El mundo entre nosotros Capítulo 20
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Capítulo 20

Al día siguiente nos tocaba ensayo en el club de críquet, como todos los domingos.

Y, además, vendría Andrew a grabar. Solo esperaba que a mí se me diera mejor el teclado que la vez anterior.

Pero mira, si no era capaz de tocarlo bien, pues mala suerte.

Tampoco iba a estar volviéndome loco por algo que no había pedido en ningún momento, ¿no?

Tom estuvo tentado de traer a Emma con nosotros, pero lo convencí para que confiara un poco más en Debbie.

Al fin y al cabo, era su madre, ¿no? No podía estar encima continuamente.

Tenía quince años. Es decir, tendría que vivir su vida.

Pasamos por el Northbloom, cogimos varios bollos cada uno y fuimos a ver un nuevo partido de críquet.

Fui incapaz de enterarme de las normas, porque eran muchas y demasiado complejas.

Y ninguno de la banda fue capaz de contármelas bien desde el principio hasta el final.

Aun así, era divertido estar allí, viendo los partidos sin pensar en nada más.

Como el suelo estaba aún empapado del diluvio del día anterior, había un montón de sillas diferentes rodeando el campo. Como si fueran de pícnic.

—A ver si tienes suerte hoy y consigues otra pelota —me animó Tom pasándome la bolsa de patatas fritas…, casi vacía porque la había devorado Iwan.

—Técnicamente la conseguiste tú el otro día.

—Pero te la quedaste, ¿no? La tienes tú —remarcó Tom.

—Sí, eso sí.

—Tuviste suerte de que te dejaran quedártela. Como eres el español, es como si fuera un regalo de Northwood, ¿verdad? O eso me dijo Hugh —me explicó.

Se volvió a colocar las gafas de sol y centró su atención de nuevo en el partido, pero dejando caer su mano derecha fuera de la silla, a pocos centímetros de mi pierna.

Si me movía un poco, nos rozaríamos. Sin querer queriendo.

Pero no me atreví. Quizá porque me daba vergüenza, quizá porque Roy no dejaba de mirar cada uno de mis movimientos como si fuera un halcón.

Quizá porque seguía sin tener la seguridad suficiente como para pensar que Tom lo había hecho deliberadamente para que nos tocáramos.

Cuando terminó el partido, entramos en la casa club.

Hugh nos había preparado el escenario del salón de actos para que pudiéramos ensayar cómodamente.

Tom le había traído un nuevo libro, aunque no me había enseñado cuál.

Aún tenía que descubrir de dónde sacaba tantos libros.

¿Sería su cuarto una biblioteca gigantesca? ¿De dónde salían?

— Ok. Today’s the day

—declaró Vanessa, erigiéndose como la líder del grupo—. Vamos a tocar «Butterfly». ¿Todos estáis de acuerdo?

—«Butterfly» es preciosa. You’re gonna love it

—me dijo Antonia, sonriente. Era una de las canciones que habían compuesto Roy y Tom. No la había escuchado aún, pero Antonia ya me había dicho que era su favorita.

—Por mí bien. Total, ni la conozco —intervine—. Pero creo que, esta vez, estaría bien que me dijerais dónde puedo aportar con el teclado. O que, al menos, la toquéis primero para mí y me haga una idea. Es decir, si Andrew va a grabarnos… Quiero tener claro cómo es la canción.

—Buena idea del espaniolito

—corroboró Iwan, que ya estaba concentrado en su bajo—. ¿Tocamos?

— Ok!

Vamos a prepararnos —señaló Vanessa, golpeando los platillos varias veces a modo de ensayo antes de empezar.

—«Butterfly»? I mean… it’s difficult to…

—comenzó a decir Roy, pero Tom lo interrumpió.

— That’s exactly why. It’s perfect.

Y Mateo la va a pillar rápido. You’ll see.

—Bueno, mucho das por hecho tú… —Pero nadie me prestó atención. Así que me alejé un poco, bajé del escenario y me senté en la primera fila del salón de actos mientras todos iban a sus puestos para comenzar a tocar la canción para mí. Era casi como estar en un concierto privado.

«Butterfly» comenzaba con la guitarra eléctrica de Roy. Solo unos rasgueos, hasta que se unía la batería de Vanessa. Todo con un ritmo tranquilo, lento.

—« I used to think everything was possible

» —empezó a cantar Tom. Con un tono melancólico y triste.

Su voz siempre sonaba tan bien, tan clara y pura.

No entendía del todo la letra y, realmente, tampoco era capaz de prestar mucha atención, porque estaba totalmente hipnotizado por Tom.

¿Cómo iba yo a participar en un tema tan perfecto como el que estaban tocando?

Aunque había momentos en los que pensaba que no quedaría mal algún apunte de mi teclado.

Entonces, Tom agarró el micrófono con las dos manos y cerró los ojos. La batería empezó a tomar fuerza, apareció el bajo de Iwan y Roy se unió a la voz de Tom para cantar juntos el estribillo, con Antonia haciendo los coros.

I don

’ t feel right

I don

’ t feel free

Everyone says that

’ s how it

’ s meant to be

But if I fall

don

’ t let me die

…

I

’ m not a butterfly

I

’ m still learning how to fly

Se me puso la piel de gallina. Sus voces juntas eran perfectas.

La de Roy mucho más… rasposa, más rota. Dios, es que sonaba increíble.

Era imposible que no ganáramos con semejante temazo.

Durante el clímax de la canción, la puerta del salón de actos se abrió y apareció Andrew, pero el grupo no dejó de tocar, con un solo de guitarra de Roy para cerrar el tema, junto a las últimas frases de Tom.

I

’ m not a butterfly… yet

I

’ m still learning how to fly

En cuanto terminaron, me levanté de golpe y me puse a aplaudir como nunca en mi vida. Había sido mágico. Había sido increíble. Había sido…

—¡Una pasada! Wow. ¿En serio esta canción es vuestra?

— What do you mean?

—gruñó Roy, siempre a la defensiva.

—¡Nada, nada! Que es muy fuerte, que parece de Coldplay o algo.

—Coldplay nada menos —sonrió Tom—. ¿Te ha gustado entonces?

—¿Me estás vacilando? Me ha flipado. No puedo decir otra cosa —admití mientras subía al escenario, seguido por Andrew, que iba con una cámara colgada del hombro—. Pero no sé dónde meter mi teclado.

— That’s what I said

—recalcó Roy, curvando sus labios en una mueca de desagrado. Tom lo mató con la mirada.

—Hay momentos perfectos. Por ejemplo, justo al comienzo del second verse

, después del primer chorus

. Podría darle un

toque así like mystical

—dijo Vanessa. Si había algo que le gustaba, era llevar la contraria a Roy. Bueno, a todos nos gustaba, siendo sincero.

—No. Ahí no tiene sentido —contraatacó él—. No sé por qué tenemos que buscarle un hueco cuando claramente no hay hueco para él.

— Roy!

—gritó Antonia—. Don’t be mean, ok?

—But it’s my song! —

se defendió.

— And it’s our band. So shut up! —

explotó Vanessa. Roy refunfuñó y, cabizbajo, se centró en rasguear un poco su guitarra, tratando de tragarse toda esa mala leche que se le acumulaba día tras día.

Al mismo tiempo, Andrew dejó la funda de la cámara sobre el suelo y empezó a contarnos cómo veía él el vídeo.

Mi idea seguía sin entusiasmarle mucho, pero al resto del grupo (incluso a Roy) les había parecido bien, así que tampoco podía decir mucho más.

De hecho, se le había ocurrido la idea de que yo fuera el centro del vídeo mientras el grupo me enseñaba dónde entrar en una canción que ya estaba terminada.

Así mostraríamos lo bien compenetrados que podíamos estar y que, además, habían sido capaces de aceptar a un nuevo miembro y seguir sonando increíble.

Por ello, mientras Vanessa e Iwan me daban consejos para que pudiera ser parte de la canción, Andrew no dejaba de pasearse por el escenario, cámara en mano, grabando cada momento de nuestro ensayo.

Desde los resoplidos de Roy hasta las carcajadas de Tom.

Era como estar en el documental de un grupo famoso.

—¿Volvemos a probar, pero ahora con Mateo? —propuso Vanessa.

—¿Estáis seguros de ello?

—Confianza, Mateo. Confianza —dijo Iwan, que casi nunca hablaba en español.

Asentí, queriendo demostrar que podía estar a la altura, y, después de que Roy, a regañadientes, comenzara a rasguear su guitarra, la canción empezó de nuevo. Tom me miró, convencido, y abrió la boca para cantar.

—« I used to think that everything was possible…

» .

«Genial».

Ya me había embrujado de nuevo. No podía pensar en otra cosa. No podía apartar mis ojos de él. Era tan magnético. Atraía toda la energía a su alrededor.

—« I don

’ t feel right, I don

’ t feel free

» —cantaron los dos, con Antonia de fondo. Andrew focalizaba su cámara en Roy, que estaba totalmente concentrado. Hasta que terminó el estribillo y él comenzó la segunda estrofa.

—« I used to think everybody hated me…

» —Y ahí entré yo. Solo con tres teclas.

Pero funcionó tan bien que hasta Roy arqueó una ceja, sorprendido.

Andrew pasó de grabar a Roy a grabarme a mí, y la tensión empezó a recorrerme todo el cuerpo.

Los nervios empezaron a hacer mella y los picores volvieron a la espalda.

Estaba sudando a mares, pero apreté la mandíbula, cerré los ojos y me dejé llevar.

Y fue mágico.

No solo lo pensé yo.

Lo dijeron todos.

Porque, cuando terminó la canción, nos quedamos en silencio unos segundos, como si la magia siguiera en el aire y ninguno quisiéramos estropearla. Hasta que alguien habló. Y no. No fui yo.

— You sound amazing! —

exclamó Andrew bajando la cámara—. Imean, that was terrific.

—

¿En plan mal? —dije sin entender nada.

—No, no. Terrific

es bueno —se apresuró Tom a aclararlo.

—Ah, vale, vale.

— We can do another take, but that was the one. That was amazing

—insistió Andrew, aunque solo tenía ojos para Tom. Normal. Yo también.

— Ok. Let’s do it again.

Hagamos otra, ¿no? —propuso Tom.

Todos dijimos que sí casi a la vez. Y yo no pude evitar sonreír. Mesentía parte de ese grupo. Aunque solo los conociera desde hacía una semana. Daba igual. Eran mis amigos. Ya no era solo la banda de Tom. También era mi banda.