Capítulo 23
Cuando el primer rayo de sol iluminó la habitación (no sé si sería el primer rayo, pero así es la expresión, ¿verdad?), seguíamos abrazados.
Aunque habíamos cambiado de posición. Era él el que me abrazaba a mí.
Haciendo la cucharita. Creo que se llamaba así.
Con su respiración en mi cuello, nuestras manos entrelazadas, su corazón latiendo en mi espalda, su polla contra mi…
Espera. Podía notarla. Podía sentirla. ¿Eso quería decir lo que quería decir?
Pues sí. Claramente Tom se había despertado empalmado.
Y yo igual. Él seguía dormido, o eso parecía.
Yo no podía estar más despierto. Desde luego que no podía.
Me apretó suavemente las manos. Quizá un acto reflejo estando dormido, o quizá siendo consciente de lo que estaba haciendo.
No sabría decir. Y, poco a poco, tiró de ellas hacia abajo, mientras juntaba un poco más su entrepierna contra mi culo y podía notarlo más aún.
Dios. No solo era la primera vez que dormía con un chico, sino que era la primera vez que estaba…
a punto… de pasar algo… Sus manos seguían bajando, y las mías, por supuesto, también.
Se las solté suavemente e hice fuerza con mi cuerpo hacia atrás, hacia él, cuando Tom justo hacía lo mismo, pegándose contra mí todo lo posible.
Uf, era una sensación increíble. Sus manos se metieron bajo mi camiseta y noté sus dedos acariciando mi piel, subiendo hasta mi pecho.
Yo, como no tenía muy claro lo que hacer, llevé mi mano hacia su pierna, hacia su muslo.
Tom abrió las piernas y, como si me estuviera haciendo una llave de judo, pasó su muslo derecho sobre mí, haciéndome girar para que estuviera boca arriba y él sobre mí.
Y, por primera vez desde que habíamos despertado, nos miramos.
Me daba mucha vergüenza tenerlo tan cerca.
Sobre todo porque acababa de despertarme.
Ni me había lavado los dientes ni nada. A Tom parecía darle igual.
Sus labios estaban húmedos de haberse pasado la lengua por encima.
Sus ojos, entreabiertos y curiosos. Se fue acercando poco a poco, hasta que nuestras narices se tocaron…
y nuestros labios. Ni siquiera los abrió.
Simplemente los unió a los míos. Abrí los ojos como platos, sorprendido por la situación.
Nuestros cuerpos estaban, literalmente, pegados. Cada parte de nuestra piel se tocaba.
— Good morning
—susurró.
— Good morning —
respondí. Tom subió las manos, me cogió la cara, acariciando mis mejillas mientras me miraba, y volvió a besarme.
Era el primer chico al que besaba en mi vida.
No sabía si Tom habría besado a alguien antes.
De hecho, hasta ese momento, ni sabía que le gustaran los chicos.
Pero desde luego parecía saber lo que hacía.
Porque, mientras seguía besándome, bajó una de las manos y empezó a quitarse los pantalones del pijama para quedarse en calzoncillos.
Cuando consiguió bajarlos, tiró de los míos para bajarlos también.
Y, al dejarme en calzoncillos, se me puso más dura aún al notar su polla sobre mí.
No podía estar más cachondo. Si seguía así, acabaría terminando antes casi de empezar.
—Do you like it?
—Yes. I-I like it —
respondí y, mientras seguíamos besándonos, me tocó a mí bajar la mano. Primero le acaricié el culo por fuera, y luego, pensando que no se apartaría, metí la
mano bajo sus calzoncillos. En cuanto lo hice, se apartó un poco y me miró, mordiéndose un poco el labio.
— Mateo, wait… I’m… I’m almost…
—Y no pudo terminar la frase. Empezó a temblar un poco y noté cómo se corría encima de mí, sin poder contenerse. La situación me puso tanto que ni siquiera tuve que tocarme, porque yo también me corrí, sin darme tiempo a frenar.
Tom se dejó caer sobre mí, con la respiración agitada, y pegándose todo lo posible a mi cuerpo.
— God… that was… something.
—
Sí, sí. Desde luego… —Me eché a reír. Tom dudó al principio, porque no tenía muy claro por qué me reía, pero al final acabó riéndose conmigo.
Entonces, escuchamos a alguien caminando por el pasillo.
Sería Debbie. Parecía que pasaría de largo, pero oímos cómo se paraba al otro lado de la puerta y, con delicadeza, llamaba un par de veces.
Tom y yo nos miramos, asustadísimos, sin hacer un solo movimiento.
Por favor, que no se le ocurriera entrar.
— Mateo, love, breakfast is ready.
—Thanks, Debbie! I’ll be there in a minute… —
respondí, tratando de sonar lo más tranquilo posible.
— Ok! Go and wake Tom up for me, please, dear!
—Of course —
aseguré, aún nervioso.
— Do you think he’s still mad at me?
Tom me miró, confuso, arqueando una de sus cejas. Yo me encogí de hombros, sin saber muy bien qué responder.
— No, no. He’s good. I know
—improvisé lo más rápido que pude.
— I’m not sure, love… Can I come in?
—¡NO! —grité y, al momento, me llevé ambas manos a la boca—. Imean… No. You can’t. Because… because I’m naked. Yes. I’m super naked.
—Oh, ok. Well, see you downstairs. I’ve made knots —
constestó ella, con un tono de incomodidad importante. A continuación, escuchamos sus pasos alejándose hacia la escalera.
— What was that?
—me preguntó Tom.
— What was what?
—
Esa conversación. Con Debbie. Como si hubierais hablado más veces…
—A ver, estará preocupada por ti y me pregunta a mí. —No tenía pensado hablarle de las conversaciones que había tenido con su madre. No quería preocuparlo, y mucho menos que se enfadaran por ello.
—Será eso —aceptó, un poco suspicaz. Miró hacia abajo, hacia nuestros cuerpos pegados—. Creo que deberíamos levantarnos.
—Y quizá darnos una buena ducha. —Tom estalló en carcajadas de nuevo.
Esa mañana en el colegio no pude pensar en otra cosa.
En el desayuno y de camino a clase hicimos como si no hubiera pasado nada.
Como si no nos hubiéramos besado. Realmente, eso tuvo mucho que ver con que Debbie permaneció con nosotros en todo momento, así que tampoco podíamos hablar de ello.
Pero ¿qué íbamos a hablar? Bueno, supongo que sobre a dónde nos llevaba eso, ¿no?
Es decir, no sabía muy bien cómo funcionaban esas cosas, pero entendía que, si ya nos habíamos besado (y algunas cosas más), eso era como si fuéramos algo, ¿no?
Como si fuéramos casi novios. Solo nos conocíamos de dos semanas.
Pero sentía una conexión inmensa con él.
Ahora solo me faltaba saber qué sentía Tom exactamente.
Porque quizá solo había sido algo sin más y…
— I can practically hear you thinking. —
Su voz me sacó de mis pensamientos. Íbamos de camino a la cafetería para
volver a desayunar. Porque la clase de PE nos había dejado exhaustos. Nos había tocado hacer abdominales y probar cuántas dominadas éramos capaces de soportar. Tom hizo casi diez. Los más chulos de la clase llegaron a veinte. Yo hice tres y ya me quería morir.
—¿Sí? Pues… ¿en qué número estoy pensando? —Tres, obvio.
— Three —
dijo con convicción.
—Se pronuncia «tres», pero bueno, casi aciertas —bromeé, y Tom me dio un codazo en el costado. Amistoso, aunque con fuerza. A veces no sabía medir—. Estaba pensando que… nunca me has enseñado tu habitación.
— My room? —
preguntó, sorprendido, mientras entrábamos en la cafetería, repleta de gente a esas horas de la mañana. Roy y Antonia estaban sentados en una de las mesas, mientras que Iwan y Vanessa estaban en la cola para pedir.
— Yes.
Llevo dos semanas en tu casa y aún no sé cómo es tu cuarto por dentro. —Y es que era verdad. Quería conocerlo un poco más y el camino era ver su habitación. Donde escondemos todos nuestros secretos.
—Es verdad —reflexionó—. Tampoco me lo pediste nunca.
—¿Es que tenía que pedirlo?
—Si quieres algo, sí —sonrió.
—Vale. Pues quiero ver tu habitación —dije con firmeza.
— Maybe —
respondió con chulería. Me dedicó una media sonrisa y se adelantó para alcanzar a Vanessa, haciéndole cosquillas por detrás. Vanessa pegó tal grito que media cafetería se quedó mirándonos. Yo me fui a la mesa con Antonia y Roy mientras Tom se quedaba con Iwan y Vanessa pidiendo.
Cuando me senté con ellos, Antonia me miró de arriba abajo, escrutándome, como si supiera algo. Joder, ¿tanto se notaba que Tom y yo nos habíamos liado? ¿Tenía un sexto sentido? ¿O es que lo llevaba escrito en la cara? Empecé a ponerme nervioso y
a sudar como si no hubiera un mañana. A ver, si no se lo había contado Tom, era imposible que lo supiera, ¿verdad?
«¿Verdad?».
—¿Nervioso por algo? —preguntó un Roy inquisitivo.
—¿Yo? ¿Nervioso? ¿Por qué? —respondí, más nervioso aún.
—No dejas de mover las piernas y secarte las manos —señaló, sospechoso.
—Ah, bueno, eso es porque… porque creo que nos van a coger en el concurso de bandas.
—It’s tomorrow, Mareo.
—No podía llamarme por mi nombre. Tenía que llamarme con el mote que más les gustaba desde que se lo había inventado Vanessa. Era eso o « espaniolito
».
— I know
—repliqué haciéndole burla—. Pero estoy nervioso hoy. ¿Algún problema?
Y, al notar que le contestaba con su propia medicina, Roy se echó atrás, derrotado.
—No, no. No problemas —respondió entre dientes.
—Hoy estás… —intervino Antonia, tratando de buscar la palabra adecuada—. Glowing.
—¿ Glowing
? ¿Qué es eso?
—Uhm… ¿Briliante? ¿Briliando?
—¿Brillante? Seguramente es porque me está dando el sol en la cara. —Me moví hacia un lado para estar más en sombra—. ¿Sigo glowing
***
— It’s not the sun. It’s you.
—Eh, I don’t know. My skincare, probably —
bromeé.
— You are fifteen, Mateo. You don’t have a skincare routine yet. —
Antonia siempre me llamaba por mi nombre. Era un detalle. Por eso era la que mejor me caía de todos.
—Probablemente por eso estoy glowing.
Porque tengo quince años.