Capítulo 19
Esa tarde en casa fue rara. Muy rara. El ambiente era tenso.
Especialmente, después de que Emma se pusiera mala por culpa de haber estado tanto tiempo bajo la lluvia.
Debbie trataba de sobreprotegerla, de intentar cuidarla, sintiéndose culpable por lo que había pasado.
Sin embargo, Tom se lo impedía. Nunca había visto a los hermanos tan unidos desde que había llegado a Northwood.
Emma no parecía guardarle rencor a su madre.
Era pequeña, así que seguramente olvidaría lo que había pasado al cabo de las semanas.
Pero Tom sí tenía rabia guardada. Podía notarlo en su mirada. Estaba enfadado. Estaba muy enfadado.
—Estoy decepcionado.
«Vale. Pues decepcionado».
—¿Por qué? —le pregunté mientras lo ayudaba a hacer la cena. Emma estaba en el salón con Terrible mientras que Debbie se había ido al supermercado a comprar.
—Porque no es la primera vez. —No había querido sacarle el tema, había esperado pacientemente a que él tuviera ganas de hablarlo conmigo. Estaba claro que era algo que le hacía daño, y forzar esas conversaciones no suele terminar bien. Es algo que me había enseñado mi padre.
—¿Se había perdido más veces tu hermana? —quise saber.
—Debbie. Desde que mis padres… split up
… Well,
ha sido difícil. Y cuando pensaba que por fin lo había dejado, pasa esto —se sinceró. Era un tema que le dolía.
—Lo siento mucho.
—Bueno, es lo que hay, ¿no? It is what it is.
Al menos estás tú aquí. —Sonrió y me cogió del brazo, juntando su cabeza contra mi hombro—. Tenía muchas ganas de conocerte.
—¿A mí?
—Sí, a ti —insistió—. La banda está bien. No me malinterpretes. Los quiero a todos con locura. Igual que a Andrew. Pero tú… eres diferente. De alguna forma extraña, eres diferente.
—¿Gracias? —me reí, nervioso—. Supongo.
—Estoy deseando que llegue octubre y conocer Madrid. ¿Me enseñarás tus sitios favoritos? ¿O tu grupo de amigos?
—Sí, claro. —Pero es verdad que no había pensado mucho en la segunda parte del intercambio. Y cuando lo hacía, me ponía de los nervios al imaginarme al pobre Tom teniendo que soportar el caos de mi casa y mi familia.
Hicimos entre los dos un guiso de pollo con verduras y curri que, aunque suene mal decirlo, nos quedó de toma pan y moja. O como se diría en inglés, finger-licking good.
Es decir, tan rico que te chupas los dedos. Me gusta más nuestra expresión, la verdad.
Debbie no habló mucho durante la cena. Tom tampoco.
Así que yo intentaba sacar temas de conversación.
Trataba de ser simpático de más, porque notaba la incomodidad que había en esa mesa.
Emma se tomó tres platos enteros del guiso y eso pareció revivirla un poco.
Al menos no tenía fiebre, lo que ya era un avance.
Si se hubiera puesto peor, no sé cómo habría reaccionado Tom.
Esa noche, cuando terminamos de cenar, no hubo peli. Tom subió a su cuarto y durmió con Emma, mientras que Debbie
se quedó en la cocina limpiando y yo aproveché para ir a mi habitación y escribir el anexo que con tanta urgencia me había pedido Angie.
Me senté en el escritorio y abrí la carpeta.
En la mesa había una pelota de críquet. La que había conseguido el pasado domingo y Tom me dijo que me quedara.
«Si nos quedamos hasta el final, hasta te la puede firmar uno de los jugadores», me había dicho Tom.
Pero se nos olvidó y no nos quedamos para que me la firmaran.
La cogí entre las manos mientras le daba vueltas a lo que podría poner en el informe.
A ver, nunca había rellenado algo igual, y tampoco es que diera muchas indicaciones.
Simplemente era una tabla dividida en cinco días de la semana (ni sábado ni domingo), y había hueco suficiente como para escribir lo que había hecho cada día.
¿En serio había pasado una semana ya? Había dado para mucho, desde luego. Escribí sobre las clases de Spanish
y lo bien que se me daban. También sobre Mr. Whitmore y su English Literature
(y mentí un poco diciendo que había empezado el libro de Grandes esperanzas
). No escribí sobre el pequeño incidente con los alumnos del colegio Blackhill. No creo que hiciera falta que…
— Mateo? Can I come in?
Era la voz de Debbie.
— Yes, of course
—respondí, y Debbie abrió la puerta. Llevaba un delantal puesto y varias manchas de comida y de agua repartidas por su camiseta. Se secó un poco las manos y entró con cautela. Más parecía mi casa que la suya.
—How are you? —
preguntó con un punto de timidez muy raro en ella.
—Good. I’m doing this. For Angie.
—Cogí el informe y lo agité en el aire.
— What’s that?
—Y aprovechando la pregunta, sintiéndola como una invitación directa para charlar, se sentó en el borde de la cama, expectante, como una niña pequeña.
— Ehm… I don’t know the name in English…
Un informe. Algo así.
— Like… a report? —
aventuró.
—Supongo —dije, encogiéndome de hombros—. Ya estaba a punto de terminarlo.
— Good lad you are. —
Creo que fue más un pensamiento en voz alta que algo que quisiera decirme directamente. La pregunta era: ¿qué hacía en mi cuarto? ¿Qué quería en realidad?
— Are you ok, Debbie?
—pregunté con cautela.
— Yes, don’t worry, love. But…
Quería preguntar. ¿Está Tom bien? Is he mad at me?
— Well… —
comencé a decir—. He’s not mad. He is…
A ver, se asustó mucho esta mañana.
— I know. I’m a bloody awful mum —
sollozó, llevándose las manos al rostro como si fuera a ponerse a llorar—. Honestly, the absolute worst. But it’s been rough. Especially since that… that arsehole of an ex fucked off to London.
Bufó y pude ver cómo alguna lágrima empezaba a asomar por sus ojos. Se abanicó un poco con la mano y miró hacia arriba, tratando de evitar que las lágrimas le estropearan el rímel.
— Tom’s a good lad. Like you are. A proper good lad.
Un buen… un buen chico. And he’s had it hard. I mean…. Really hard.
Para un chico de su edad —añadió en español. De vez en cuando trataba de decir alguna palabra así, pensando que yo no iba a entender lo que me estaba diciendo si no—. And… well… sometimes… sometimes I just haven’t got a clue what I’m doing.
—
Pero eres… You are an amazing mum
—añadí con suavidad, tratando de que no fuera tan dura consigo misma. Yo estaba sirviéndole como confesionario. Estaba claro que no
podía hablar con mucha gente sobre este tema. Estaba siendo una explosión de sentimientos bastante amarga, desde luego.
— Thanks, love. But I’ve ruined it. I keep messing up. And I am trying, you know? But life doesn’t give a shit if you’re trying your best. —
Sin darme apenas cuenta, Debbie estaba llorando, aunque trataba de controlarlo lo mejor posible—. He’s lost a leg, Mateo. He’s lost a bloody leg. His dad’s fucked off, and I’m here necking wine like it’s going to fix anything. What kind of ‘amazing mum’ does that?
—explotó.
—Supongo que es difícil…
— I’m proud of him. I really am. But he deserves better than me.
—
No creo que…
— What am I doing? Sorry, love. —
Se secó las lágrimas con el dorso de la mano mientras se ponía de nuevo en pie—. Te dejo seguir con tu informe. You are such a darling.
Hasta mañana.
Y se alejó hacia la puerta, pero, antes de salir, me miró y me sonrió.
— You’re good for him.
Y entonces, sin darme tiempo a réplica, salió de la habitación.