El mundo entre nosotros Capítulo 25
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Capítulo 25

Cuando llegó la ambulancia, Tom había recobrado un poco la consciencia.

Sin embargo, no era capaz de decir dos frases seguidas, ni de mantener mucho tiempo los ojos abiertos.

Los dos enfermeros le hicieron un examen exhaustivo y, para asegurarse de que no le hubiera pasado algo más grave, decidieron trasladarlo al hospital para hacerle algunas pruebas.

Debbie insistió en ir junto a él en la ambulancia, pero no la dejaron.

Así que se montó en el coche para seguir a la ambulancia de cerca.

— C’mon, love

—me llamó desde el interior del coche. Cerré la puerta de la casa y me subí al asiento del copiloto.

Nada más hacerlo, Debbie apretó el acelerador y seguimos a la ambulancia.

Me pidió que buscara en su móvil a una tal Jessica para pedirle que por favor recogiera a Emma y se quedara con ella, que ya la avisaría cuando supiera algo más.

Debbie estaba muy nerviosa. Nunca la había visto igual.

Pero ¿qué podía ir mal? Solo había sido un desmayo.

Aunque ya me había avisado Tom de que, cada vez que tosía y se cansaba mucho, Debbie entraba en pánico.

—Seguro que todo va a ir bien… —dije para relajar el ambiente, pero Debbie estaba tan concentrada en conducir que no estaba seguro de si me escuchó. Solo estaba pendiente de no

perder de vista a la ambulancia, que iba cada vez más rápido y…—. El semáforo está en rojo. Eh, está en rojo. ¡Rojo! Red!

Le dio igual, pisó el acelerador todo lo que pudo y se saltó el semáforo, pegada a la ambulancia, y llevándose una buena pitada de otro coche que estuvo a punto de darnos por mi lado.

Me agarré con fuerza al asiento, sintiendo que la vida me abandonaba el cuerpo.

¿Por qué nadie podía conducir normal en Northwood?

—Debbie, creo que tendrías… —No, díselo en inglés, en inglés—. Debbie, I think you should slow down. —

Creo que se decía así.

—Don’t worry, love. I know this city like the back of my hand.

—Soltó una mano del volante, enseñándomela mientras la agitaba en el aire.

—Sí, sí, muy bonita la mano —fue lo único que se me ocurrió decirle mientras se pasaba otro semáforo, aunque esa vez al menos la luz estaba en ámbar.

— What were you doing when Tom passed out?

—me preguntó, expectante. Obviamente no quería decirle que nos habíamos estado liando y que estábamos a punto de volverlo a hacer. No creo que eso hubiera tenido nada que ver con lo que había pasado.

— We… we were just playing. Singing one of his songs.

—Bueno, eso era verdad. No la inmediata, pero era verdad.

— Anything else? You can tell me, Mateo.

Se estaba poniendo seria y, por su forma de decírmelo, parecía saber algo o intuir que no le estaba contando toda la verdad. No obstante, yo ni siquiera sabía si Tom le había dicho que era gay. No me correspondía a mí sacarlo del armario, y menos con su madre.

—No, no. Nothing.

Solo estábamos… cantando —murmuré.

—Ok. No tengas miedo. No es nada malo —me dijo en español, y sentí que esa frase escondía mucho más. Pero no dije nada.

La ambulancia giró a la izquierda y Debbie hizo lo mismo, saltándose dos carriles y frenando a los coches que venían de frente. Al final deberíamos estar más preocupados por nosotros que por Tom, porque no tenía claro que fuéramos a llegar de una pieza.

Por suerte, habíamos girado hacia el hospital, así que sí, llegamos enteros.

Me di cuenta de que no me había soltado aún del asiento, seguía agarrado a él como si eso fuera a servir de algo.

Debbie trató de entrar tras la ambulancia, pero un guarda de seguridad salió a toda prisa para impedirle el paso.

Por un momento pensé que lo atropellaría, pero entró en razón, menos mal, y giró hacia el aparcamiento, buscando sitio para aparcar.

Su móvil empezó a sonar (tenía de tono de llamada la canción de Raye «Where is my husband!

») y vi en la pantalla el nombre de Jessica.

Se lo di y descolgó la llamada al momento.

Se colocó el teléfono en la oreja, sujetándolo con el hombro, mientras quitaba la llave del contacto y salía del coche, cerrando la puerta con tanta fuerza que tembló todo el vehículo.

«Vale. Hora de salir». Me quité el cinturón y salí yo también, tratando de seguirla, porque iba a toda prisa hacia el interior del hospital, hablando a gritos con la tal Jessica.

No me gustaban nada los hospitales. Los odiaba a muerte.

Supongo que a nadie le gustan, pero es que a mí me daba hasta urticaria el simple hecho de estar cerca de uno.

Pensé incluso en quedarme en el coche, pero tenía que entrar.

Quería saber qué le había pasado a Tom. Además, no quería dejar sola a Debbie, que era capaz de prender fuego a la sala de espera si no le dejaban ver a su hijo.

Una vez dentro, fuimos directos a recepción. Nos indicaron en qué sala de espera teníamos que sentarnos para… eh, bueno, esperar. La sala estaba abarrotada de gente y nos sentamos al

lado de un chico indio que tenía una venda en la cabeza con un círculo de sangre traspasándola. Me miró con cara de pena, como si yo fuera un médico o algo así.

— Do you want anything from the vending machine?

—me preguntó Debbie a la vez que buscaba en su monedero.

— No, thanks.

—Ok, love. Wait here.

—Se levantó, alejándose hacia el pasillo por el que habíamos venido, camino de la máquina expendedora. Supuse que se compraría cualquier cosa para distraerse un poco. Porque lo necesitaba.— Family for Thomas Green?

—preguntó un enfermero en la puerta de la sala de espera. ¡Justo cuando se había ido Debbie! Mierda—. Is there anyone here for Thomas Green?

Por impulso, levanté la mano, casi como si estuviera en el colegio. El enfermero enarcó una ceja y vino hacia mí, con un par de papeles.

— Are you family? —

me preguntó, suspicaz.

—No, ehm… well, I’m an exchange student. I’m staying with him.

—Have you come alone?

—No, no. His mum… mother… is right there. —

Señalé hacia el pasillo por donde había desaparecido Debbie—. At the vending machine.

El enfermero siguió la dirección con la mirada, luego volvió a mirarme a mí. Unos instantes después, me dio los papeles que había traído en una carpeta, además de un bolígrafo.

—When his mum gets back, tell her she needs to fill in her son’s details and sign the consent forms for some tests. Then she should hand everything in at reception, okay? —

me explicó lo más lento posible, para que me enterara bien de todo. Yo cogí los papeles y asentí. El enfermero se dio la vuelta, dispuesto a irse.

— How is he? How is Tom?

—le pregunté, preocupado, levantándome del asiento.

—Sorry. I can’t give you any information if you’re not family

—respondió con sequedad—. At the reception, okay? Don’t forget.

—Okay, okay.

—Me senté de nuevo, derrotado.

Al rato apareció Debbie, con dos bolsas de patatas y una Coca-Cola en cada mano.

— Here

—me dijo, ofreciéndome una de las bolsas y esperando a que la cogiera—. What is…?

—empezó a preguntar al ver los papeles que yo tenía sobre el regazo—. ¿Qué son los papeles?

—Vino un enfermero. Me ha dicho que tienes que rellenar los datos de Tom y firmar un consentimiento. Luego lo tienes que entregar en recepción.

— Wait, love. Slow down, please. —

Extendió la mano para que yo le diera los papeles. Empezó a leerlos y le di el bolígrafo para que pudiera rellenarlos.

— You have to… hand everything in at the reception

—repetí la misma frase que me había dicho el enfermero.

— Ok. Thanks, love.

Estuvimos en la sala de espera cerca de una hora.

Yo lo único que podía hacer era mirar al resto de pacientes esperando, porque con las prisas se me había olvidado coger el móvil.

Debbie se mantenía en silencio, nerviosa, expectante.

Habría estado tantas veces en hospitales por lo de la pierna de Tom…

que seguramente los odiaría mucho más que yo.

Pensé que querría hablar de su hijo conmigo, como las otras veces, pero estuvo todo el rato callada, sin decirme nada.

Ocasionalmente, se levantaba y se daba un paseo por los pasillos del hospital.

Pero salvo eso, lo único que hacía era mover las piernas o morderse las uñas.

También miraba el móvil compulsivamente, comprobando, cada pocos segundos, si Jessica le había escrito o tenía algún mensaje de alguien importante.

No sé cuánto tiempo pasó hasta que el mismo enfermero regresó. En cuanto escuchó el apellido de su hijo, Debbie se

levantó de un salto y corrió, literalmente, hacia el enfermero, que tuvo que dar un par de pasos hacia atrás, visiblemente incómodo.

No llegué a escuchar su conversación, salvo que Tom estaba bien.

Eso me hizo soltar toda la tensión acumulada, porque realmente me había asustado.

Cuando se desmayó, no tenía ni idea de qué hacer.

Menos mal que llegó Debbie, porque yo me había quedado completamente bloqueado.

Los dos se fueron y yo iba a ir tras ellos, pero Debbie me indicó con la mano que esperara allí sentado. Supuse que, al no ser familiar, yo no podría entrar. Así que me quedé en la misma silla mientras los veía desaparecer al doblar la esquina del pasillo.

En el tiempo que llevábamos allí, tampoco se había vaciado mucho la sala. De hecho, había ido llegando más y más gente. Y cada segundo que pasaba allí, me ponía más nervioso. No quería estar en ese hospital. Simplemente quería ver a Tom. Saber que estaba bien.

— I

think they’re calling you, dear… —

me dijo una señora con rizos y una enorme mancha morada en mitad de la cara.

—¿Eh? —Busqué con la mirada hasta que vi a Debbie, al final del pasillo, llamándome con la mano—. Thanks!

—agradecí a la señora.

Me levanté y salí de allí lo más rápido posible. Iba a tener el olor de esa sala espera metido en la nariz durante días. Cuando conseguí salir, Debbie no estaba sola. A su lado estaba Tom, pálido y débil.

— Hey!

—Fue lo único que le salió decir, con una sonrisa casi forzada. No pude contenerme y me lancé para abrazarlo. Con tanta fuerza que casi lo tiro al suelo.

—¿Estás bien? Dime que sí —no dejaba de repetir una y otra vez.

— Easy, love, easy

—me calmó Debbie, posando suavemente su mano sobre mi hombro, indicándome que me separara. Sí,

claro. Ahora yo « easy, easy»

, pero, cuando ella iba conduciendo, eso no contaba, ¿no?

—Estoy bien, Mateo. Solo ha sido un pequeño susto —me dijo con un hilo de voz.

—No parecía un «pequeño susto» —respondí, haciendo comillas en el aire con ambas manos.

— Let’s go home, kids

—anunció Debbie, sacando la llave del coche de su bolso, y cogiendo a su hijo de la mano para ayudarlo a andar hacia el aparcamiento.

Por el camino me explicaron que le habían hecho algunas pruebas, pero que no habían encontrado nada sospechoso.

Simplemente eran efectos de la quimioterapia que tuvo que pasar, además del cansancio acumulado de los días anteriores.

El médico le había dicho que podía hacer cosas, y que la actividad física le venía bien.

Pero siempre controlada. Con cuidado. Sin sobrepasar sus límites.

—Parece ser que besarnos es sobrepasar los límites —bromeó cuando Debbie se bajó del coche a echar gasolina.

—Tendré que tener más cuidado —continué la broma—. Ahora en serio, ¿estás bien? ¿Cómo te encuentras?

—Estoy cansado. Muy cansado —suspiró—. Pero estoy bien. No es la primera vez que me pasa desde… bueno, desde lo de mi pierna.

—No lo sabía.

—Ni tenías por qué saberlo. Menos mal que estabas conmigo. Gracias por salvarme, Mateo. —Echó la mano hacia atrás para agarrar la mía.

—¿Gracias por qué? Si yo no he hecho nada.

—Estar. ¿Te parece poco? —dijo, apretando mi mano, justo cuando Debbie volvió a entrar en el coche. Pensé que me la soltaría, pero para nada. Siguió dándomela hasta que llegamos a casa.

Entre los dos lo ayudamos a entrar en casa, porque el cansancio acumulado siempre le hacía cojear un poco más de la cuenta.

También lo acompañamos hasta su cuarto, donde cogí mi teléfono y vi varias llamadas perdidas de la banda, además de muchos mensajes en el grupo que teníamos todos juntos.

¿Les habría avisado Debbie de algo? ¿O…?

— Can you…?

¿Puedes escribir a Roy y contarle lo que ha pasado?

—¿A Roy?

—Sí. Él siempre contesta antes que nadie.

—Claro —respondí.

—Gracias —susurró al tiempo que se tumbaba en la cama. Debbie estaba en la cocina, preparando algo de comer para que recuperara un poco las fuerzas. Sin embargo, Tom no parecía tener muchas ganas de comer en ese momento—. Necesito… dormir un rato.

—Claro. Vale. Voy a avisar a Debbie de que…

—No, no. No te vayas. —Estiró el brazo, esperando a que fuera hacia él.

—Pero qué quieres que… —murmuré mientras me acercaba a la cama, sentándome en el borde. Siguió buscándome con la mano hasta que se la cogí y tiró un poco de mí para que me tumbara también.

— Stay —

fue lo único que dijo antes de quedarse dormido.

Yo… me quedé allí, a su lado, y lo abracé.

Tom se movió un poco para juntarse más y entrelazó mis manos con las suyas.

A los pocos segundos ya estaba casi roncando.

Yo no tardé mucho más en quedarme dormido.

Al principio me daba cosa, por si Debbie subía con la comida y nos encontraba a los dos así, abrazados, haciendo la cucharita de nuevo, literalmente.

Pero cuanto más lo pensaba, más igual me daba.

Él me había pedido que me quedara, que lo abrazara, y eso es lo que pensaba hacer.