El mundo entre nosotros Capítulo 21 #2
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Capítulo 21 #2

Hablaba muy lento y sobrepronunciando cada palabra, como si no fuera a entenderle si no me decía las cosas como a un niño de cinco años.

— I’m from Madrid

—anuncié con orgullo mientras él abría el coche para que pudiéramos entrar. Tom se sentó en el asiento del copiloto, y yo pasé al asiento trasero.

— I’ve never been there. Do you like it?

—

Tiene sus cosas… yes, yes. I like it.

—Do you like Northwood? —

me preguntó tras cerrar su puerta.

— It’s nice.

—But rainy, innit? —Y

explotó en carcajadas. «Así que de ahí le venía la risa a Tom…».

—Yes. A lot of rain —

contesté. Me puse el cinturón y vi cómo Tom me miraba a través del espejo retrovisor.

— Do you like fish & chips, Mateo? Tom’s favourite food when he was a kid —

comentó Owen. El coche era muy nuevo y no hacía prácticamente ruido. Su conducción estaba a años luz de la de Angie. Al menos él respetaba las señales, los semáforos… y se fijaba en el resto de los carriles. Eso ya era un avance.

— Yes, of course.

—We can go to the best fish and chips here in Northwood —

propuso plenamente convencido de su plan.

—We already ate, Owen

—intervino Tom, que tenía la vista fija en la ventanilla.

— Oh, that’s a shame. Well, we can head to Northbloom instead. Grab a coffee or…

—Have you talked to Debbie? —

Y la mera mención de Debbie cambió la expresión de Owen por completo.

— What for? You’re my son too —

gruñó, sin siquiera girarse para mirar a su hijo a la cara.

El resto del trayecto lo hicimos en silencio.

Al menos entre nosotros, porque de fondo sonaba la radio del coche.

Como siempre, no reconocía ninguna de las canciones que sonaban.

La tensión era de esas que te ponen en alerta porque sabes que cualquier cosa que digas puede ser el inicio de una discusión.

Sabía que las cosas estaban mal entre los dos, pero no me imaginaba que tanto.

Pese a ello, Tom no le levantaba la voz ni le llevaba la contraria.

¿Quería ir a Northbloom? Pues a Northbloom iríamos.

Cuando bajamos del coche, el olor a café recién hecho y a bollería casera inundaba casi toda la calle.

Normal que la banda siempre quisiera ir ahí los domingos a desayunar.

Era una cafetería increíble, se me hacía la boca agua solo de pensar en comer ahí.

Tiramos la bolsa de patatas fritas a medio comer en una papelera de la entrada y, mientras yo hacía cola para pedir, Tom y su padre buscaban una mesa libre en la terraza en la que poder estar tranquilos.

Tenía a seis o siete personas delante, cada una era más lenta que la anterior.

¿Es que no pensaban avanzar ni un poco…?

— Hey, Mateo. How are you doing, mate?

—me saludó Andrew, con un café en la mano y una bolsa de papel en la otra. Supuse que llevaría varios bollos, porque el aceite había empezado a convertir el papel en transparente por algunas zonas.

— Hey, well… I’m just waiting for a coffee —

respondí al momento. Cada vez me iba costando menos hablar en inglés sin tener que pensarlo demasiado.

— Are you…?

¿Estás aquí solo? ¿Está Tom contigo? —me preguntó, buscándolo con la mirada.

— Yes

. Es decir, sí. Está aquí, en la terraza. Hemos venido con su padre.

— With his father?! —

bramó, y varias personas en la fila nos miraron, alarmadas—. ¿Qué hacéis aquí con su padre? No sabía que había vuelto a Northwood.

—Tampoco Tom. Nos ha pillado por sorpresa al salir de clase —le expliqué—. Y se ha empeñado en llevarnos a tomar algo. ¿Tú lo conoces?

—Conozco lo que me ha contado Tom. ¿Y está solo con él?

—Es lo que me ha parecido mejor. Yo estoy aquí de encargado para llevar la comida a la mesa, como ves —bromeé, pero Andrew no me hacía caso. Solo buscaba a Tom, tratando de encontrarle en alguna de las mesas de fuera.

— That man…

—Apretó con fuerza la mandíbula—. Le ha hecho mucho daño a Tom. Es un… ¿Cómo nos dijiste que decíais en español? ¿Una hija…?

—Un hijo de puta. —Qué bien sentaba poder decir palabras así y que nadie me entendiera. Qué gusto.

—Un hijo de puta —repitió—. La última vez que vino por aquí, Tom estuvo fatal durante una semana entera. It really messes him up, you know? It really gets to him.

—Ya me ha contado, ya. Más o menos.

— That man

’ s no good for him. He just makes everything worse —

insistió.

— Are you gonna order or what? —

intervino una chica justo tras de mí, y me di cuenta de que ya me tocaba pedir.

—Dile que, si necesita hablar, que me llame después. Pero tú… tú ten cuidado. Understood? —

me lo dijo con tal firmeza que me provocó un escalofrío.

—Sí, sí, super

understood.

Andrew enarcó una ceja, suspicaz, se dio la vuelta y salió del local en la dirección opuesta a las mesas de la terraza.

Al parecer, Roy no era el único sobreprotector con Tom. ¿Siempre habría sido así? ¿O todo se habría hecho más «así» desde que Tom perdió la pierna?

— Hello, eh, I want

… a ver… I want two coffees, one… hot… coco… chocolate, and… two-two croissants and one

gofre… waffle! One waffle with cream and-and strawberry.

Vale. Sé que había dicho que cada vez me costaba menos. Y era verdad. En español también me daba vergüenza pedir comida en los sitios.

—Ok. You

’ re sitting outside, right? I

’ ll bring everything over.

—Vale . I mean…thanks. Thank you. —

Feliz por haberlo conseguido a la primera, me di la vuelta para irme. Pero no. Todo no iba a ser tan sencillo.

— That

’ ll be fourteen seventy-five, please.

—Eh, oh, vale. Vale, espera a ver que… —Abrí mi mochila y cogí un par de billetes del bolsillo exterior. Se los di y me guardé en los bolsillos el poco cambio que me devolvió. Salí hacia la terraza, ya con la felicidad diluida por haberme quedado más pobre, buscando a Tom y a su padre.

La terraza estaba medio vacía y, en una de las pocas mesas ocupadas, estaban sentados, en silencio, sin mirarse, sin hablar. Como si fueran dos desconocidos.

—Ya está pedido y pagado —dije, orgulloso, mientras cogía una silla de otra mesa y la colocaba junto a Tom para sentarme.

— How much was it? —

me preguntó Tom directamente.

— I think…

catorce con algo. Con setenta y cinco, creo.

—Owen —le dijo Tom a su padre, señalándome con un gesto de la cabeza, como indicándole que tenía que pagarme—. Twenty pounds.

—

Oye, que no han sido veinte libras, que eran…

— Owen? —

me interrumpió Tom, pero su padre estaba absorto en su teléfono móvil.

— Is this your mother, Tom? —

lanzó la pregunta al aire y, girando su teléfono, se lo mostró a Tom. En la pantalla había un vídeo de un pub, con música a todo volumen (creo que sonaba Ariana Grande) y varias personas bebiendo y bailando. Entre

ellas, reconocí a Debbie, que bailaba más que nadie, bebía más que nadie y agarraba del culo a un hombre que había junto a ella. La cara de Tom cambió, pero noté el esfuerzo que hacía para no mostrar mucho más a su padre, que sonreía con el labio de arriba curvado.

— Yes. And? What’s exactly your point? —

espetó, devolviéndole el móvil.

— She promised me the drinking problem was over, son. Is she lying to me, Tom? —

Lo miró, expectante, esperando una respuesta que no llegaba—. You know what the judge said. I

’ m trying not to involve social services and…

—Leave Debbie alone. She’s doing fine, ok? —

intercedió Tom, defendiendo a su madre con fiereza.

— She’s doing reeaaally fine

—se burló, reproduciendo el vídeo de nuevo, pero Tom se lo apartó de un manotazo.

El móvil cayó a la mesa con fuerza, volcó una de las tazas de café y estuvo a punto de manchar la ropa de su padre.

Este se apartó de la mesa, muy enfadado, y mató a Tom con la mirada.

Todo pasó muy rápido. Su padre subió el brazo y le cruzó la cara, dándole un manotazo en la mejilla, con una furia en los ojos que hizo que me hirviera la sangre.

Ni siquiera sé por qué reaccioné cómo reaccioné, pero me salió del alma.

Me levanté de la silla y me interpuse entre ese animal y Tom, protegiéndole con mi cuerpo.

—Como vuelvas a ponerle una mano encima, te parto la cabeza.

—No pude medir mis palabras. Owen me miró extrañado, porque seguramente no habría entendido ni una palabra de lo que le acababa de decir.

Pero Tom sí lo hizo—. Do you want me to say it in English?

Don’t you ever touch him again, you fucking… you fucking

cobarde.

Si tenía que pegarme con el padre de Tom para defenderlo, lo haría. Apreté los puños y, de la tensión, estaba a punto de llorar. De pura rabia.

— Mateo… leave it —

escuché a Tom susurrar detrás de mí.

— We’re done here —

sentencié, y me giré hacía él. Tenía parte de la cara roja, con la mano del bruto de su padre marcada en la mejilla.

Se le habían saltado las lágrimas del golpe.

Es que juro que estaba a punto de lanzarme al cuello de ese imbécil.

¿Cómo se podía ser tan hijo de puta? ¿Cómo podía…

? Y entonces me vino de golpe a la mente: si le había pegado así por nada, eso solo podía significar que no era la primera vez que lo hacía.

¡Y pensar en ello me cabreó muchísimo más!

Cogí los bollos de la mesa y los guardé en una servilleta. Luego agarré a Tom del brazo y, sin dejar de mirar a su padre, nos alejé de allí. Tom, cabizbajo y triste. Yo, retando a ese asqueroso con la mirada continuamente, esperando una mínima señal para comenzar una pelea.

— I don’t want to do it, son. But I will. You know that —

amenazó, retador.

— Goodbye,

gilipollas —respondí yo.

— What did you say?

—preguntó chulescamente. Me limité a mirarlo con desprecio, me giré y nos alejamos de Northbloom sin mirar atrás.