El mundo entre nosotros Capítulo 21
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Capítulo 21

Desde que mandamos el vídeo para el concurso, todos estábamos muy nerviosos. No teníamos la seguridad de que fueran a cogernos. Pero Tom, cada mañana, me repetía la misma frase:

—Hoy tengo un buen… pesentimiento.

—¿Presentimiento?

—¿Se dice así? Presentimiento. —Sí, la primera vez que me lo dijo, no acertó a decir bien la palabra—. Sí. Hoy tengo un buen presentimiento. You’ll see.

Van a cogernos en el concurso de bandas. Estoy seguro. El vídeo que hicimos fue amazing.

No sé si lo calificaría de amazing

, pero es verdad que nos quedó bastante bien. Andrew, pese a que al principio no estaba muy de acuerdo con mi idea, al final acabó haciendo un montaje en el que parecíamos los mismísimos Beatles. O así lo había dicho Roy nada más verlo.

Sin embargo, si había una persona plenamente convencida de que iban a cogernos, esa era Debbie. En cuanto Tom le pidió la autorización para inscribirnos, se puso como loca e insistió muchísimo en que le enseñáramos el vídeo cuando estuviera montado.

Las cosas entre ella y Tom seguían tensas. Debbie se había disculpado varias veces ya, pero a Tom le costaba volver a

confiar en ella. Yo, por supuesto, no le había dicho nada de nuestra conversación.

Porque tampoco quería meterme en un problema familiar que, claramente, era mucho más grande de lo que parecía a simple vista.

Eso sí, Emma se puso bien casi al día siguiente.

Por suerte, se había quedado en un resfriado tonto de nada.

— Mateo Luarte, are you here or back in Spain? —

habló Mr. Whitmore, y toda la clase se giró para mirarme.

— Yes, yes. I’m here. I’m here —

respondí, rojo de la vergüenza. Si me daba corte que me llamaran la atención en clase en Madrid, ya ni te cuento en Northwood, donde no conocía a nadie.

En clase seguían comentando Grandes esperanzas

, y yo, con todo el follón del grupo, del concurso y del market

, pues ni siquiera llevaba diez páginas. Al menos, el profesor se daba cuenta y no me preguntaba nunca.

Miento. No me preguntaba en clase delante de los demás. Porque, cuando terminaba la hora y me pillaba solo, venía hacia mí y me preguntaba por mis avances con el libro. Yo, las dos veces que lo había hecho esa semana, le había mentido deliberadamente. Lo admito.

— Yes. I’m on page 150.

—Perfecto, Mateo. A finales de esta semana lo habrás terminado. Seguro.

— Yes, yes. Sure

—respondí en mi inglés desastroso (aunque iba mejorando poco a poco) mientras salía del aula camino del recreo.

— If you need help with anything, my door is always open. Just come to my office.

En el pasillo me encontré con Vanessa, que me hizo un gesto para que me fuera con ella a la cafetería, donde habíamos quedado con los demás. Era miércoles ya, el día en el que terminaba el plazo para presentarse al concurso. A partir de

ahí, cada día era una cuenta atrás para nuestro éxito. Así lo decía Antonia, que, después de Tom, era la más convencida de la banda: no solo pensaba que nos iban a seleccionar, sino que íbamos a ganar. A arrasar más bien.

—No estoy yo tan seguro… —masculló Roy entre dientes. Le encantaba dar malas noticias. Y si era en español, para que yo las entendiera, mejor.

— Faith, Roy. Have a little bit of faith

—le pidió Antonia tras santiguarse y mirar al cielo.

Roy resopló mientras Iwan lo cogía del brazo y lo vacilaba, tirando de él y tratando de hacerle cosquillas, cosa que no le sentó nada bien, como era de esperar de alguien como Roy.

¿Se habría vuelto así de rancio desde que Tom lo rechazó?

Debía de ser duro que te gustara uno de tus mejores amigos y tener que seguir en el grupo, viéndolo todos los días, sabiendo que tú no le gustas. Quizá yo también me volvería como Roy.

—¿Sabemos qué día es la selección? —pregunté.

— Probably this Friday

. Northwood is a small place

—contestó Iwan, que parecía ser un experto en todo lo relacionado con el concurso.

—Iremos a celebrarlo, ¿verdad? —propuso Antonia.

Me encantaba el entusiasmo que tenían todos, ya haciendo planes no solo para cuando nos seleccionaran, sino para cuando ganáramos, pensando en qué iban a gastarse el dinero que nos tocaría a cada uno.

Yo bastante tenía con enterarme de algo en las clases. Combined Science

era la que más me costaba seguir. Al menos tenía a Tom sentado a mi lado para explicarme las cosas y ayudarme con los problemas, y para dejarme sus bolis y prestarme alguna hoja de su cuaderno.

A veces me rozaba la mano y me miraba con esa sonrisa increíble que…

que me hacía darme cuenta de que cada vez me gustaba más Tom.

A ver, a ver. Solo me gustaba. Tampoco es que estuviera enamorado ni mucho menos.

Simplemente era un chico que, cuando estabas con él, te hacía sentir único, especial, y yo nunca había tenido algo así.

Me gustaba pasar tiempo con él, y yo creo que a él también le gustaba pasar tiempo conmigo.

Nuestras noches de peli en el sofá eran lo mejor del día.

Emma se dormía muy rápido, así que no nos molestaba.

Debbie llegaba casi siempre tarde a casa, aunque, desde lo del market

, nunca volvía borracha. Al menos que yo supiera. Quizá estaba intentando cambiar. Por Emma. Por Tom.

Fuera por quien fuera, lo estaba intentando. Y eso era lo realmente importante. Hasta que todo se torció.

Creo que fue ese mismo miércoles. Un día como cualquier otro.

Íbamos a volver a ensayar al club de críquet después de clase.

Debbie se encargaba de recoger a Emma de natación.

Nosotros habíamos quedado con la banda directamente en la casa club.

Así que aprovechamos para pasar por la cafetería primero, pero, en vez de llevar comida allí, nos quedamos los dos tomando unas patatas fritas y una Coca-Cola en el césped de la parte delantera del colegio, haciendo un poco de tiempo, ya que Vanessa tenía clases de recuperación y saldría una hora más tarde.

Sin embargo, el plan no salió como habíamos pensado, porque, mientras íbamos hacia la salida del colegio, nos encontramos con alguien que no esperábamos. Ni yo, ni mucho menos Tom.

— Oh, shit. What the hell is he doing here?

—dijo Tom, molesto y con una expresión de hastío dibujada en la cara.

—¿Quién? ¿Qué pasa? —pregunté, mirando hacia todos lados, sin saber muy bien a quién estaba buscando.

— My fucking dad

—bramó, y Tom muy pocas veces decía palabras así. Señaló con la mirada a un hombre trajeado de casi un metro noventa, con una barba de varios días sin afeitar

y el pelo negro y peinado hacia atrás. Tenía una mirada fría y unas cejas enormes. Al ver a Tom, agitó la mano en el aire, saludándolo—. Wait here, please.

—

Vale —asentí.

Tom fue directo hacia su padre, cabizbajo y sin muchas ganas.

Yo me quedé a unos metros de distancia, a la espera de que me invitara a acercarme.

Cuando llegó a su altura, fue raro. No se abrazaron directamente.

Se quedaron los dos a una distancia prudencial, y ya, después de unos segundos, el que rompió el silencio y buscó el contacto fue su padre.

El abrazo fue incómodo, mecánico, y Tom no pareció hacer mucho esfuerzo o mostrar cariño.

Cualquiera que los viera, ni siquiera pensaría que eran padre e hijo. ¿Tan mala era su relación?

Al terminar el abrazo más poco abrazo que había visto en mi vida, empezaron a discutir.

Desde donde yo estaba, no podía escucharlo bien.

Aparte del acento que tenía su padre, Tom hablaba más rápido de lo que le había visto nunca.

Estaba realmente enfadado. Mucho más que con Debbie el otro día.

Estaba furioso. Su padre gesticulaba mucho con los brazos y señalaba un coche que había aparcado justo tras él.

Tom cabeceó, indeciso y, finalmente, pareció aceptar lo que le pedía su padre.

Se dio la vuelta y vino hacia mí, resoplando de ira.

—¿Qué ocurre? ¿Qué pasa? ¿Estás bien? —pregunté.

—¿Te importa que nos acerque a casa? —me dijo en un tono de voz casi imposible de escuchar.

—¿Que si me importa que nos acerque a casa? —Tom asintió—. Claro. Lo que tú quieras. ¿Tú estás bien con ello? No te veo muy cómodo, la verdad.

—Mira, mi padre siempre hace esto. Desaparece meses y luego vuelve de repente y quiere ser Father of the Year —

masculló, entornando los ojos.

—Lo siento —fue lo único que se me ocurrió decirle—. A mí me da igual. ¡Quiero decir! Me da igual ir con él hasta casa. Pero ¿y el ensayo?

—Primero querrá llevarnos a tomar algo a Northbloom. Es su plan de siempre.

—¿Te apetece? —insistí.

—No mucho. Aunque es mi padre, y está aquí… —Pude ver en su mirada que sentía pena por él, no quería hacerle sentir mal. Por mucho que le fastidiara.

—Vale. Pues vamos, claro. Pero, si quieres, yo me puedo ir andando a casa. Así estáis los dos solos si prefieres que…

—¡No! —se apresuró a decir—. No, no. Come with me. Please. Unless you don’t want to.

—¡No! Voy, por supuesto. Yo era por no molestar.

—Pero si tú no molestas nunca, Mateo —me sonrió. Y su sonrisa, como siempre, me hizo sonreír a mí también, por muy redundante que suene.

—¿Cómo se llama tu padre, por cierto? —le pregunté mientras recogía mi mochila del suelo.

—Owen —respondió, extrañado.

—Ok. Owen.

—¿Por?

—No sé. Por si acaso, yo qué sé. —Me encogí de hombros. Tom puso los ojos en blanco y me cogió del brazo.

—Muchas gracias, Mateo.

—No hay por qué darlas —le dije de vuelta mientras le daba su Coca-Cola—. La vas a necesitar —bromeé.

Los dos caminamos hacia su padre. Me saludó con una sonrisa mostrando todos sus dientes y me tendió la mano. Se la estreché y me apretó con fuerza. Tanta que casi me hizo daño. «Será bruto».

— And you are Mateo… Duarte, right?

—Luarte —corregimos Tom y yo al unísono.

— Sorry. Luarte. Is that it? Luarte?

— Yes —

afirmé mientras luchaba por soltarme de su agarre.

— Tom just told me that you are from Spain. Which part of Spain? —