What the actual fuck, Roy? —

dijo Vanessa, impactada por la explosión de su amigo.

— You know Roy, Vanessa.

—Antonia siempre trataba de mediar para que no hubiera malos rollos.

— I’m gonna talk to him.

Roy era un chico complicado y seguramente estuviera pasándolo mal al tener que ser amigo de alguien que estaba siempre con Tom. Y si se enteraba de lo que había pasado entre

nosotros… ahí iba a odiarme a muerte. Eso estaba claro. Vanessa se fue tras él, dispuesta a hablar un poco e intentar que se le pasara el enfado. Aunque iba a ser difícil. Porque no era cuestión de una conversación rápida antes de entrar a clase. Y tampoco era algo que pudiera solucionar Vanessa…

Estar en el colegio sin Tom era diferente, la verdad.

Como si estuviera solo. No solo porque no estuviera él sentado a mi lado, sino porque era mi seguro, mi conexión con aquel sitio.

Por muy bien que me cayeran Antonia o el resto de la banda, sin él, me sentía solo.

Así que sí, fue una mañana rara cuanto menos.

En esas dos semanas, eso sí, me había aprendido bien el camino de vuelta.

Me despedí de Vanessa, que fue la última en irse, y eché a andar de vuelta a casa.

Tom me había escrito un mensaje preguntándome que qué tal el día.

Estuve a punto de contarle que nos habían cogido en el concurso de bandas, pero preferí esperar y decírselo en persona para ver su reacción.

Tampoco le dije nada del plan que había propuesto Antonia.

No sabía yo si Tom iba a estar lo suficientemente bien como para ir a hacer una excursión, y menos aún si Debbie se lo iba a permitir.

Pero me gustaba la idea. Me encantaba hacer excursiones, las disfrutaba muchísimo cuando de pequeño las hacía con mis padres o con el colegio.

Sin embargo, eso ya había quedado atrás. Ahora ninguno tenía tiempo para ello.

Después de un rato caminando mientras hablaba por mensajes con Juan y Ale, contándoles las últimas novedades de mi vida en Northwood, comenzó a llover.

Primero unas gotas finas, así que pensé que solo sería una nube pasajera.

Northwood tenía otros planes y, como siempre, tardó más bien poco en descargar toda su furia y diluviar.

Eché a correr y acabé refugiándome en el interior de una parada de autobús con el techo de madera por el que se filtraban algunas de las gotas

que caían del cielo. Tendría que esperar a que escampara un poco antes de volver a aventurarme a la calle. Y encima no tenía casi batería en el móvil porque se me había olvidado cargarlo antes de salir de casa. «¿Para qué, si no me dejan usarlo en el colegio?».