El mundo entre nosotros Capítulo 24
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Capítulo 24

El cuarto de Tom parecía esconder un tesoro como poco.

Me estuvo preparando para verlo todo el camino de vuelta a casa, dejándome claroque estaría muy desordenado y que tenía muchas cosas por en medio, y queno lo juzgara mucho y blablablá.

«Dios, Tom, ¿quieres abrir la puerta y enseñármelo ya? ¿Por qué le costaba tanto?».

— Ok. Ready?

—Super ready, Tom.

—Here we go then.

Y abrió la puerta, al fin.

El cuarto de Tom era bastante más grande que el mío, aunque también más oscuro.

No sabía si porque daba al otro lado de la casa o porque tenía unas cortinas oscuras y gruesas colgadas a ambos lados de la ventana.

La cama era bastante más alta que la mía y, junto al extremo, había una especie de barandilla pegada a la pared.

Supuse que para poder levantarse si necesitaba una ayuda extra.

Eso sí, en vez de tener un cabecero normal, toda la pared del fondo era una estantería enorme.

Repleta de libros. De todos los colores y tamaños.

Metódicamente ordenados. De ahí los sacaba, claro.

Podría haber fácilmente más de cien libros.

Como poco. Además, tenía varias plantas tipo enredadera colocadas en diferentes estantes, junto a un buen número de

ilustraciones. Reconocí una de My Hero Academia

y otra que parecía de la película Los mundos de Coraline

. Tom se hizo a un lado y me dejó pasar. Bajo la ventana estaba su escritorio, con un ordenador portátil, varios cuadernos y una de las fundas de su prótesis, además de un reloj de arena y varias camisetas dobladas.

Ni rastro de ese caos del que me había hablado. Estaba perfectamente limpia y ordenada.

En la pared frente a la ventana, donde estaba el armario, había un póster del disco Born This Way

, de Lady Gaga. Junto a ese, otro de lo que parecía ser una película que se llamaba Été 85

. En una esquina, había una caja marrón con agujeros de la que sobresalían varios vinilos y, apoyada junto a la cama, otra de sus prótesis. Y, sobre el armario, la bandera arcoíris.

—Me encanta tu cuarto. —Transmitía una sensación de hogar, de querer quedarse ahí dentro, leyendo, escribiendo, escuchando música, lo que fuera… Pero ahí dentro parecía detenerse el tiempo. Estaba a gusto, y eso que no era mi habitación.

—¿Sí? Really? —

dijo con un brillo inconfundible en los ojos. Esa clase de brillo que aparece cuando te sientes feliz y agradecido por algo que te acaban de decir.

—Claro. Flipo con la cantidad de libros que tienes, la verdad —lo alabé, sorprendido, y me acerqué a la estantería para verlos más de cerca—. ¿Son todos en inglés?

—Tengo varios en español. —Señaló una de las baldas más altas.

—Tu cuarto es una pasada, en serio. En mi casa tengo que compartir habitación con mi primo Bruno…

Bueno, ya te he hablado de él…, y es horrible.

Me encantaría tener algo así —reflexioné amargamente.

Solo pensar en el hecho de regresar a ese cuarto y tener que estar con él… se me caía el alma a los pies.

—Eres la primera persona que entra en mi cuarto. A parte de Debbie, Emma y mi padre —me confesó.

—¿En serio? —«¿Ni siquiera Roy había estado en su habitación?».

—Sí —admitió.

—Jo, pues gracias. Qué honor. —Junté las manos como si estuviera rezando mientras le hacía un pequeño gesto con la cabeza.

—No es una broma —replicó, haciéndose el ofendido.

—Ni lo mío. En serio. Qué guay que me hayas dejado entrar —insistí. Me giré para verlo y me lo encontré más cerca de lo que esperaba. Me miró igual que por la mañana, cuando nos despertamos juntos.

—¿Te puedo hacer una pregunta? —me dijo en un susurro.

—Sí, claro. —No se movió. No se separó ni un centímetro.

—¿Te gusto? —Mi corazón empezó a latir desbocado—. Llevo todo el día pensando en lo que hemos hecho esta mañana.

—¿En serio? —Tom asintió levemente—. Sí. Me-me gustas. ¿Yo a ti te gusto?

—Desde el primer día —admitió, rojo de vergüenza. ¿Le había gustado desde entonces? ¿Y yo dudando de si era hetero o no?—. Desde que te vi. Desde que nos tumbamos en el parque.

—¿Qué dices? Yo pensaba que te gustaba Andrew.

—Andrew… He’s Andrew. It’s complicated. I… Well… I was kind of… I liked him. A lot —

se sinceró—. Pero yo no le gustaba. Éramos… amigos. He was so…

¿comprensivo? Y, cuando pasó lo de mi pierna… He was there, like Roy…

En los peores momentos. Pero son amigos, nada más —aseguró, queriendo dejar claro que ya estaba superado—. Son mis amigos. Tú también. Pero tú eres diferente. Lo que siento contigo es diferente. Now I know.

Parecía estar confesando todo lo que le pasaba por la mente. Sin dejarse nada. Y eso me gustaba, pero me aterraba a la vez,

porque yo no era igual. Yo no era capaz de sincerarme de la misma forma.

— I don’t wanna scare you. That’s why I asked.

Tampoco sabía muy bien qué más decir. Tom estaba nervioso. Respiraba agitado y vi que una de sus manos empezaba a temblar.

—Creo que eres el primer chico que me gusta de verdad. Lo de Andrew… it’s not the same.

—Tú a mí también. Es decir, me han gustado chicos antes, pero nunca así. Y tampoco había besado nunca a nadie. Has sido el primero —sonreí nervioso.

—¿Y qué tal? ¿Lo hice bien?

—¿Te recuerdo cómo terminó ese beso? —Tom me devolvió la sonrisa, igual de nervioso que yo.

Tenía ganas de besarlo de nuevo. De cogerlo del culo y estrecharlo contra mí.

De acariciarle la cara y de que él me acariciara el pelo.

«Si tantas ganas tenía, ¿por qué no lo hacía?

¿Es que me daba miedo hacerlo mal? ¿Qué era lo que me estaba frenando? ».

—Ahora estamos solos hasta que vuelva Debbie… —añadió, cabizbajo, como si no quisiera decirlo muy alto.

Esa fue la frase que estaba esperando. Su permiso.

Así que me lancé. Me acerqué aún más y fui directo a besarlo.

Sus labios chocaron con los míos. Pegados.

Fundiéndose. Con su saliva entrando en mi boca.

«Buah. Qué pasada». Indescriptible. Podría intentar ponerlo en palabras, pero era imposible.

La sensación de besar a alguien… Es que tenía ganas de hacerlo todo el rato. De no separarnos nunca.

Sus manos buscaron las mías. Y, en cuanto las encontraron, sus dedos se entrelazaron con los míos. Los dedos de mis pies se contrajeron y un escalofrío me recorrió toda la espalda.

—¿Estás bien?

—Genial —respondí, directamente dentro de su boca.

Sin soltarnos las manos, sin separar nuestras bocas, Tom fue empujándome poco a poco hacia la cama.

Cuando choqué con ella, me dejé caer mientras él se colocaba encima de mí.

Sus dedos subieron por mi cuerpo hasta llegar a mi cara y me acarició mientras abría un poco más su boca y usaba su lengua para jugar con la mía.

Entonces, el sonido de su teléfono móvil nos pilló a los dos por sorpresa. Yo me levanté de golpe, asustado, y le di un cabezazo que resonó en la habitación.

— Oh, fuck! —

protestó, llevándose la mano a la frente y separándose de mí, sentándose en el borde de la cama—. ¡Qué daño!

—¡Lo siento! Me asusté —traté de disculparme. Su móvil seguía sonando, pero Tom estaba más preocupado del golpe en la cabeza.

— Great. I’m gonna have a massive bump. How do you say it in…?

—

Chichón —me adelanté a su pregunta—. ¿No piensas responder?

Tardó un rato en entender lo que le estaba diciendo, hasta que pareció darse cuenta de nuevo de que su teléfono móvil estaba sonando sin descanso. Lo sacó de su bolsillo y respondió la llamada.

— Hey, love. Are you home?

—Era la inconfundible voz de Debbie.

— Yes. What…? —

Se levantó de la cama, impidiendo que siguiera escuchando la conversación.

Me miró, indicándome que salía de la habitación un segundo para seguir hablando con tranquilidad.

Asentí y me dejó solo, sentado en su cama.

Lo escuché alejándose por el pasillo, pero algo volvió a abrir la puerta.

Algo no. Terrible. Se frotó contra el marco, sin apartar sus ojos de mí, vigilándome mientras Tom no estaba.

Parecía como su guardaespaldas felino o algo parecido.

—Tranquilo, que no voy a tocar nada —le dije, como si fuera capaz de entenderme.

Me levanté de la cama y, sin quitarle ojo a Terrible por si decidía saltar hacia mí, empecé a investigar la habitación de Tom.

No sabía muy bien qué esperaba encontrar.

Me acerqué a su escritorio y me fijé en varias cajas de medicamentos a medio terminar.

Uno de ellos se llamaba Sertraline. «A ver si me acordaba luego del nombre para buscar qué era».

También había dos botes de crema de la que se echaba en la pierna.

Y varios cuadernos negros apilados, cada uno de ellos cerrado con una pequeña goma elástica.

El maullido de Terrible me recordó que eso era privado y no debía meter las narices en cosas que no eran mías.

Qué sensación más rara. No solo estaba en el cuarto de otro chico, sino que, hasta hace unos segundos, me había estado liando con él.

¿Cómo podía ser todo tan surrealista? Me miré en el espejo que tenía junto al armario, me peiné un poco el pelo, me arreglé la camiseta, comprobé mi aliento y me repasé los labios con la lengua, mojándolos un poco.

Iba a continuar con mi investigación cuando escuché sus pasos de vuelta y, nervioso, volví a sentarme en la cama, como si no me hubiera movido del sitio. Tom entró de nuevo en la habitación, apartó suavemente a Terrible, que protestó, y, de un salto, se subió a la silla.

—Ya está.

—¿Qué pasaba?

—Debbie. Hoy ha salido antes del trabajo y está volviendo a casa. Me ha preguntado si queremos algo de la tienda, que va a pasar a comprar leche —me explicó, sin darle mucha importancia—. Y que si puedo ir metiendo la ropa sucia en la lavadora. ¿Me ayudas? Bueno, tú tendrás ropa sucia, ¿no?

«¿Ropa sucia? ¿Darle mi ropa sucia? ¡Eso sí que me daba vergüenza! ¿Cómo iba a dejarle que viera mis calcetines sucios? ¿Mis calzoncillos? ¡No, no, no!».

—Sí, sí. Te-te ayudo.